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Los gobiernos progresistas en América Latina

La región vive una etapa de fuerte derechización donde destacan con nitidez las actuales situaciones que se viven en Brasil y en Argentina, países con influencias sobre el conjunto de la región.

Los gobiernos progresistas en América Latina
Luiz Inácio Lula da Silva. / CNN
Luiz Inácio Lula da Silva. / CNN

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Alberto Couriel

Alberto Couriel

El autor, ALBERTO COURIEL, economista uruguayo, es columnista de MUNDIARIO. Exsenador, exdiputado y profesor emérito, fue también profesor de post grado en diversos países. Es autor de numerosas publicaciones. @mundiario

El mundo internacional vive una etapa de incertidumbres en los más diversos campos. En el campo militar se van desvaneciendo los choques entre EE UU y Corea del Norte, aunque los líderes de ambos países son impredecibles. Se mantienen las declaraciones irracionales del presidente norteamericano, lo que profundiza las incertidumbres. La confrontación más evidente se da en el campo económico entre los EE UU y China. Una especie de guerra comercial, con aumentos de aranceles  entre ambas potencias, hace muy difícil prever las consecuencias económicas, sociales y políticas de dicha confrontación. Para el mundo internacional el tema es muy relevante, pero adquiere una especial significación para la América Latina: EE UU tiene una privilegiada influencia política en la región, mientras que en el plano económico China es el principal comprador de los países de la América del Sur.

La región vive una etapa de fuerte derechización donde destacan con nitidez las actuales situaciones que se viven en Brasil y en Argentina, países con influencias sobre el conjunto de la región. El siglo XXI amanecía con diversos gobiernos progresistas: Chile, Brasil desde el 2003 al igual que Argentina, Venezuela con Chávez, Bolivia con Evo Morales, Ecuador con Correa, Paraguay de Lugo, Nicaragua con el Frente Sandinista, Uruguay desde el 2005 y Cuba desde hace casi 60 años. Yo nací a la vida política bajo la  influencia de la revolución cubana. Hoy tengo que aceptar que después  de casi 6 décadas el modelo económico ha fracasado y las libertades políticas nunca estuvieron presentes. Trabajé dos años con el gobierno sandinista en Nicaragua  y es absolutamente inaceptable la represión del gobierno de Ortega a los manifestantes en los últimos meses. Todos mis viejos referentes nicaraguenses critican abiertamente el actual gobierno que es muy difícil de defender. Venezuela es otro fracaso de gobiernos progresistas por la profundidad de la crisis económica, social y política. En los tres casos puede jugar el imperialismo de los EE UU, pero de ninguna manera como la causa  exclusiva de los fracasos. Por el contrario, predominan nítidamente los factores internos y, por supuesto, los errores de los gobiernos progresistas correspondientes.

Los gobiernos progresistas de la América del Sur han realizado mejoras sustantivas a las condiciones de vida de los sectores sociales más vulnerables, a través del gasto público social, de mejoras en el empleo y en los salarios reales, en la fuerte caída de la pobreza e inclusive mejoras en la distribución del ingreso. Pero se han cometido errores que consideramos importante poner arriba de la mesa. El primero, sin duda, es de carácter ético. Siempre supusimos que la corrupción era un fenómeno propio de los gobiernos de derecha y que ello constituía una diferencia sustancial. Los gobiernos de derecha se caracterizaban por aprovecharse de la corrupción. En cambio, los principios éticos de la izquierda aseguraban que en sus gobiernos no podría de ninguna manera existir la corrupción. Estos fenómenos de corrupción se  sucedieron en gobiernos progresistas de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Ecuador. En estos cinco países hoy gobiernan representantes de la derecha económica y política. No debiera haber ningún tipo de corrupción en los gobiernos progresistas.

En materia económica llama la atención la presencia en los equipos económicos de economistas ortodoxos, donde los casos más notorios ocurren en Brasil con Meirelles como presidente del Banco Central de los gobiernos de Lula da Silva y en Chile, con Aninat y Velazco como ministros de Hacienda. Frente a situaciones de crisis los gobiernos progresistas se inclinaron, en muchas ocasiones, por políticas ortodoxas que afectaron al conjunto de la sociedad, pero especialmente a los más vulnerables. En etapas de crecimiento económico, con ayudas de altos precios internacionales de los rubros de exportación, se mantuvieron los productos de exportación primarizados, con muy bajo valor agregado y sin cambios esenciales en la estructura productiva. No se aprovecharon esos momentos para los cambios necesarios en la matriz productiva, ni se avanzaron en cadenas de valor regionales que hubiese permitido avanzar hacia exportaciones de alta y media tecnología. Hubieron pocos avances en reformas tributarias progresivas y tampoco se elaboraron estrategias de desarrollo que permitieran un horizonte de mediano y largo plazo.

Aunque hay notorios avances en materia de pobreza, el tema de la fragmentación social hay que abarcarlo en su conjunto, para que no ocurra lo del Uruguay, donde baja notoriamente la pobreza por ingresos, pero se mantienen bajos niveles educativos de los pobres. Vivimos el mundo del conocimiento y avances tecnológicos y el tema del empleo va a ser uno de los más relevantes y más difícil de resolver. Es un gran tema para la izquierda, por ser una variable esencial para mejorar la igualdad. Un tema no menor es como la derecha se apropia del lenguaje de la izquierda y consigue la creencia, en algunas ocasiones, que el estado y el déficit fiscal son la causa de todos los males económicos. Sin duda en el actual caso argentino no es así. @mundiario