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Impuestos altos y recaudación baja, la anomalía española

¿Por qué la recaudación fiscal en España es comparativamente baja? La respuesta a esta pregunta no está en los tipos impositivos, sino en el fraude fiscal.

Impuestos altos y recaudación baja, la anomalía española
Ministerio de Hacienda, España.
Ministerio de Hacienda, España.

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Santiago Lago Peñas

Santiago Lago Peñas

El autor, SANTIAGO LAGO, es catedrático de Economía Aplicada y director del Grupo de Investigación GEN, de la Universidad de Vigo. Publica en revistas especializadas nacionales y extranjeras, sirve en varios consejos editoriales y es editor ejecutivo de la principal revista española en el ámbito de la economía pública, Hacienda Pública Española/Review of Public Economics. Consultor de diversos organismos internacionales y uno de los integrantes de la Comisión de Expertos creada por el Ministerio de Hacienda en 2017 para la reforma de la financiación autonómica, es codirector de la Red de Investigadores en Financiación autonómica y Descentralización en España (RIFDE), director del Foro Económico de Galicia, responsable de la Cátedra del Instituto de Empresa Familiar en la Universidad de Vigo, investigador del Institut d’Economía de Barcelona y colaborador de la Fundación FUNCAS. Ha sido consejero del Consello Económico e Social de Galicia y ahora asesora a empresas e instituciones públicas y privadas. Columnista prolífico, colabora en MUNDIARIO, El País, Cinco Días, Faro de Vigo y la cadena SER. @mundiario

La recaudación fiscal en España se situó en 2017 en el 34.5% del PIB, 5.7 puntos por debajo de la media de la Unión Europea. Lo dice Eurostat. Eso son cerca de 70.000 millones de euros. Una barbaridad de dinero. Con eso eliminaríamos por completo el déficit público, podríamos financiar una renta social ambiciosa para las familias con problemas y estar entre los líderes europeos en I+D. Todo al mismo tiempo!

¿Por qué la recaudación fiscal en España es comparativamente baja? Grosso modo, la mitad del diferencial se explica por una menor recaudación del IRPF. Y la otra mitad es responsabilidad, sobre todo, de los impuestos sobre consumo (el IVA y los impuestos sobre tabaco, hidrocarburos y alcohol) y, en menor medida, del Impuesto sobre Sociedades.

No obstante, en ninguno de estos impuestos los tipos impositivos en España son reducidos (salvo quizá en los impuestos sobre consumos específicos). De hecho, en el IRPF español se llega mucho antes que en la mayoría de los países de nuestro entorno al tipo máximo. Y los tipos en el IVA y en Sociedades no son inferiores a los que nos encontramos en muchos de los países que recaudan más que nosotros.

Por tanto, no es un problema de tipos impositivos. La explicación está en otro sitio: en el fraude fiscal y en la proliferación de beneficios fiscales y tratamientos diferenciados. En ambas cuestiones, estamos por encima de la media. Hablamos de los favorables módulos en IRPF, del fraude de profesionales y asalariados que cobran en “B”, de las facturas sin IVA, de la aplicación de un tipo super-reducido del 4% a un buen número de productos, de algunas bonificaciones en el Impuesto sobre Sociedades que benefician extraordinariamente a las empresas más grandes…

La solución a nuestro déficit recaudatorio no está en subir tipos en IRPF o en equiparar los impuestos sobre la riqueza a una media comunitaria, en la que ya estamos. Está en una reforma fiscal en profundidad, que revise algunas de las cosas que estamos haciendo mal y haga que algunos paguen más: los que defraudan y los que se benefician de regímenes muy ventajosos.

Por supuesto, la reforma fiscal en profundidad no debería ser un objetivo solo para quienes querrían que las cuentas públicas fuesen más boyantes y que los servicios públicos contasen con más recursos. La reforma fiscal también podría servir para recaudar lo mismo que hoy, pero hacerlo de forma más justa y eficiente. Para que paguen menos los que hoy cumplen. Para que se puedan rebajar los tipos impositivos e, incluso, eliminar impuestos. Sería perfectamente posible que partidos de izquierda y derecha se pusiesen de acuerdo en una nueva arquitectura fiscal en España, dejando a elección del gobierno de turno los tipos impositivos a aplicar; incluso optar por el 0% si se quiere desactivar un tributo sin impedir que otro gobierno que venga después lo recupere. Podemos ponernos de acuerdo en una estructura de la casa que sea racional y funcional y dejar al inquilino de turno que escoja el color de las paredes y el mobiliario.