Nociones básicas sobre la energía eólica que viene

Producción de energía eólica.
Producción de energía eólica.
España reúne condiciones optimas la eólica y la solar. ¿Estamos ante un techo de cristal construido con energía? 
Nociones básicas sobre la energía eólica que viene

Con el uso de energía hemos mejorado nuestra vida, y con la necesidad creciente de más energía hemos tenido, y tendremos guerras.

Sus aplicaciones explican muy bien el desarrollo de la civilización para lo bueno y lo malo, e incluso, puede llegar a ser la causa de la destrucción de nuestro modo de vida en el planeta (energía nuclear), y es de lo que, con objeto de presionar, atemorizar, o conseguir objetivos políticos, se habla de forma amenazante últimamente por Putin, entre otros dirigentes mundiales.

Sin energía, (térmica, eléctrica, radiante, química, nuclear), no se moverían los transportes en general, nuestros vehículos particulares, la industria o las empresas no funcionarían, no tendríamos calefacción, ni luz en calles, en las casas o en el trabajo.

Con la guerra de Ucrania caímos en la cuenta de que la dependencia energética es un problema con gran influencia en nuestra economía y sus efectos indeseables.

Dato clave

Francisco Méndez, secretario de Modelo de Productividad y sostenimiento de CC OO de Galicia, sostiene en un articulo suyo reciente: “que aquellos que no veían una amenaza inmediata del cambio climático, acaban de ser atropellados por la apisonadora de la dependencia energética”.

En nuestro país esa dependencia energética del exterior se sitúa en el entorno 68-70%, o, dicho de otra forma, apenas producimos un tercio de la energía que consumimos.

Básicamente y hasta hoy, obtenemos la energía que necesitamos a partir de los llamados combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón), que suponen el 80% del consumo global de la energía primaria, es decir, aquella forma de energía disponible en la naturaleza antes de convertirla o transformarla.

Del petróleo, y sus derivados, se obtienen, además de energía, decenas de productos: fertilizantes, plaguicidas, plásticos, detergentes… y un largo etcétera, lo que hace difícil su sustitución inmediata o a corto plazo.

También obtenemos energía gracias a la transformación de otras fuentes, pero ellas suponen un porcentaje muy inferior a las anteriores: la energía hidroeléctrica, las centrales nucleares, los biocarburantes y la biomasa, la energía solar, y la eólica.

De todas las energías, la electricidad es la más practica, transformable, transportable y distribuible. El único defecto que tiene es que es difícilmente almacenable.

La Unión Europea (UE) apuesta desde hace años, con desigual fortuna, por el fomento de las energías “renovables”, es decir, aquellas que se obtienen de fuentes inagotables como la energía solar, la geotérmica, la mareomotriz, o la eólica.

Qué se pretende

Con este tipo de energías se pretende:

a) Que vayan sustituyendo a los combustibles fósiles: petróleo, gas, o carbón, de los que somos dependientes, como se dijo, en España, y por los que pagamos una factura de 46.500 millones de euros/año, (solamente en petróleo y gas nos gastamos unos 5 millones de euros cada hora).

b) Que tengan cada vez mayor relevancia en la generación de electricidad, que está llamada a ser la energía mayoritariamente consumida, y

c)  Que sirvan para disminuir el calentamiento global o aumento de la temperatura del sistema climático de la Tierra.

Concretamente, y debido a la actividad humana e industrial desde hace unos 250 años, se viene produciendo un fuerte incremento atmosférico de dióxido de carbono (CO2) que proviene de la combustión de estos combustibles, el cual contribuye a ese calentamiento, junto con otros gases, y con efectos dañinos en los ecosistemas y la biodiversidad, poniendo en peligro la subsistencia de los seres humanos y de las sociedades que hemos construido.

La energía eólica es una de las principales alternativas para luchar por la descarbonización del planeta y está llamada a ser muy importante en la transición energética. Se obtiene de la transformación de la energía cinética de las corrientes de aire, al convertirlas en electricidad, gracias a los aerogeneradores.

En España, este sector industrial, ocupa un quinto puesto en el mundo, tanto en la implantación de aerogeneradores, (21.500 instalados hasta 2020, en 1267 parques) como en su tecnología e investigación, (somos el tercer exportador del mundo de aerogeneradores tras Dinamarca y Alemania).

Más que en tierra, en el mar

Todo parece indicar, además, que el futuro de las eólicas del continente se va a producir no tanto en tierra, sino en los mares de toda Europa.

La razón para su instalación en el mar es fácil de explicar: el viento allí es más constante y con mayor velocidad que en tierra, lo que aumenta la generación de electricidad entre un 30 y un 50% respecto a los aerogeneradores terrestres.

El problema es su mayor coste, aproximadamente el doble que en tierra.

Los países pioneros en esta tecnología son Dinamarca, Reino Unido, Alemania, y Holanda.

China, como en tantas otras actividades, es el actual líder en energía eólica, con más de un tercio de la capacidad mundial y con 221 GW instalados.

El 22% de la demanda eléctrica

España, con 23 GW cubre el 22% de nuestra demanda eléctrica, y se prevé alcanzar los 50,3 GW en el año 2030. (En tierra y mar).

Este tipo de energía nos ahorró ya la importación de 10 millones de toneladas equivalentes de petróleo (unos 1400 millones de euros).

La “eólica marina” como se la conoce o en inglés “offshore”, se pretende que, en cinco años, cubra un 25% de la demanda eléctrica europea.

Debemos saber, que ahora mismo, se está librando una batalla en Europa sobre la soluciones de la cimentación flotante, y que de entre las 27 posibles tecnologías, 7 son españolas, 3 de ellas implantadas en parques en operación comercial.

La subasta de eólica marina se producirá a principios de 2023 lo cual supone un primer paso para la instalación de esta tecnología, cuyo objetivo es incrementar la producción de la misma. Para ello han de identificarse: las zonas con mayor potencial; evitar interferencias con otras actividades como la pesca; espacios protegidos, distancia a la costa y profundidad del lecho marino.

La España marítima de 5.000 kms, tiene una orografía caracterizada por fuertes pendientes, y a pocos kilómetros de las costas hay ya más de 50 m. de profundidad, lo que obliga a instalaciones de cimentación flotante cuyas tecnologías - como indicábamos más arriba – están en fase de solución. 

No emiten CO2 y es una energía madura

Queda por resolver, en parte, el problema de las eólicas comentado y relacionado con el almacenamiento de la energía, pues se producen “intermitencias” que dependen entre otras causas, de las condiciones del viento que supeditan el funcionamiento de los aerogeneradores, para garantizar la demanda de suministro, pues los mismos, se detienen cuando el viento supera cierta velocidad, y su máxima producción se suele dar en torno a los 45-50 km/h. No emiten CO2 y es una energía madura, más barata en muchos casos que las energías fósiles.

Tienen algunas desventajas: impacto paisajístico; hacen ruido; y provocan la muerte de pájaros, pero su peor problema es que su energía como queda dicho no se puede gestionar, de modo que cuando no hay viento debe recurrirse a otras fuentes o se usa la que se pudo almacenar.

Algunos compañeros ingenieros consultados, y otros expertos, comentan trabas administrativas y políticas producidas, retrasos en el estudio de las 72 áreas eólicas marinas españolas con adecuadas condiciones, y de indeterminada situación de los proyectos presentados desde hace años por empresas punteras, para instalar en las costas de A Coruña, Lugo; Huelva, Cádiz, Castellón, Murcia o Tarragona. Otros manifiestan que la solución no es ni científica, ni tecnológica, sino de políticas-económicas y sociales nuevas.

Se refieren al “decrecentismo” que considera que la idea de un permanente crecimiento exponencial es absurda en un planeta con recursos limitados.  En consecuencia, consumir más recursos de los que la naturaleza puede generar, provocará un colapso de recursos y económico.

Los impuestos al sol de Rajoy

Recuperar el tiempo perdido con los impuestos al sol de Rajoy, o el freno a los aerogeneradores en tierra y sobre todo en el mar, supone y exige, acelerar el desarrollo de las energías renovables.

España reúne condiciones optimas para ello, sobre todo en lo que respecta a la eólica y la solar.

Esperemos se gestione todo ello bien, que se controlen rigurosamente por las administraciones las implantaciones nuevas, y aprovechemos en consecuencia correctamente los recursos europeos conseguidos.

Solo de esta forma podremos afrontar los próximos años, sin renunciar a cierto bienestar material al respecto, y sin excesiva dependencia de terceros. @mundiario

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