Murtra cumple un año en Telefónica entre ajustes, deuda y desconfianza bursátil
El primer aniversario de Marc Murtra al frente de Telefónica no se mide en aplausos ni en subidas bursátiles, sino en cicatrices. Doce meses después de aterrizar en la presidencia de la mayor operadora española, el balance es el de un ejecutivo que ha optado por incomodar antes que agradar, por tensar antes que aplazar y por asumir el coste político, social y financiero de decisiones que sus predecesores evitaron durante años. Murtra no ha venido a conservar; ha venido a cambiar, y eso casi nunca sale gratis.
Su llegada, en enero de 2025, estuvo rodeada de ruido institucional y de un apoyo accionarial abrumador. Con el Estado de vuelta en el capital, junto a CriteriaCaixa y la saudí STC, Telefónica inauguraba una nueva etapa en la que el poder corporativo y el político volvían a entrelazarse. Murtra asumía el cargo con una herencia pesada: una deuda histórica, una presencia latinoamericana enquistada y un mercado europeo fragmentado que penaliza la escala y la rentabilidad.
Desde el primer momento dejó claro que su diagnóstico era incómodo. Telefónica, vino a decir, sufría una peligrosa “aversión a tomar decisiones difíciles”. Y él estaba dispuesto a corregirla. El primer movimiento fue interno: una remodelación profunda del equipo directivo, con la llegada de Emilio Gayo como CEO, Juan Azcúe como CFO y una nueva guardia que simboliza el cierre definitivo de la era Álvarez-Pallete. No fue una ruptura abrupta, pero sí un cambio de ciclo sin ambigüedades.
A partir de ahí, el año se convirtió en una sucesión de decisiones estratégicas que apuntaban todas en la misma dirección: simplificar, concentrar y ganar músculo. La salida progresiva de mercados latinoamericanos —durante décadas emblema de la expansión internacional— fue el gesto más simbólico. También el más emocional. Abandonar territorios donde Telefónica había invertido capital y relato era asumir que el pasado ya no garantizaba el futuro.
Una Telefónica más pequeña para ser más fuerte
La nueva hoja de ruta se resume en una obsesión: foco. España, Reino Unido, Alemania y Brasil son los cuatro pilares sobre los que Murtra quiere reconstruir la compañía. Mercados grandes, regulados, estratégicos y con potencial de consolidación. Todo lo demás, sobra. La lógica es industrial, no sentimental: competir contra gigantes estadounidenses y chinos exige escala, inversión y una regulación menos dogmática.
Por eso Murtra ha pasado más tiempo en Bruselas que muchos comisarios. Su mensaje es claro: Europa necesita campeones, no un archipiélago de operadores débiles. La consolidación ya no es una amenaza para el consumidor, sino una condición para la soberanía tecnológica, la ciberseguridad y la defensa. Un discurso que empieza a encontrar eco, aunque aún no se traduzca en operaciones concretas.
El mercado castiga mientras espera
La paradoja del primer año de Murtra es que, mientras ejecuta un plan ambicioso, la Bolsa le da la espalda. En un ejercicio histórico para el Ibex 35, Telefónica ha sido una de las grandes rezagadas. La reducción del dividendo, la sombra de una ampliación de capital y la necesidad de seguir rebajando deuda han pesado más que las promesas de transformación.
El golpe más duro llegó en noviembre, con la presentación del plan estratégico Transform & Grow. A la narrativa de futuro se sumó un ajuste inmediato: un ERE para más de 4.500 trabajadores, con un coste de 2.500 millones de euros. Fue el punto de inflexión emocional. Para la plantilla, una sacudida. Para los inversores, la confirmación de que el cambio tendría un precio elevado.
Convencer tras el sacrificio
Murtra insiste en que el mercado acabará entendiendo. Lo ha dicho con palabras y con hechos, comprando acciones junto al CEO tras el desplome bursátil. También manteniendo abiertas opciones de crecimiento inorgánico, como Vodafone España o 1&1 en Alemania, aunque cada rumor encarece el objetivo y estrecha el margen de maniobra.
Su apuesta es clara: sacrificar el corto plazo para ganar el largo. Accionistas con menos dividendos, empleados más ajustados y clientes con tarifas al alza. Una combinación que exige algo más que números: exige relato, credibilidad y capacidad de ejecución. @mundiario