Luces y sombras de Julio Fernández Gayoso en el mundo de las cajas de ahorros

José Luis Pego –a la izquierda– y Julio Gayoso.
Pego -a la izquierda- y Julio Gayoso.

Tras haber absorbido a las cajas de Pontevedra y Ourense se diría que la Caja de Vigo podría haberse consolidado en el mercado financiero como una entidad solvente.

Luces y sombras de Julio Fernández Gayoso en el mundo de las cajas de ahorros

La tragedia final que condujo al abismo a la otrora Caja de Ahorros Municipal de Vigo tiene otros actores aparte de Gayoso. Tras haber absorbido a las cajas de Pontevedra y Ourense se diría que la Caja de Vigo podría haberse consolidado en el mercado financiero como una entidad solvente.

Decía Shekaspeare que “el mal sobrevive a los hombres y hace olvidar las cosas buenas que pudieron haber hecho”. Pensaba yo en ello al ver en el banquillo al ex director general de la Caja de Ahorros Municipal de Vigo y ex presidente de CaixaNova, Julio Fernández Gayoso,  junto a otros ex directivos, también por mí conocidos.

Durante muchos años, cuando era un periodista en activo, tuve una continuada relación con Julio Fernández Gayoso y su equipo. Recuerdo su orgullo cuando nos presentaba el balance y la memoria anual de la entidad, y el modo en que presumía que mientras otras cajas acumulaban excedentes, la que él dirigía salía al mercado bancario para adquirir recursos que poner a disposición de las familias y las empresas. Cierto que le criticaban cierto personalismo, marcar distancias entre él y sus números 2, haber laminado a los ejecutivos de las cajas que fue absorbiendo –mientras promocionaba a sus leales, quizá peor dotados-, o que en el consejo siempre acampaban las mismas familias, sujetos y personajes de un círculo cerrado. Pero la Caja iba bien.

Como tantos otros residentes en Vigo, mi vida económica y la de mi familia pasaban por la entidad que él dirigía, mi nómina y la de mi mujer, mis hipotecas, mis recibos de todo, mis seguros, mis créditos, las cuentas de mis padres y de mis hijos. Y en el plano personal siempre me dispensó un trato cordial y afectuoso, como creo que podrán decir todos aquellos que lo conocieron.

La tragedia final que condujo al abismo a la otrora Caja de Ahorros Municipal de Vigo tiene otros actores aparte de Gayoso. Tras haber absorbido a las cajas de Pontevedra y Ourense se diría que la Caja de Vigo podría haberse consolidado en el mercado financiero como una entidad solvente. Pero empezaron a cometerse errores graves, y convendría ahora repasar –aparte de los que sean achacables directamente a la gestión- lo que decían los políticos que propiciaron la fusión con la Caja de Ahorros de Galicia. Aquel proceso fue un disparate mal planteado, peor ejecutado y desarrollado con cierta inconsciencia sobre la propia realidad.

Año 1994. Balance de Caixanova.Año 1994. Balance de Caixavigo.

 

No soy un especialista ni me considero dotado para ir más allá de una opinión personal, movida por el afecto que siempre guardé a Julio Fernández Gayoso. Cometieron errores, sin duda. Las razones que ahora lo sientan en el banquillo parecen poderosas y, desde luego, generan un sentimiento de general rechazo, ante la responsabilidad que a él y a otros les atribuyen por el desmedido afán de blindar –más allá de lo razonable- la salida de una entidad quebrada de quienes la condujeron a ese estado o eso es de lo que se les acusa.

Pero del  mismo modo digo, que ni siquiera en este trance, podemos olvidar los servicios que la Caja de Ahorros Municipal de Vigo prestó a Galicia y a esta ciudad durante el tiempo que él la dirigió, tras haber ascendido, gracias a su tenacidad e inteligencia, desde un modesto puesto administrativo.

No podemos olvidar lo que significó la etapa feliz de la CAV en la recuperación del patrimonio urbano de Vigo, su obra social y cultural, la finca de San Roque, la creación de la Escuela de Negocios, su decidido impulso a la Universidad (si bien un ex rector me decía que recuperó hasta la última peseta invertida en el CUVI), aquel Centro Cultural del edificio matriz, que fue en los últimos años de la dictadura escuela de democracia y tantas cosas más fueron obra del hombre de 84 años que ahora vemos en el banquillo.

Y en ese mismo plano personal, he de decir que siempre encontré en Gayoso la mejor disposición para apoyar las iniciativas culturales que le presentamos desde la Asociación de la Prensa, la última el ciclo de conferencias con que conmemoramos en 2009 nuestro centenario. Ser agradecido es de bien nacidos, y reconocer lo bueno que hizo el hombre que ahora vemos en este amargo trazo, un deber, al menos para mí moral.

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