Las jerarquías, condenadas a desaparecer

Democracia digital.
Democracia digital.

Las jerarquías como las conocemos están condenadas a desaparecer. En su lugar irán imponiéndose estructuras horizontales a la par que ya lo exige la revolución tecnológica, ecológica, social y política.

Las jerarquías, condenadas a desaparecer

No es un viaje a la utopía. Es uno de los muchos paradigmas que tendremos que derribar. La revolución eco-digital que no ha hecho más que empezar derrumbará las jerarquías actuales en las organizaciones, administraciones y en los colectivos sociales. Tenderemos hacia estructuras y relaciones personales mucho más horizontales, donde primen compartir información, tareas, responsabilidades, comunicación y toma de decisiones.

Llevamos siglos creyéndonos que la jerarquía y los puestos de ordeno y mando verticales, propios de otros tiempos, son apropiados para el nuevo siglo de la Inteligencia Artificial (IA), la resiliencia, la sostenibilidad y la ecoglobalidad digital. Y sin embargo no hacemos más que chocar contra un muro, surgiendo todos esos conflictos en política, en la ciencia y hasta  en el mundo de los negocios para solventar los desafíos y mantener la paz social.

Prueba de la disrupción que afectará al mundo de las jerarquías se aprecian en el debate político sobre la igualdad de género, en el sexo, en la laicidad para unos, la espiritualidad para otros y hasta en el mismo ecologismo. En este último caso, cuando  ecologistas nada ortodoxos insisten en que el ser humano no puede seguir creyéndose el centro del universo.

Al contrario, hemos destruido el planeta por abusar de los recursos naturales sin saber aún muy bien cómo vamos a salir de la mayor crisis climática de todos los tiempos, pasando por alto que el ser humano es uno más en el círculo virtuoso de la naturaleza. Nosotros dependemos de la naturaleza y ella de nosotros para mantener con vida el planeta tierra. El antropocentrismo reinante desde tiempos del poder papal no justifica que podamos seguir por esa misma senda destructiva. El nuevo ecologismo pregona con razón situar al humano como un actor más en la naturaleza en equilibrio y al mismo nivel de fauna y flora.

UNA INVENCIÓN HUMANA Y NO DIVINA

En el mundo de los negocios, todo hace intuir que las empresas deberán adaptarse a los nuevos tiempos  desvirtuando las jerarquías piramidales, del arriba a abajo, por otras más flexibles y bidireccionales. La comunicación y las decisiones ya no podrán seguir siendo por mucho más tiempo como antaño, sino tenderán a ser transparentes, compartidas, consensuadas y de flujo horizontal para lograr las metas perseguidas y obtener las mejores prácticas tanto en el plano estratégico como operativo.

Las organizaciones, aunque tengan unos accionistas cuyos ejecutivos tengan que rendir cuentas puntualmente, también tendrán que adaptarse a los nuevos tiempos si no quieren sucumbir. En adelante, es fácil adivinar que el talento, el mayor activo de una empresa, busca refugio donde no haya conflictos ni roces de egos en sus centros laborales por parte de los gestores. El talento busca un microclima en las empresas que les permita ser creativos, aportar valor, ser tenido en cuenta, correspondido con agilidad y transparencia, y no cuando la estructura de mando vertical actual responda a través de los distintos niveles jerárquicos y a sus debidos plazos. La globalidad, la revolución digital y ecológica requerirán que las decisiones sean inmediatas. Una decisión tardía y/o sin consenso interno puede conllevar el fracaso. 

Para lograr ese concierto qué mejor que el equilibrio de la concordia, donde la interacción, que a través de la tecnología y la IA serán claves para atender desafíos como la cultura del cambio,  de tendencias, de gustos del consumidor, rechazo del mercado, captación y fidelización de clientes, inversiones, etc. Los accionistas, aunque velen por sus intereses, verán que merece la pena apostar por estructuras hoy sumamente disruptivas en nuestra cultura de las jerarquías, pero inevitables para mantenerse a flote.

La Nueva Economía podría ser un claro ejemplo no sólo del modelo de negocio del futuro sino también de niveles jerárquicos más informales, donde llama la atención estructuras planas, códigos abiertos, ausencia de despachos y secretarias, con estilo casual y sin corbatas, con teletrabajo, remuneración  por objetivos, mayor conciliación familiar, flexibilidad horaria y teletrabajo. Otro ejemplo, podría detectarse en la cada vez mayor demanda privada e institucional de fondos de inversión “eco & social friendly” (fondos sostenibles y respetuosos socialmente) por parte de la comunidad inversora. Ya no se trata de obtener una rentabilidad determinada sino sobre todo ser respetuoso con el entorno, ya que su destrucción se ha demostrado que tiene mayor coste.

Algunos historiadores apuntan que las jerarquías fueron una invención humana y no divina que nacieron del antiguo orden de la Iglesia.  ”Las jerarquías fueron introducidas en el Siglo VI para referirse a nueve órdenes celestiales que incluyen a los serafines y querubines en la parte superior de la escala, y a los arcángeles y ángeles en la inferior. No obstante, a lo largo de los siglos, los órdenes celestiales fueron trasladados a los órdenes de poder político.”

Son muchas las estructuras de poder jerárquico que ha conocido la humanidad desde los reyes, el clero, la aristocracia, los ejércitos y posteriormente la política, que pese a las revoluciones sociales han mejorado con la democracia en Occidente el bienestar de los trabajadores y de las familias hasta ayer. En plena era eco-digital, se podría vaticinar que las escalas de mando piramidales serán sustituidas por otras donde se compartan los hechos, argumentos dispares, los consensos, las decisiones, los pactos, las relaciones de igualdad y donde al todo sumen las partes. 

A POR LA DEMOCRACIA DIGITAL 

En la política, antesala de lo que emulan los espectadores en otros niveles como la familia, las amistades y el trabajo, se camina hacia cada vez más valores como el empoderamiento, la gobernanza y la democracia digital. En el fondo, hacia una mayor participación ciudadana sin obstáculos jerárquicos o burocráticos. El voto online algún día seguro tomará relevo al voto en las urnas cuya resistencia alimenta el desinterés social cada vez más extendido hacia la clase política, que solo pide su opinión cada cuatro años.

Las grandes coaliciones, los pactos de Estado y de gobierno, aunque España no sea el mejor ejemplo, serán algo ansiado, conscientes los electores que los grandes retos de la humanidad no esperan “héroes oradores” sino la confluencia de distintos latires hacia un mismo objetivo. En muchos aspectos lo hemos constatado a raíz de la pandemia, demandando la sociedad más transparencia. Los niveles de caos alcanzados en nuestro país durante la crisis sanitaria en buena parte tienen que ver con las luchas internas, parcelas de poder y enrevesados niveles jerárquicos de la Administración, el Gobierno y los partidos.

Si la diafanidad fuera máxima y la horizontalidad el punto de equilibrio, tal vez desaparecería la oposición y la disputa, mientras el debate político se trasladaría a lo que realmente demanda la sociedad: la paz mundial, respeto de la naturaleza, convivencia y progreso al servicio del bien público.

En política exterior y en diplomacia, a pesar de hechos aislados, todo hace prever que la progresiva recesión de las jerarquías, potenciará el multilateralismo en contra de las acciones individuales de algunas potencias, teniéndose en cuenta a muchos actores sociales nuevos que se ignora hoy en día. La humanidad arrastra desde hace décadas multitud de retos sin resolver, tal vez por mantener intactas  férreas estructuras piramidales de  poder. Una desjerarquización podría alterar los resultados.  La pandemia es un excelente ejemplo de nefasta cogobernanza mundial: mientras los países occidentales se apresuraron a vacunar a su gente, el tercer mundo aún reza para que le lleguen algunas vacunas, lo que no asegura para nada que el primer mundo esté a salvo.

En el mundo de la ciencia y la investigación, algún día la humanidad se dará cuenta que ante riesgos como la pandemia del COVID, no pueden defenderse intereses económicos por encima de las vidas humanas, como subyace en el tema de las patentes. Al contrario, las futuras pandemias que seguro llegarán, nos exigirán que no se dupliquen  recursos públicos y privados para dar con un mismo antídoto con distintas marcas comerciales cuando la prioridad debería ser tan simple como concentrar esfuerzos y recursos para salvar vidas humanas en cualquier punto del planeta.

La uniformidad de criterios compartidos en un entorno cada vez más plano donde prime la colectividad más que la individualidad, será lo que el mundo nos demande con más ahínco a partir de la segunda mitad del siglo XXI. España, tan dada a los individualismos por encima de la defensa de los derechos colectivos, tal vez tenga delante de sí, uno de los cambios culturales paradigmáticos más serios que afrontar. Las empresas españolas por su parte, en buena parte conformadas hoy en día en casi un 90% por  pymes y microempresas, están ya advertidas y tendrán que asumir que el cambio generacional no es malo, pero el estilo de “management” (gestión) tenderá a ser cada vez más “lean”, plano, ágil, horizontal, bidireccional, participativo para consensuar estrategias y tomar decisiones. Pero no por capricho de ciertos gurús, sino porque el conjunto del entorno exterior lo exige. @mundiario

 

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