La jornada de 4 días a la semana abre el debate de fórmulas para repartir el trabajo

Mesa de trabajo en la era digital.
Mesa de trabajo en la era digital.

Con el estreno del teletrabajo, la paulatina implantación de la digitalización y el compromiso de descarbonizar la economía, España por fín ha abierto el debate de buscar fórmulas para repartir el escaso trabajo y combatir el paro más elevado de la UE. Una de ellas, la jornada de 4 días a la semana.

La jornada de 4 días a la semana abre el debate de fórmulas para repartir el trabajo

La última iniciativa que puede ser un quebranto positivo del paradigma del trabajo, corresponde a la jornada de cuatro días a la semana, que tantos sindicatos como algún partido, parecen dispuestos a entablar.

Aunque queda por aclarar por parte de los sindicatos mayoritarios españoles,  parece que se decantan por la postura más descarada como es la jornada de 32 horas/semanales sin reducción salarial. Tanto CC OO como UGT toman como ejemplo a los sindicatos alemanes que ya hace años debaten fórmulas para adaptarse a la  nueva revolución industrial 4.0 y la reconversión industrial  de buena parte de las empresas, y en especial ahora, por la inminente llegada de la Inteligencia Artificial (IA) y la robótica en la era ecodigital. 

Sin embargo la variante española puede enfrentar a la Administración y  a la patronal que verían aumentar sus costes salariales y truncaría el efecto deseado de crear empleo, al mismo tiempo que según ya algunos cálculos patronales, la propuesta de  Iñigo Errejón y de los sindicatos elevarían más del 40% los costes salariales sin verse reflejada en un aumento de la productividad, que es en el fondo lo más trascendental.

El IG Metall, el mayor sindicato del mundo del sector  industrial en Alemania, a diferencia de los sindicalistas españoles, hace suya la defensa escalonada  de recortar primero la jornada semanal a las 35 horas y con posterioridad la semana de 4 días laborales pero con rebaja salarial. Los alemanes argumentan que aumentaría la productividad de las empresas, reduciría los costes salariales, contribuiría a la conciliación y salud laboral, y sobre todo se recortarían las horas extraordinarias. Citan además como ejemplo que el pasado año 2020, en Alemania se contabilizaron hasta 10 millones de puestos con otra fórmula como es la  Reducción de la jornada laboral (Kurzarbeit).


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El debate de la semana laboral de 4 días no es una idea nueva en el resto del mundo: Francia implementó una reducción de las horas de trabajo con 35 horas semanales hace casi 20 años con objeto de conciliar y equilibrar tanto la vida laboral como familiar. En Los Países Bajos la jornada se estableció en las 29 horas semanales, siendo actualmente la jornada más reducida de la OCDE. Las leyes holandesas del 2000 protegen a todos los trabajadores (tiempo completo y parcial) con vacaciones remuneradas y permisos por paternidad. El partido laborista del Reino Unido llevaba en su último programa electoral la implementación de la jornada laboral de 4 días/semanales para el año 2029.

En la multinacional  Microsoft Japón se puso en marcha una fase piloto en el 2019 con una jornada laboral de 4 días a la semana. Según trascendió, ese experimento registró un aumento del 40% de la productividad, una reducción del 23 % de los costes energéticos y del 60% de los costes de papel (consumible).

En los EE UU en más de 100 escuelas rurales las clases lectivas son de 4 días a la semana, pero por otro motivo distinto: procurar ahorrar dinero en el transporte, calefacción y en costes de personal que sustituyen a maestros por baja temporal.

El activo más codiciado en tiempos de crisis

Lo que en España el enclenque debate de la jornada laboral debe provocar es pensar más allá del cajón (out of the box) para buscar fórmulas imaginativas que repartan el activo más codiciado en tiempos de crisis, como es el empleo. Pese al avance de internet,  la tecnología y la incipiente era ecodigital,  en España seguimos anclados desde hace más de 100 años con la jornada de 40 horas semanales. Los españoles trabajamos además casi 400 horas al año más que los alemanes y unas 200 más que los franceses aunque menos que los griegos y polacos. Y sin embargo, la productividad germana con una jornada actual promedio de 37,7 h/semanales es indiscutible.

Fue también un alemán, Götz Werner, fundador  de la cadena de droguerías DM -con más de 1.5600 filiales en todo el país-, quien en los años 90 abogó, con gran sorpresa en la opinión pública, por el concepto del  “Umdenken” (repensar), proponiendo por vez primera en Europa la idea de una renta básica para todos los alemanes con una paga de unos 800 euros/mensuales. 

Desde entonces ha llovido mucho y en medio de la más grave crisis desde el final de la II Guerra Mundial asistimos a una segura nueva controversia  multipolar en España. Así se entiende todas aquellas propuestas que circulan estos días por los medios, como la expuesta por la ministra Nadia Calviño de preparar una ley para fomentar la creación de  empresas nuevas de forma digital en tan solo 10 días y al precio de 1 euro (frente a los 3.000 actuales para las sociedades limitadas SL).  La renta básica universal es otra iniciativa encallada que pulula entre las filas del socio de gobierno Podemos. De igual forma el aumentar el salario mínimo interprofesional (SMI) a más de 1000 euros /mensuales. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso también ha salido esta semana a defender que el SMI esté exento de impuestos y cotizaciones para “reformar y regenerar todo aquello que lastra la economía y las empresas dejen de ser prestamistas del Estado”.

Fue Churchil quien dijo que nunca hay que desaprovechar las oportunidades que brinda una crisis. En el olvido sin embargo quedan todas aquellas propuestas de los emprendedores y patronal que abogan por acometer urgentemente todas las reformas pendientes legislativas desde hace muchos años por falta de consenso. Asimismo de emprender medidas para recortar con urgencia: costes empresariales, rebajar  la alta fiscalidad y la excesiva reglamentación (burocracia), los tan elevados costes de energía en comparación a nuestros socios europeos, mejores infraestructuras (por ejemplo el Corredor del Mediterráneo), mientras sustentamos un exceso de aeropuertos inoperativos o presumimos de tener  la mayor red de línea AVE del mundo incluso con tramos deficitarios.

El Círculo de Empresarios presidido por John de Zulueta no se cansa de predicar en el desierto por “transformar España y evitar el hundimiento de la economía”, a pesar que la crisis de la covid ya se ha cobrado 150.000 empresas en todo el país. Entre su catálogo de propuestas destacan: favorecer el emprendimiento y aumentar el tamaño de las micropymes, invertir en innovación, tecnología y digitalización, liderar  la revolución ecodigital y el concepto de movilidad, reforzar el modelo educativo y hacer más atractivo el país para la inversión extranjera entre otros. Lo que es seguro es que Internet ha transformado el concepto de trabajo. Los emprendedores del futuro son digitales, y desde luego debemos redefinir (Umdenken) entre todos cómo favorecer el empleo, tanto en las urbes como también en los entornos rurales de la España vacía. @mundiario

 

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