¿Hijos o perros? Una elección sin opción

Perros. / Unsplash
Perros. / Unsplash
La falta de opciones reales obliga a los más jóvenes a posponer o directamente no plantearse el tener hijos. En España ya hay 1,5 perros por cada menor de 14 años
¿Hijos o perros? Una elección sin opción

Con las fantásticas temperaturas que pudimos disfrutar en Pontevedra estos días, fuimos muchos los que nos animamos a disfrutar de lo que con toda probabilidad sea la tradición que verdaderamente una a todos y todas las españolas. Con permiso de Ana Torroja, los españoles no sólo “hacemos por una vez algo a la vez” el 31 de diciembre durante las campanadas, sino que también hay otra tradición patria que nos une y que podemos practicar con mayor asiduidad: el aperitivo.

También acuñado como “tomar el vermut”, independientemente de cómo lo digan y de lo que tomen, lo que es seguro es que nadie, ni ustedes ni yo, ha podido hacerlo en El Carabela, que tras una reforma cuyo diseño se basó en dar la espalda a la plaza, ha sufrido paradójicamente el espaldarazo de la ciudad con su consecuente cierre. Esto hizo que hace un par de días acabase disfrutando del buen ambiente que se respiraba en La Gramola, donde Marta, Aarón y el resto del equipo siempre te reciben como si no te hubiesen visto en años, aunque hayas estado allí el día anterior.

La felicidad de esos primeros días del año en los que huele a verano era evidente, y así se podía ver en las caras de los allí presentes. Buena compañía, una Coca-Cola Zero bien fría y música que acompañaba pero no molestaba parecían ser la combinación perfecta para una mañana de domingo.

Al entrar en la plaza sólo quedaban dos mesas disponibles y aparentemente iguales: soleadas, con sillas suficientes y ni muy cerca ni muy lejos de la música. En vista de lo anterior, y con el objetivo de encontrar algo que me facilitara la decisión, me centré en observar, como si de la compra de un piso se tratara, a los vecinos y vecinas de cada mesa. Teníamos que elegir entre una que estaba situada al lado de un grupo de parejas con varios niños y niñas con ganas de jugar (y cuyas voces ya se oían a distancia) y otra situada al lado de una pareja acompañada de un precioso ejemplar de Golden Retriever que parecía no tener apenas un año.

Cualquiera que me conozca mínimamente no necesita que le diga qué mesa escogí para mi grupo y que por supuesto me hice amigo de Enko, aquel Golden de 6 meses, debido a mi pasión por los perros en general y por esta raza en particular.

El número de perros supera al de menores de 14 años

En esa misma plaza en la que había 3 mesas con niños, se podían contar hasta 24 mesas en las que había como mínimo una mascota y el problema es que este no es un caso aislado, sino que refleja lo que los datos nos muestran desde hace tiempo. Enko, aun sin saberlo, representa uno de los principales problemas a los que se enfrenta mi generación, que no es otro que el de aspirar a llegar a la edad de jubilación con un sistema de pensiones público que no haya quebrado.

El descenso de la natalidad, el envejecimiento de la población o la constante e imparable incorporación de la generación del baby-boom a la población pasiva está poniendo contra las cuerdas a un sistema que ya ha sido debilitado, que contaba con una hucha de más de 60 mil millones de euros el último año de gobierno de Rodríguez Zapatero y que no llegaba a los 8 mil millones cuando Mariano Rajoy dejó la Moncloa.

Necesitamos invertir la pirámide poblacional

Cierto es que no se lo pregunté, pero tengo la certeza de que ni Enko, ni Tod y Toby van a cotizar para poder sostener nuestras pensiones. Necesitamos invertir la pirámide poblacional y eso sólo lo lograremos si las administraciones trabajan para crear un entorno favorable a la natalidad. Los jóvenes no necesitamos que subvencionen la adopción de perros como acaba de anunciar la Xunta como "medida joven", necesitamos vivienda asequible y unos sistemas educativo y sanitario públicos y de calidad, tres cuestiones que son de competencia autonómica, pues son fundamentales para la llegada de los hijoS (sí, necesitamos que sea en plural).

El fenómeno ya denominado como perrhijos, tratar y denominar a los perros como hijos, no obedece a una moda, sino a la frustración de una generación que parece ya resignarse a trabajos precarios, alquileres desorbitados o directamente a no poder independizarse ni formar una familia. Una generación que ve como el deseo de la vivienda propia que tenían sus abuelos, lejos de haber progresado, se reduce en su caso, sin ánimo de desmerecer, a la “mascota propia”.

“La juventud” no es que no quiera tener hijos, es que no puede. No es egoísmo, es responsabilidad. ¿Cómo se van a convertir en padres quienes aún dependen de los suyos? @mundiario

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