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Incertidumbre ante el temor fundado a una desaceleración económica real

También es objeto de preocupación el elevado nivel de deuda pública estructural que alcanza la economía española, que lejos de corregirse puede ensancharse aún más con un previsible repunte del déficit público.

Incertidumbre ante el temor fundado a una desaceleración económica real
La ministra de Economía, Nadia Calviño. / elindependiente.com
La ministra de Economía, Nadia Calviño. / elindependiente.com

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María Cadaval

María Cadaval

La autora, MARÍA CADAVAL, es columnista de MUNDIARIO. Doctora europea en economía, es profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). @mundiario

Si casi nunca es sencillo analizar qué va a ocurrir con la política económica, menos aún lo es en este momento. A las puertas de unas elecciones generales, lo único cierto es que las opciones de voto se han fragmentado y los dos grandes bloques están extremadamente polarizados –a izquierda y derecha–, sin una posibilidad clara de formación de gobierno. Y así sigue el país, sumido en el caos político y carente de una estabilidad que permita abordar los cambios necesarios y urgentes que se precisan. Porque si damos validez a la interpretación que Lionel Robbins hizo en el año 1967 de que la mano invisible que mueve el mercado de Adam Smith es, en realidad, la del legislador que lo adapta a las necesidades sociales, podemos afirmar que los grandes retos pendientes requieren de esa mano legislativa que plasme negro sobre blanco su concreción.

La economía española lleva creciendo varios ejercicios por encima de la media europea, ha recuperado los niveles de PIB previos a la crisis, si bien este progreso no se ha trasladado de manera equitativa a la sociedad. La renta nacional se ha recuperado, pero su reparto se ha desvirtuado. Así lo afirma la Unión Europea en su último informe ante el examen del Semestre Europeo, que tiene por objetivo fijar las líneas principales de la política fiscal, económica y social del año en curso. La desigualdad de oportunidades comienza a ser la tónica habitual en un país que conoció los beneficios de la redistribución, tras la implantación y expansión del Estado de Bienestar.

Mercado de trabajo

Pero el crecimiento basado en una competitividad a costa de rebajar la factura salaria tiene consecuencias importantes, no solo a corto sino sobre todo a medio y a largo plazo. La precariedad laboral y la erosión del mercado de trabajo produce un efecto directo sobre el contrato social que desde el año 1963 está vigente en la Ley de Seguridad Social, mantenido sobre un “artificio técnico… que impone sacrificios a los jóvenes respecto de los viejos, a los sanos respecto de los enfermos, a los ocupados respecto de los que se hallan en situación de desempleo, a los vivos respecto de las familias de los fallecidos, a los que tienen cargas familiares respecto de los que no las tienen…”.  Las carreras laborales cortas e interrumpidas dan como resultado unos pobres derechos de protección social que ponen en riesgo la suficiencia y sostenibilidad del sistema de pensiones.

Y no solo esto, España, con una de las tasas de fecundidad más bajas de la Unión Europea, tiene también  la mayor distancia entre el número promedio de hijos nacidos, 1,3 y el que se desearía tener, 2,1. Este dato no hace más que corroborar que el declive demográfico español tiene su origen en la falta de recursos y medios económicos que no hacen viable la reversión.  No caben recetas mágicas, solo acciones certeras a la hora de reorientar las políticas públicas, de tal manera que se haga corresponsable a la sociedad –junto al individuo– de las políticas de natalidad del país.

Incertidumbre

En medio de este contexto en el que reina la incertidumbre, ante el temor fundado a una desaceleración económica real, es objeto de preocupación también el elevado nivel de deuda pública estructural que alcanza la economía española, que lejos de corregirse puede ensancharse aún más con un previsible repunte del déficit público. Pendientes del cierre de ejercicio y de los datos definitivos, parece que 2018 cerró con un déficit público por encima del objetivo inicialmente previsto, -2,2% del PIB, se acerque más al ampliado del -2,7% del PIB, aunque por debajo del -3% que Bruselas concedió como límite para no aplicar sanciones-. Si esto se confirma tras un amplio período de bonanza, ¿qué ocurrirá cuando se produzca una nueva recesión?

La ausencia de decisiones valientes sobre la reforma de la administración hizo languidecer este debate hasta desaparecer y no se vislumbra mucha más salida que un ajuste al alza de los ingresos y/o a la baja de los gastos, con el objetivo de mantener el Estado de Bienestar y un sistema público de pensiones, toda vez que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social tiende a cero.

El sector privado

Por si fuera poco, en el sector privado no se atisban grandes avances en los retos inminentes y de futuro, donde la inacabada reconstrucción del sector financiero arroja dudas aún sobre la configuración del mapa bancario español y la disponibilidad de crédito para las empresas, cada vez más terciarizadas y con un preocupante anhelo de la política industrial que fue y que parece no va a volver a ser.

Sea cual sea la opción política resultante de las próximas elecciones, los dirigentes que tengan el encargo de formar gobierno debieran ser conscientes de que la "la planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro que tendrán las decisiones presentes" como decía Peter Drucker. Tómenlas con responsabilidad. @mundiario