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En el MIT manejan escenarios de tasas de paro superiores al 50%, advierte Albino Prada

El autor del libro Crítica del hiper-capitalismo digital también subraya que Alphabet-Google o Amazon son dos buenos ejemplos de control global de la publicidad o de los canales de distribución, de la generación de nuevos procesos y productos para un mercado global.

En el MIT manejan escenarios de tasas de paro superiores al 50%, advierte Albino Prada
Albino Prada con su nuevo libro. / Mundiario
Albino Prada con su nuevo libro. / Mundiario

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Redacción

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Los tecnófilos u optimistas –por ejemplo el Foro Económico Mundial– sostienen que con la digitalización habrá generación neta de empleo pero en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) trabajan con escenarios de tasas de paro superiores al 50% a escala mundial, advierte el profesor Albino Prada, colaborador de MUNDIARIO, autor del libro Crítica del hiper-capitalismo digital. Prada es doctor en Ciencias Económicas por la USC, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Vigo y forma parte de ECOBAS. Fue miembro del Consello Galego de Estatística, del Consello Económico e Social de Galicia y del Consello da Cultura Galega. Pertenece al Foro Económico de Galicia, donde es coeditor del Anuario, junto al periodista José Luis Gómez, editor de MUNDIARIO.

El nuevo libro de Albino Prada. / Mundiario

El nuevo libro de Albino Prada. / Mundiario

– ¿Cómo surgió la idea de reunir todos estos artículos y darles forma de ensayo  en el libro Crítica del hiper-capitalismo digital?

– Como ciudadano y economista por un lado, pero también como docente e investigador, a lo largo de las últimas décadas fui tomando conciencia de las numerosas ventajas que las nuevas tecnologías (primero con la informática y luego con la inteligencia artificial) ofrecían para enfrentarse a trabajos de gestión, de análisis, de documentación, de aprendizaje, para la enseñanza, … pertenezco a una generación que comenzamos a trabajar con tarjetas perforadas IBM al final de los años 70. Pero también poco a poco fui percibiendo como lo que podría ser una revolución tecnológica al servicio de intereses colectivos (como es hoy el caso de Wikipedia) se gestionaba como una mercancía más (caso de aquella enciclopedia Encarta de Microsoft, pero también de Windows o Android pasando por Apple o Google. Ese tipo de contradicciones y de disyuntivas dieron lugar a numerosas reflexiones parciales que fui publicando sobre muy diversos aspectos del actual hipercapitalismo digital. En todos esos aspectos los que yo denomino tecnófilos solo ven ventajas, sin problematizar la concreta gestión social que de todo ello están haciendo los grupos económicos que, a la hora de la verdad, controlan esos desarrollos tecnológicos. Sin caer, espero, en la tecnofobia fui reparando en que había numerosas y muy serias observaciones, cautelas y precauciones que poner encima de la mesa para no acabar en aquello que ya dijera Platón hace un montón de tiempo: “… recibirán mucha información sin la instrucción apropiada y, en consecuencia, se pensará que son muy eruditos, cuando serán en gran medida ignorantes”.

– ¿Cómo explicaría de forma sencilla en qué consiste el llamado “hipercapitalismo digital”?

– Cuando la digitalización, la informatización o la automatización permiten que un reducido grupo de empresas y grupos de inversión controlen y modifiquen a escala global las formas de producción y distribución de riqueza del viejo capitalismo industrial (incluso del post fordista) y financiero. Alphabet-Google o Amazon son dos buenos ejemplos de control global de la publicidad o de los canales de distribución, de la generación de nuevos procesos y productos para un mercado global durante las 24 horas del día. Con un poder de mercado que se impone a los agentes tradicionales ya sean empresas o gobiernos, disolviendo las formas salariales y las relaciones laborales, posibilitando lo que denomino una absoluta abducción neoliberal. “Capitalismo sin fricciones” lo denomina –sin asomo de pudor– Bill Gates.

– En este contexto ¿se observan diferencias entre el ámbito español y el internacional?

– Uno de los debates recurrentes sobre la digitalización y la robotización tiene que ver con el empleo. Los tecnófilos u optimistas, por ejemplo el Foro Económico Mundial, sostienen que a la postre tendremos generación neta de empleo. Que esos procesos crearán más del que destruirán. Sin embargo en el MIT trabajan con escenarios de tasas de paro superiores al 50% a escala mundial, un escenario muy poco optimista. En el libro presento un balance para España entre 2008-2018: el resultado en esa década es que se destruyeron cuatro empleos en actividades digitalizadas (en la industria, el comercio o las finanzas) por cada uno de los generados en actividades vinculadas a la digitalización. Un balance preocupante. Es por eso que, en otro capítulo del libro, defiendo la perspectiva japonesa en esta cuestión. Conviene decir que no es Japón un país tecnófobo (llegaría con recordar que sería iluso para España pretender alcanzar su nivel tecnológico) pero tienen una cosa muy clara: que en paralelo a sectores exportadores muy automatizados según lo que se ha dado en llamar industria 4.0, tiene que haber muchas otras actividades (en los servicios personales, públicos, en el comercio, enseñanza, sanidad, etc.) donde lo prioritario ha de ser el empleo de calidad y la calidad en la atención personal al usuario. Porque en conjunto lo que ha de buscar un modelo de crecimiento en este siglo XXI es que sea inclusivo, y para eso la generación de empleo en actividades orientadas hacia el mercado interno ha de ser un vector estratégico. Froiz o Mercadona generan el triple de empleo por millón facturado que Amazon (y no digamos que Google o Facebook). Tenemos que hacer bien todas las cuentas: como consumidores, como demandantes de empleo o como ciudadanos si queremos un Estado de Bienestar. A no ser que pensemos vivir en paraísos fiscales.

– ¿Podría resumir brevemente cuáles son sus propuestas para alcanzar una sociedad 5.0? ¿Qué reformas serían necesarias?

– En el último capítulo del libro se resumen así las reformas necesarias para que una sociedad 5.0 embride la economía 4.0: reajustar lo local y lo global, contar con una fiscalidad internacional (de entrada a escala de la UE), reforzar la fiscalidad nacional, redistribuir ocupaciones y rentas y, por último, equilibrar mercado, Estado y pro-común. En cada caso en el libro se detallan numerosas propuestas concretas. Aunque si tuviese que enfatizar una reforma estratégica de largo recorrido diría que una sociedad que, afortunadamente, puede generar a cada paso más riqueza con menos trabajo directo, no debiera aceptar que eso se traduzca en multimillonarios por un lado y crecientes oleadas de excluidos, inmigrantes o precarizados por otra. No debiéramos aceptar que los viejos sistemas fiscales y de protección social (basados en gravar el consumo y los salarios) se debiliten más cada día que pasa. Distribuir entre todos los ciudadanos del mundo el -cada día que pasa- menor tiempo de trabajo necesario, y hacerlo participando todos de una creciente riqueza producida, es uno de los retos clave de este siglo XXI. Y se puede resolver al mismo tiempo que evitamos un colapso ambiental causado por los optimistas tecnológicos. Aquellos que los críticos denominamos anarco-capitalistas de Silicon Valley. @mundiario