Mermados los ingresos y las perspectivas de millones de jóvenes en todo el mundo desarrollado

Jóvenes. / Pixabay
Jóvenes. / Pixabay

Los jóvenes solteros son cada vez más pobres en comparación con la población media, incluso los que tienen hijos a su cargo, debido al estancamiento de la renta disponible y el alto costo de vida que obstaculizan la prosperidad.

Mermados los ingresos y las perspectivas de millones de jóvenes en todo el mundo desarrollado

Los jóvenes solteros son cada vez más pobres en comparación con la población media, incluso los que tienen hijos a su cargo, debido al estancamiento de la renta disponible y el alto costo de vida que obstaculizan la prosperidad.

La falta de trabajo, la globalización, la demografía y el encarecimiento de la vivienda están mermando los ingresos y las perspectivas de millones de jóvenes en todo el mundo desarrollado, lo que resulta una desigualdad sin precedentes entre generaciones.

Una investigación sobre las perspectivas de la generación del milenio -los nacidos entre 1980 y mediados de los años 90, también conocida como la Generación Y- ha encontrado que cada vez se acorta más la riqueza que se genera en las sociedades occidentales.

Así es como los jóvenes de entre 25 y 29 años en ocho países ricos, como lo son Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá, España, Italia, Francia y Alemania se han vuelto cada vez más pobres en los últimos 20 o 30 años, en comparación con el resto de la población, según una encuesta que realizada por el diario británico The Guardian, recogida por OTR/Press.

"Hace 30 años los adultos jóvenes ganaban más que el promedio nacional, ahora en muchos países ha caído hasta un 20%", precisa el informe.

La encuesta destaca además que a las jóvenes solteras les resulta más difícil que nunca establecerse por su propia cuenta.

Ashley Ball, de 29 años, que vive en Portland, Oregon, está de acuerdo. "Me encantó vivir sola en mi propio apartamento (en Phoenix, Arizona). Tenía 25 años y muy ingenua había firmado un contrato de arrendamiento de un año esperando ser capaz de vivir el estilo de vida que vi en mis padres mientras yo estaba creciendo".

Ball dijo que esto hace que le cause risa al pensar en las expectativas que tenía de lo que iba a ser capaz de pagar, amueblar su apartamento y tener dinero de sobra para comer e ir de viaje con amigos.

 "Creo que vi mucha películas románticas, del tipo de un veinteañero que vive en un apartamento súper moderno en el centro, en medio de un área verde con un montón de dinero para salir todo el tiempo".

Ball, que trabaja como secretaria y que es graduada en Literatura inglesa, pronto comenzó a financiar su vida usando las tarjetas de crédito y se encontró queriendo hacer dos cosas mutuamente excluyentes: "tener una gran calidad de vida y confort financiero", según dijo.

Eventualmente, tuvo que dejar su apartamento e ir a vivir a una casa compartida en Portland, Oregón. "Ya no me complace estar a la moda, vendí mi coche, no bebo más, cocino más que nunca. Uso la biblioteca en lugar de comprar libros. Algunos de estos cambios fueron difíciles. Pero la parte positiva es que puedo pagar mi propio apartamento nuevo", explica.

Por su parte, Martin Klausch, de 24 años, ha vivido por su cuenta en un piso en el barrio berlinés de Schöneberg, durante los últimos tres años. Solía vivir en un piso compartido en las afueras de la capital alemana.

 "La primera vez que me mudé a una gran ciudad, me ayudó vivir con amigos, pero cuando conseguí un trabajo como asistente de investigación en la universidad, quería viajar menos. Ahora me gusta que sólo tengo que limpiar mi propia mugre, y que no me siento como que estoy siendo vigilado todo el tiempo", expone.

Klausch tuvo suerte: después de pagar 300 euros en el alquiler de un mes por su piso compartido, consiguió por 100 más un apartamento de un tamaño aceptable, incluyendo facturas.

Como la mayoría de los miembros de su generación, Klausch ha estado trabajando en varios puestos de trabajo. Mientras estudiaba para convertirse en profesor de Inglés, lo hacía como trabajador social e investigador de una agencia de noticias.

Para Klaush, la principal diferencia entre su generación y la de sus padres es que los jóvenes están en continuo movimiento: "muchos de mis amigos están dos meses en Copenhague, dos semanas de trabajo en Nueva York. Se nos ha enseñado a ser flexibles y estar listos en un corto plazo todo el tiempo. Eso es también por qué muy pocos de nosotros tenemos planes de tener hijos", apunta.

Incluso aquellos que logran vivir solos hacen sacrificios significativos para lograrlo. A Jill Mackay, de 30 años que vive en Edimburgo, parece que le está yendo bien cuando de vivienda se trata. Gracias a una herencia recibida ahora es dueño de su propio apartamento con un tamaño razonable de un ambiente en plena ciudad.

"Sin eso, yo no habría sido capaz de terminar mi doctorado y me habría mudado de nuevo con mis padres", dijo.

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