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La entrevista de trabajo

Sobre el papel, el propósito de realizar preguntas en una entrevista de trabajo no es otro que el de encontrar a la persona más adecuada, cualificada y que mejor pueda cubrir las necesidades de una vacante. / Relato.

La entrevista de trabajo
Saludo en una entrevista de trabajo. / Pixabay
Saludo en una entrevista de trabajo. / Pixabay

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Pablo González Mariñas

Pablo González Mariñas

El autor, PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS, es colaborador de MUNDIARIO. Es político, profesor de Derecho Administrativo y escritor. Fue miembro del Partido Galego Independiente y diputado por la UCD en el primer Parlamento de Galicia. Tras ser uno de los fundadores de Coalición Galega, en 1985 encabezó la escisión del sector más nacionalista, que dio origen al Partido Nacionalista Galego. Fue conselleiro de la Presidencia y diputado por el BNG. @mundiario

Llegaba apresurada, sudorosa, acababa de dejar en la guardería de San Carlos al retoño más pequeño, tenía que hacer lo propio, con la nena, ya de cuatro años, en la guardería pública La Consolación. Corría el tiempo, no encontraba aparcamiento, se aproximaba la hora de la cita con los servicios de contratación. No había tenido tiempo ni siquiera de atender a la llamada reiterada de Manuel, que le había enviado ya un par mensajes. Le dejó una perdida y siguió a lo suyo.

-Siéntese...

Su nombre: Ángeles Fernández. Profesión: Abogada. Siete másteres en Universidades pública y privadas. Cinco idiomas. Experiencia profesional en varios despachos, especialmente dirigidos al Derecho Penal.

-...Sin duda, tiene usted un curriculum interesante. Pero ¿por qué abandonó los despachos en que trabajó?

-Son cosas de la profesión. Es como cuando cantas La Traviata en el baño y alguien te escucha: “No cierres tu corazón a la esperanza”. Y sientes que andas a otras cosas en la vida… O cuando se te viene a la cabeza el Coro de Nabuco.

-Bien, no acabo de entenderla. Habitamos en mundos distintos. Vayamos al grano. ¿Le importa que le grabe? No es por nada, sólo unas preguntas personales…

-Siempre entendí, por mis padres, incluso antes de la llamada protección de datos, que lo personal debe ser algo ajeno a lo laboral, por tanto no habría nada que grabar, pero si usted lo considera imprescindible…

-Bien, vaya, vaya. Dejémoslo. Bueno, sigamos: ¿está casada? 

-Sí lo estoy, estoy feliz, ¿es algo malo?

-No, en absoluto, pero entenderá que esto introduce nuevos factores a considerar en una contratación. Por ejemplo, ¿tienen hijos? ¿o hijas? Comprenderá que no es lo mismo.

-Comprendo. Y trato de criar a los pequeños que ya tengo con todo lo mejor posible y sin distinciones.

-Y así las cosas, ¿piensan ustedes tener más hijos?

-Perdone, me he enamorado perdidamente de su sensibilidad interrogativa, pero esto ya es mucho. A la vejez se le debe veneración pero a la estupidez no.

-Ejem, ejem! No es un capricho interrogatorio por mi parte, es que esto es importante para calibrar la valoración del riesgo que supone para nosotros contratarla. Podría ser mal, ser una contratación fallida. Y ¿cómo le iba a explicar esto a Madrid?Sigamos: ¿Y otras personas discapacitadas en la actualidad a su cargo, o previsiblemente? ¿Otros hermanos o menores necesitados de ayuda?

-En todas partes hay necesidades. Hasta Merkel pide ayuda. Quien no ayudaría a un hermano en apuros.

-En ese caso, ¿tienen abuelos que puedan encargarse de ellos con su pensión?

-Lo siento, mis abuelos tienen buena salud. Será el Gobiernop quien se ocupe de eso. Pero, perdóneme, dejémonos de andrómenas, ¿a cuánto va a ascender mi retribución?

-Eso ya se verá.

-¿Cómo? ¿Cuándo? 

-Eso ya se verá. En principio y en su caso haremos un contrato temporal, seis meses máximo de duración, y a su fin ya veremos si lo renovamos o resolvemos. Sin indemnización, claro es. En términos coloquiales, si queremos, porque la actual legislación laboral nos lo permite “damos puerta” y santas pascuas que me froto las manos.

-¿Y no hay otra salida?

-Bueno, siendo abogada, te pagamos 300 euros al mes, tú te haces autónoma y, entre seguros y mutualidad y demás, pagas al Fisco otros tantos 300 euros. Así quedamos “a pre”, ni tu ni yo perdemos. Y el Fisco para qué te voy a decir.

-¡Puaf, qué ilusión!

-Bueno, no te enfades. Si quieres, nada te lo impide, te bajas faldas o pantalones y vuelves a cantar a pleno pulmón el Coro de Esclavos de Nabuco: “Ve, pensamiento, con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas donde exhala su suave fragancia el dulce aire de la tierra natal”. @mundiario