Galicia logró salvar su gran banco, que bien gestionado puede dar muchas alegrías

Ciudad Banesco, en Caracas.
Ciudad Banesco, en Caracas.

Una vez que José María Castellano ha evitado que la entidad se diluyera en otra, caben distintas soluciones accionariales de la mano del venezolano Escotet, propietario de Banesco.

Galicia logró salvar su gran banco, que bien gestionado puede dar muchas alegrías

El año 2013, de infausto recuerdo para tantas cosas, será recordado en cambio como un buen año para el futuro financiero de Galicia. Al menos si quienes van a gestionar Novagalicia Banco no fracasan en el empeño.

La envolvente política y financiera del tándem Castellano-Feijóo, engrasada con el dinero y la audacia de Juan Carlos Escotet, dejó en fuera de juego –y al descubierto- las maniobras del ministro Luis de Guindos, que intentó favorecer a la gran banca española. Pero de poco le valió haber cambiado hasta cuatro veces las normas en menos de un mes.

Galicia ha logrado salvar su gran banco, NCG, y ahora el futuro no está escrito. Pero una vez que José María Castellano –el hombre que levantó Zara y salvó Novagalicia- ha evitado que la entidad resultante de las antiguas cajas gallegas se diluyera en otro banco español, caben distintas soluciones accionariales de la mano del venezolano Escotet, propietario de Banesco. Es más, si Paco Botas acierta en la gestión de Novagalicia Banco y el Banco Etcheverría, Juan Carlos Escotet puede hacer un gran negocio, ya sea vendiendo acciones o colocando NCG en la Bolsa, idea que siempre barajó Castellano con los fondos estadounidenses interesados en la subasta de privatización.

Margen no le falta, porque el grupo Banesco ha dejado en poder de su filial Banco Etchevarría el control del 88,3 % de Novagalicia, un 63 % en manos del Estado y un 15 % más del Fondo de Garantía de Depósitos, donde participan los bancos españoles. Son porcentajes muy altos para lo que suele ser habitual en banca, donde las acciones están muy repartidas; incluso atomizadas.

El gran beneficiario del trabajo de fondo de Castellano será, por tanto, el venezolano Banesco, cuyo presidente le ofreció un puesto en el consejo, al que Caste renunció de inmediato. Juan Carlos Escotet ha optado para la presidencia por el veterano Javier Etcheverría, la cabeza visible del pequeño e histórico banco de Betanzos cuyo nombre coincide con su apellido. También se va César González-Bueno, consejero-delegado de Novagalicia, a quien relevará Botas, que ocupa ese cargo en el Banco Etcheverría.

Escotet podrá controlar lo que hoy se llama Novagalicia -ya veremos qué nombre le ponen ahora- con un porcentaje mucho más bajo del que tiene. Y si el banco va bien –Castellano lo deja en beneficios-, no le faltarán novias al entusiasta banquero venezolano. Lo importante no es tanto de quienes sea propiedad el banco como que exista un gran banco en Galicia, capaz de ser líder en el noroeste de España. Como ha explicado en Mundiario Marcelino L. Fernández Mallo, economista con larga trayectoria en el sector financiero, la adjudicación de Novagalicia a Banesco presenta “una larga lista de beneficios”.

El que no sale ganando es el Estado, porque el FROB ha vendido Novagalicia antes de tiempo, con lo cual endosa al déficit público unos 8.000 millones de euros de los más de 9.000 millones que invirtió en su saneamiento. A pesar de tratarse de cifras de una dimensión clave para las propias cuentas del Estado, el Gobierno de Mariano Rajoy sigue sin explicar el adelanto de la privatización.

Como curiosidad, ¿quién se iba a imaginar que, después de tantos líos localistas en las desaparecidas cajas gallegas, el futuro del negocio resultante -léase Novagalicia- terminaría en manos de un banco venezolano y de otro de Betanzos? @J_L_Gomez

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