El “infierno fiscal” de Feijóo: qué dicen realmente los datos sobre los impuestos

Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario.
El presidente del Partido Popular ha denunciado el “atraco” y el sistema que “cruje a impuestos” a la clase media, prometiendo una rebaja si algún día llega a La Moncloa.

España vive un nuevo choque político en torno a los impuestos. Mientras el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, denuncia la existencia de un “infierno fiscal” que asfixia a la clase media, los datos y la metodología con la que se construye ese diagnóstico abren una discusión mucho más compleja de lo que sugiere el relato político. Entre cifras que superan el centenar de supuestas subidas tributarias y la lectura oficial que defiende el Gobierno, el debate se mueve en una zona gris donde la contabilidad importa tanto como la política.

El punto de partida es potente: más de 100 incrementos fiscales desde 2018, según el discurso popular, apoyado en informes como el del llamado Impuestómetro. Sin embargo, al analizar la metodología, el relato se vuelve menos lineal. No todas las “subidas” son decisiones legislativas independientes ni incrementos directos de la carga tributaria, sino interpretaciones acumulativas de medidas ya existentes o efectos indirectos de otras variables económicas.

En ese choque de narrativas, el debate deja de ser solo económico y se convierte en una disputa sobre cómo se define realmente “subir impuestos”. Y ahí es donde el “infierno fiscal” empieza a mostrar sus grietas conceptuales.

El Impuestómetro, citado en el debate político, eleva la cifra hasta 141 subidas fiscales si se incluyen cotizaciones, ajustes técnicos y efectos indirectos. Pero esa cifra depende de un método que multiplica impactos: una misma decisión puede contabilizarse varias veces según los impuestos a los que afecte. Esto no invalida automáticamente el análisis, pero sí cuestiona su lectura como una suma simple de decisiones políticas.

La progresividad en frío: el gran argumento económico convertido en arma política

Uno de los puntos más controvertidos del debate, según señala EL PAÍS, es la llamada “progresividad en frío” del IRPF. Cuando el impuesto no se ajusta a la inflación, los salarios nominales pueden empujar a los contribuyentes a tramos más altos sin que su poder adquisitivo real haya mejorado. Es un fenómeno ampliamente reconocido en la literatura económica, pero su traducción política es mucho más polémica.

El informe que alimenta el discurso del “infierno fiscal” convierte este efecto en múltiples subidas, al multiplicarlo por cada tramo del IRPF. Así, una sola decisión —no deflactar la tarifa— puede transformarse en varias “subidas” simultáneas. El resultado es un incremento notable del conteo total, aunque no necesariamente de la carga fiscal efectiva. Este es uno de los puntos donde el debate se vuelve más técnico que ideológico: no se discute si el efecto existe, sino cómo debe contarse.

El efecto multiplicador y el arte de contar impuestos

Otro de los elementos discutibles del relato es el efecto multiplicador de determinadas medidas, especialmente las vinculadas a valores catastrales. Una sola actualización puede impactar en múltiples figuras fiscales como el IBI, sucesiones, patrimonio o plusvalía municipal.

Aquí el desacuerdo no es menor: mientras el informe y el PP optan por contabilizar cada impacto como una subida independiente, otros enfoques más agregados reducirían el número total de medidas de forma significativa. La diferencia no es solo estadística, sino narrativa: cambia la percepción del volumen de cambios fiscales en un periodo político concreto.

En paralelo, también se incluyen como “subidas” la finalización de rebajas temporales aplicadas durante la crisis inflacionaria, lo que abre otro debate conceptual: ¿es una subida volver a un tipo anterior o es simplemente el fin de una excepción?

La presión fiscal: entre la percepción política y los datos europeos

El discurso del “infierno fiscal” choca con otro dato relevante: la presión fiscal española, medida como porcentaje del PIB, sigue por debajo de la media de la Unión Europea. Según Eurostat, España se sitúa en torno al 37,3%, frente a un promedio cercano al 40% en la UE y la eurozona.

Sin embargo, el debate no se detiene ahí. El concepto de “esfuerzo fiscal”, utilizado por algunos informes, introduce la relación entre impuestos y nivel de renta, lo que cambia la percepción del impacto tributario. Aunque es un indicador debatido en la academia, no es el estándar utilizado por organismos internacionales, lo que añade otra capa de controversia al análisis.

Cuña fiscal y grandes contribuyentes: el foco que amplía el debate

El discurso crítico también incorpora la llamada cuña fiscal, que en algunas estimaciones supera el 50% para un trabajador medio. Este cálculo incluye elementos que no siempre se consideran impuestos directos, como efectos del impuesto de sociedades o el déficit estructural.

Además, tanto el PP como los informes citados incluyen en el recuento figuras fiscales dirigidas a grandes patrimonios y multinacionales, como la tasa digital, el impuesto a transacciones financieras o los gravámenes extraordinarios a energéticas y bancos. Estas medidas, aunque con impacto sectorial, contribuyen a alimentar la narrativa de aumento generalizado de la carga fiscal.

El “infierno fiscal” denunciado por Feijóo no es solo una afirmación política, sino también el resultado de una disputa sobre cómo se construyen las cifras. Entre metodologías acumulativas, efectos económicos reales y decisiones políticas interpretables, el debate tributario en España se mueve entre la técnica y la narrativa.

Más que una fotografía fija de la fiscalidad, lo que emerge es un relato en disputa: el de un sistema impositivo que, según cómo se cuente, puede parecer una escalada constante o una evolución mucho más matizada. @mundiario