Volkswagen se enfrenta a una dura sanción por parte del Gobierno de EE UU

Banderas de las marcas de Volkswagen.
La sanción afectaría a varias marcas del grupo Volkswagen.

Las acciones del grupo caen un 20% en la bolsa de Frankfurt tras haberse descubierto un presunto fraude en el control de las emisiones de sus vehículos.

Volkswagen se enfrenta a una dura sanción por parte del Gobierno de EE UU

Las acciones del grupo caen un 20% en la bolsa de Frankfurt tras haberse descubierto un presunto fraude en el control de las emisiones de sus vehículos.

El motor Diesel ha muerto, al menos es lo que pensamos algunos dentro del sector. La causa de su fallecimiento no hay que buscarla en ningún ardid comercial, ni en la caída de ventas. La causa es, y será, el control de emisiones, en Europa la Euro VI, en Estados Unidos el Clean Air Act. Unas normas de extremada dureza que centran su control en las emisiones de partículas, y los Óxidos de Nitrógeno, el talón de Aquiles de un motor de gasóleo. Es por ello que los fabricantes se han visto obligados a desarrollar innovadoras tecnologías para mantener a sus vehículos dentro de los parámetros. O al menos casi todos.

Un estudio de la West Virginia University, ponía al descubierto el posible fraude realizado por el grupo Volkswagen a la hora de homologar sus vehículos. El fraude consistiría en modificar el software de los vehículos sometidos a las pruebas de la EPA, para lograr así cumplir la normativa. Para una vez lograda la homologación, comercializar sus vehículos con un software diferente, que no cumpliría las normas. Dicho estudio ha sido ratificado por la EPA y el presidente del grupo Volkswagen no ha tenido más remedio que asumir la realidad. Martin Winkerton anunciaba que lamentaba “haber decepcionado a nuestros clientes y a la opinión pública”.

Dura sanción

El nivel de gravedad del problema puede establecerse con facilidad en cifras. La Clean Air Act establece unas sanciones de 37.500 dólares por vehículo que incumpla la normativa. En el caso del grupo Volkswagen el número de vehículos sospechosos asciende a 487.000. La cuenta es bastante sencilla, la factura del engaño podría superar los 18.000 millones de dólares, a los que habría que sumar la pérdida de imagen del grupo. Las primeras consecuencias no se han hecho esperar, con una caída de casi un 20% en la cotización de las acciones.

Y esto no ha hecho más que empezar, la Euro VI es todavía más dura que la Clean Air Act, por lo que muchos analistas temen que el problema pueda incluso cruzar el charco. Desde el gobierno alemán no han dudado en cargar las tintas contra el grupo Volkswagen, el vicecanciller Siegmar Gabriel hablaba de una “penosa excepción”, sobre la calidad de lo “Made in Germany”.  Al mismo tiempo que anunciaba medidas para comprobar lo si en Europa había sucedido algo similar.

Solución difícil

Pese a la magnitud de las cifras desde la EPA han anunciado que esperan buscar una salida negociada al problema. Una negociación que pasaría por resarcir el problema, es decir, lograr que los vehículos cumplan las emisiones. Con ello se reduciría la cuantía de la multa, eso si, a costa de lastrar los resultados de la compañía, que se vería obligada a realizar una masiva llamada a revisión. Una llamada a revisión que podría abrir la puerta a nuevas reclamaciones.

A nadie se le escapa que si en su momento Volkswagen optó por engañar a la EPA, sólo puede haber dos motivos. O bien es inviable técnicamente lograr que eses motores funcionen por debajo del límite de emisiones manteniendo las prestaciones anunciadas, o la tecnología necesaria encarece el producto en exceso. Si se tratase de la primera opción se verían inundados por demandas por publicidad engañosa, y en el segundo deberían hacer frente a un elevado sobrecoste.

Graves consecuencias

Las consecuencias no se han hecho esperar, desde el grupo Volkswagen han anunciado que se dejarán de vender vehículos equipados con motor Diesel de cuatro cilindros en Estados Unidos. Al mismo tiempo se ha anunciado una investigación interna para depurar responsabilidades y conocer por qué se ha llegado a ésta situación. Desde muchos sectores se pide la dimisión del CEO de la compañía Martin Winkerton.

Pero los problemas no acaban ahí, y es que la sospecha se a contagiado a toda la industria Alemana. Todos los grandes grupos germanos han caído en bolsa en la jornada de hoy. La tensión se corta con cuchillos, el presidente de la Federación de Consumidores, Klaus Muller, afirmaba ¿Cómo se puede ser tan tonto y de un plumazo poner en duda todo el prestigio de la industria automovilística alemana?. Sin duda nos encontramos ante el primer capítulo de un culebrón que será largo, duro, difícil y sobre todo muy caro.

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