España: Las ciudades poseen un fuerte centro urbano, con problemas de cascos históricos

Vista de la zona centro de A Coruña, con la Ciudad Vieja al fondo.
Vista de la zona centro de A Coruña, con la Ciudad Vieja al fondo.
En las ciudades españolas se detectan pautas de sub-urbanización muy intensas y se concreta un alejamiento progresivo de las ubicaciones industriales y de servicios respecto al centro de las grandes urbes.
España: Las ciudades poseen un fuerte centro urbano, con problemas de cascos históricos

En materia de prospectiva territorial, las tendencias apreciadas en el caso español ponen de manifiesto lo siguiente: los gradientes de densidad (tanto de población como de empleo) tienden a caer; los centros urbanos pierden población, y, además, parece que la sub-urbanización está determinada por los incrementos de renta.

Esta clarificación conceptual subraya que “la densidad de población en las ciudades es función inversamente proporcional de la renta. Y la renta explica, casi al 100%, las variaciones en el índice de monitorización o de la capacidad de desplazarse libremente entre dos puntos cualesquiera de un área metropolitana” (Blanco Fernández, 2004). Ello supone que la capacidad de trabajar y residir en lugares dispares provoca una nueva distribución de las densidades de población y de empleo; incide, asimismo, sobre la posibilidad de residir en un punto cualquiera de dicha áreas metropolitanas; y demuestra la existencia de vínculos entre la motorización y la sub-urbanización.

Una segunda consideración es que las ciudades españolas poseen un fuerte centro urbano central. La densidad de población en el mismo supera a la densidad de empleo, a diferencia de las europeas que tienden al equilibrio. La explicación de estas dos tendencias se debe, en primer lugar, a los niveles de renta pero, asimismo, están en función de la propia estructura laboral. El mercado de trabajo apunta situaciones muy específicas: es proporcionalmente más reducido, existe más población agraria, un sector turístico relevante frente a un sector exportador reducido, inexistencia de sedes de grandes empresas multinacionales y de empresas de servicios avanzados. La geógrafa Saskia Sassen (1991), en su excelente obra Global City, ya reflejaba esa constatación.

La mayor concentración y la especialización urbana generan y alientan nuevos procesos. En este sentido, los ensanches de las ciudades se completan y se consolidan a partir de los años 50, apreciándose un relativo despoblamiento de los centros históricos-cascos centrales de las ciudades. Se detectan pautas de sub-urbanización muy intensas y se concreta un alejamiento progresivo de las ubicaciones industriales y de servicios respecto al centro de las ciudades. Esta “regularidad” en la evolución de las áreas urbanas españolas se constata en la mayoría de los casos analizados (Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia, por ejemplo).

En suma, los procesos de urbanización y sub-urbanización están condicionados a los cambios socioeconómicos; y los mayores incrementos de la población tienen lugar, preferentemente, en los núcleos industriales más cercanos al centro de las ciudades; en tanto que las entidades poblacionales más rurales pierden población en favor de los otros núcleos urbanos.

Esta tendencia se invierte a partir de la década de los setenta del pasado siglo, al detectarse una pérdida de población o un crecimiento muy bajo de los municipios industriales, para incrementarse de manera rápida e intensa en los denominados municipios residenciales (o poblaciones-dormitorios) más alejados del centro y con un carácter predominantemente más agrario y escasamente industrial. Es decir, las áreas urbanas se sub-urbanizan, lo que quiere decir que el centro de gravedad del crecimiento se desplaza hacia la periferia.

(Continuará)

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