Las movilizaciones de mujeres en las fábricas del textil pasan de la nada al todo en Marruecos

Movilizacion de las maquilas del textil en el polígono fabril de Tanger
¿Cómo son estas mujeres? Trabajan, como mínimo, catorce horas al día. Tienen restringido el número de veces que pueden ir al baño y descansan para el almuerzo durante unos 25 minutos.
Las movilizaciones de mujeres en las fábricas del textil pasan de la nada al todo en Marruecos

Corría el año 2007 cuando las movilizaciones de las maquilas del textil no eran más que un plan escrito en el futuro. La cabida para una reacción laboral y social contra el sistema establecido podía encontrar una irreparable respuesta: El despido injustificado y las represalias no hacían más que campar a sus anchas por los cargados pasillos de las fábricas de ropa en el norte de Marruecos.

La ciudad de Tánger, con el paso de los años, ha abandonado la bucólica imagen de urbe cosmopolita y cultural del pasado para convertirse en un nido de factorías de manufactura barata que proporcionan el producto final a firmas de capital europeo, español y gallego. Este escenario social ha generado un importante flujo migratorio de las pequeñas villas del rural a la gran metrópoli.

Mujeres de diversos puntos del país recorren kilómetros y kilómetros con el objetivo de lograr emplearse en un fábrica. Trabajan, como mínimo, catorce horas. Tienen restringido el número de veces que pueden ir al baño y descansan para el almuerzo durante 25 minutos. Así son las normas que rigen las vidas de unas jóvenes muchachas, y algunas no tanto, que solo perciben por tanto esfuerzo y sacrificio la ridícula cifra de 1.800 dirhams (al cambio suponen unos 180 euros al mes). Eso es todo.

Pero, poco a poco. Con pasos muy medidos, organizaciones sindicales camufladas de asociacionismo -la única forma de hacer las cosas sin acabar en la cárcel- han convencido a las afectadas de la necesidad de defender o, mas bien, reivindicar unos mínimos derechos en un sector con enormes carencias en la protección y apoyo de las trabajadoras de la máquina de confección. Un gremio en el que abundan los contratos verbales o las relaciones laborales informales.

Todo eso parece escocer al desarrollo social y familiar de unas mujeres que viven exclusivamente para trabajar. Que esconden su embarazo y sueñan con mejorar las cosas algún día para crecer como personas. Lo curioso del caso es que el camino del cambio ya cuenta con los primeros metros de asfaltado gracias al empoderamiento de las propias protagonistas de la escena.

Solo es cuestión de tesón y tiempo...

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