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Por más reuniones que organicen, los líderes mundiales no toman en serio la emergencia climática

Miramos atrás y comprobamos que el modelo productivo apenas ha observado cambios en los últimos años a pesar de los alarmantes síntomas que muestra el clima diariamente.

Por más reuniones que organicen, los líderes mundiales no toman en serio la emergencia climática
Cumbre del Clima en París. / Mundiario
Cumbre del Clima en París. / Mundiario

Mientras las anomalías climáticas se reproducen a lo largo y ancho del planeta, los líderes mundiales continúan con sus improductivas reuniones sin ser capaces de proponer e implantar medidas radicales que den respuesta al inmenso desafío que enfrentamos.

Hace dos meses, la Organización Meteorológica Mundial hacía balance de 2018. Su presidente, Petteri Talas, decía: “Nuevamente hemos batido récords en las concentraciones de dióxido de carbono y ya hemos excedido el nivel de 400 ppm que se consideraba un nivel crítico. Esta concentración de dióxido de carbono continúa y continúa, y el aumento del año pasado fue en promedio casi el mismo que hemos estado observando en los últimos diez años”. Lo dicho: no emprendemos ninguna iniciativa realmente transcendente para detener la amenaza que el calentamiento global representa para la vida en el planeta.

Discursos, datos, estudios, imágenes. Los acuerdos implican objetivos porcentuales, mecanismos financieros, políticas fiscales, grupos de trabajo… Observamos el resultado: desde el calificado como histórico Acuerdo de París, firmado en 2016, la evolución funesta (España entre los peores países en cumplimiento) continúa en términos similares o aún más extremos que en años anteriores. Y esta es la realidad práctica concreta a día de hoy:

La energía para el transporte

El avión resulta el medio de transporte más contaminante que existe. Pues bien, nunca antes se concentraron tantos proyectos de construcción de nuevos aeroplanos como en la actualidad. Se buscan aeronaves más grandes, más rápidas y con mayor autonomía de vuelo. Si es posible que quemen menos fuel, pues mejor. Pero el objetivo no es reducir vuelos, al contrario: es aumentarlos año tras año. En el medio de la vorágine, unos emprendedores han dado la vuelta al mundo en un avión de energía solar –el Solar Impulse–, sin consumo de combustibles fósiles. Una medida realmente transformadora sería aglutinar la investigación aeronáutica en el uso de energías renovables y gravar de manera disuasoria los vuelos emisores de gases de efecto invernadero. ¿Alguien ha planteado algo así?

El automóvil es el siguiente medio de transporte en índices de contaminación. Las nuevas gamas de vehículos presentan cada año modelos más voluminosos y, en consecuencia, más contaminantes. El coche eléctrico apenas ha conseguido una mínima penetración en el mercado, por razones conocidas como su mayor precio. ¿Por qué no se implantan políticas de exención fiscal en los vehículos no contaminantes? Hay casos de éxito acreditado como Noruega. No parece tan complicado de replicar.

Pero hay más. ¿Por qué no se exige el vehículo eléctrico en el transporte público? Existen ya autobuses eléctricos en el mercado. ¿Por qué no se da una fecha para que los taxis –incluidos Uber, Cabify…– en circulación sean necesariamente eléctricos? Es sencillo identificar usos concretos que pueden emplear ya el vehículo eléctrico. Las empresas de reparto, por ejemplo. ¿Por qué, al igual que los taxis, no se marca una fecha para la renovación de flotas de furgonetas de reparto? Hay también modelos eléctricos disponibles en el mercado. Y este tipo de políticas incentivarían el diseño y fabricación de nuevas unidades, sin duda.

Pensemos en el tráfico ordinario en las ciudades: seres humanos que cabemos en una baldosa, nos desplazamos en vehículos que ocupan diez metros cuadrados. ¿Por qué no se promocionan los vehículos monoplaza o biplaza eléctricos? En desplazamientos de menor distancia, ¿por qué no promover –en lugar de demonizar– el uso del patinete eléctrico? Siempre será mejor adoptar estas medidas ahora de manera planificada que no tener que imponerlas con apremio cuando no quede otro remedio.

Ejemplos de otras actividades

El teletrabajo sufre el mismo síndrome de 'criatura nonata' que el vehículo eléctrico. Es otra de esas realidades promisorias que no terminan de cuajar. Y no hay nada insalvable que lo impida. El teletrabajo a partir de las tecnologías disponibles podría propiciar un sensible ahorro de desplazamientos, por tanto también de combustible, además de una mejora inmediata del tráfico. ¿Alguien puede explicar por qué no es un objetivo esencial de la estrategia económica y laboral?

En el sector inmobiliario, apenas se hace nada para frenar el gasto energético superfluo de las viviendas antiguas. Cada administración suele incluir en su presupuesto anual una cuantía cosmética a la rehabilitación de edificios que, con frecuencia, ni siquiera se ejecuta en su totalidad. Por otra parte, asistimos al tratamiento “endemoniado” de los aires acondicionados en oficinas y lugares de ocio con la consecuente pérdida de eficiencia energética.

Así podemos seguir con cada elemento causante, directo o indirecto, del calentamiento global. En política forestal, por ejemplo: resulta imprescindible la erradicación de especies como el eucalipto pirófitas, es decir, que sobreviven al fuego, y que además favorecen la ignición y la propagación de incendios. La sustitución del eucalipto en España (Galicia sobre todo pero también Asturias y Cantabria) por especies autóctonas disminuiría los incendios cuyo efecto sobre el cambio climático es potencialmente devastador (ahí está el aterrador ejemplo de Australia).

En materia de comercio, de nuevo resulta fundamental perseguir la soberanía alimentaria y fomentar los mercados locales y, en general, el comercio de proximidad en especial en aquellas regiones donde se ha producido una regresión en el uso agrario de las tierras.

El conjunto de medidas que se esbozan en los párrafos anteriores son solo ejemplos de la incapacidad de los gobiernos para actuar contra el enorme problema del calentamiento global. Cada administración, sin exclusiones, tiene una responsabilidad en el imprescindible cambio de políticas. El riesgo, y por tanto, las soluciones, abarcan tanto el término municipal como el provincial, autonómico, estatal, continental o planetario. Únicamente la acción general y concertada puede revertir la temible situación actual. @mundiario