Buscar

MUNDIARIO

Identidad y conservación de iconos urbanos: de Tío Pepe al Pastor, pasando por el quiosco de toda la vida

Cuando "algo de siempre desaparece" o bien es comprado por desconocidos o por grandes corporaciones, entonces la identidad percibida se menoscaba. 
Identidad y conservación de iconos urbanos: de Tío Pepe al Pastor, pasando por el quiosco de toda la vida
Edificio del Banco Pastor, en A Coruña. / Mundiario
Edificio del Banco Pastor, en A Coruña. / Mundiario

Matías Membiela-Pollán

Profesor de economía.

Hace unas semanas, una mañana muy temprano paseaba con mi perro por el Cantón Pequeño coruñés cuando dirigí la mirada al emblemático edificio del Banco Pastor. Una lona caía desde el punto más elevado del andamiaje y mostraba la nueva imagen que tendrá esta construcción en su reinauguración, pues en la actualidad está sujeto a un profundo proceso de remodelado. En ese instante algo llamó mi atención. A la altura del icónico rótulo de Banco Pastor, en lo alto del edificio, lo que se veía estampado en aquella lona era un rótulo sustitutivo del anterior, con el nombre de Banco Santander. En ese momento me sentí decepcionado como coruñés. Se lo comenté a alguna persona y la respuesta fue que era extraño que retirasen "algo" de semejante bagaje histórico.

Con esta idea en mente y con deseo de expresar unas palabras al respecto, hoy he vuelto a indagar sobre este motivo, y para mí ha sido una satisfacción leer una noticia de hace pocos días que señala que el consistorio municipal de A Coruña obliga al Banco Santander a mantener el rótulo original.

Muy brevemente, la historia del Banco Pastor se remonta a finales del siglo XVIII y transita hasta nuestros días, siendo absorbido en 2012 por el Banco Popular y pasando en 2018 a manos del Santander, cuando desaparece finalmente como entidad jurídica. Pero en lo que más interesa, la inauguración del edificio en cuestión, impulsado por Ricardo Rodríguez Pastor y Pedro Barrié de la Maza, data del 1 de noviembre de 1925. Con un estilo ciertamente ecléctico, fue durante unos años el edificio más alto de España, con 40 metros, once plantas, y una superficie de más de mil metros cuadrados. Su iconicidad es obvia en A Coruña, y está presente, con majestuosidad, en multitud de fotografías que desde comienzos del siglo XX hacen crónica de esta hermosa ciudad.

Sirva esta historieta para señalar que más que una "historieta" es algo relevante bajo el punto de vista de quien esto escribe. Igual que también le pareció relevante a cientos de miles de madrileños la permanencia del emblemático cartel de las bodegas Tío Pepe en la Puerta del Sol, aún siendo cambiado de emplazamiento en 2014 porque hoy una multinacional ha ocupado todo el edificio en el que se ubicaba desde los años treinta. Y es que los iconos urbanos, y no solo el patrimonio arquitectónico si no el que se manifiesta en establecimientos con larga trayectoria, y en marcas que son propias y originarias de cada lugar, son aspectos que dotan de significado y se constituyen en referentes comunes.

Es así que la desaparición de un quiosco de barrio "que siempre estuvo ahí" imprime un haz de consecuencias que van más allá del impacto económico de quien regenta ese quiosco. Porque además de la venta de prensa es un configurador del ambiente urbano, un cohesionador que presta servicio y nutre de vida las calles y plazas. Y lo mismo sucede con las lonjas de los puertos pesqueros de villas y ciudades, muchas de las cuales han cerrado en los últimos años. Y con las tiendas y negocios "de toda la vida", ya sea un estanco, una farmacia o una mercería, que fortalecen el arraigo y el sentido de pertenencia de la persona a un lugar. Y es que no hablamos de otra cosa que del tercer escalón de la popular Pirámide de Maslow, que tiene que ver con la necesidad de afiliación, afecto y arraigo de cada individuo. 

En un artículo publicado en la revista científica Redmarka, recogía junto a los profesores de la Universidade da Coruña, Valentín-Alejandro Martínez-Fernández y Óscar Juanatey-Boga, el valor que tiene la identidad para el funcionamiento socioeconómico y para el mismo bienestar subjetivo del individuo. Una identidad entendida como al conjunto de sucesos históricos, tradiciones, usos y costumbres, símbolos en común, normas y valores que comparte una población y que tal y como señalan Akerlof y Kranton o Robert Barro es un fuente de capital social que genera certidumbre, cohesión, confianza, y también crecimiento económico.

En el texto en cuestión nos extendíamos sobre la identidad como cualidad intangible decisiva que otorga valor a las marcas, productos y emplazamientos. A modo de ejemplo la etiqueta de México en una botella de tequila, el kimono fabricado en Japón, la corbata de Milán, el aceite español, el vino francés o el reloj suizo. Y decimos que otorga valor porque este "made in" traslada al consumidor la percepción de autenticidad, de tradición, y saber hacer.

La identidad es por tanto una necesidad para la persona y en la persona. Y es alimentada a través del arraigo que puede encontrar en el ambiente en que desarrolla su vida. Cuando "algo de siempre desaparece" o bien es comprado por desconocidos o por grandes corporaciones, entonces la identidad percibida se menoscaba. La banca –y la marca– Pastor, muy ligada a A Coruña por décadas y décadas se fue. Pero un icono urbano como es su eminente edificio y lo que es importante, su famoso rótulo, pervivirá en las calles coruñesas, aportando significado a la historia de la ciudad. @mundiario