El G-20 acusa a la desigualdad social de condicionar el libre comercio

Líderes del G-20 en Hangzhou, China.
Líderes del G-20 en Hangzhou, China.

El foro de las más grandes potencias económicas del planeta llega a su fin con una serie de nuevos compromisos pero sin ningún avance que pueda considerarse relevante.

El G-20 acusa a la desigualdad social de condicionar el libre comercio

Llegó a su fin la gran cumbre de las 20 grandes potencias económicas y emergentes del mundo. El evento de Hangzhou no dejó ningún avance relevante, pero sí permitió que los participantes llegaran al consenso de que es imperativo impulsar un "crecimiento incluyente" para contrarrestar las políticas proteccionistas. "El crecimiento ha sido muy bajo durante mucho tiempo y ha beneficiado a muy pocos", dijo Christine Legarde, titular del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La principal sugerencia de los grandes líderes es luchar contra las iniciativas proteccionistas y limpiar el camino para el comercio y la inversión internacional. El G-20 deberá pelear contra el todavía presente miedo a la globalización y los discursos de aquellos que han alzado la voz contra inversiones extranjeras en sus países. "Vamos a apoyar a los mecanismos multilaterales de comercio y nos opondremos al proteccionismo para revertir la disminución del comercio mundial", comentó Xi Jinping, presidente de China, país sede de la cumbre. Europa y Estados Unidos solicitaron que el intercambio de mercancías sea justo en todo el mundo, una clara alusión a los chinos, especialmente en sectores como siderúrgico (industria del metal).

 El mayor exponente del proteccionismo es Donald Trump. Unido al descabellado republicano se puede mencionar al Gobierno de Francia, quien recientemente ha comentado sin tapujos que solicitará a Bruselas cortar las negociaciones comerciales con Estados Unidos.

En comparación con las conclusiones de cumbres anteriores, en ésta se hizo especial hincapié en las desigualdades sociales y económicas, así como la necesidad de encontrar una solución a delitos fiscales de las grandes multinacionales. "Nuestro crecimiento tiene que ser incluyente para que sea fuerte, sostenible y equilibrado", se lee en el informe final de la cumbre. 

La globalización a estas alturas es un tema que ya no puede ser ignorado. El auge del populismo tiene especialmente preocupados a los grandes líderes. Por ejemplo, la xenófoba Alternativa para Alemania (AFD, por sus siglas en alemán) venció en las elecciones dominicales a la Democracia Cristiana de Ángela Merkel. "Si no abordamos el problema de la desigualdad, se podría poner en peligro el sistema de gobernanza global en la forma que lo conocemos actualmente", comentó un diplomático europeo. 

Pese a la insistencia del presidente chino de utilizar palabras tajantes y directas, el Plan Hangzhou, el esperado proyecto emitido a raíz de las conversaciones del evento, jamás llegó. El texto final, en cambio, sólo redunda en varios planes que no ofrecen una solución real a los problemas de la economía global. Arribar a un compromiso de esas dimensiones fue imposible tomando en cuenta los asuntos con los que lidia cada país, tan dispares unos de otros, tal como advirtieron los principales ministros de Finanzas a principios de año.

Así, los representantes de las naciones involucradas esperan echar mano de todos los recursos posibles para apurar el crecimiento. Esos recursos son, específicamente, políticas monetarias y fiscales expansivas y la puesta en marcha de reformas estructurales. Se solicita que se dependa menos de los bancos centrales y más de las reformas, aunque éstas tienden a ser como sal en las heridas de los políticos, pero igual reconocen que "queda mucho por hacer" hasta llegar a ver resultados.

El G-20 ha incumplido casi todos los acuerdos y compromisos firmados en Brisbane en 2014, lo cual compromete su veracidad y las esperanzas de un futuro mejor. "Es el principal foro de cooperación internacional, pero aún queda mucho camino para convertirlo en un sistema de gobernanza mundial", confiesa otro diplomático europeo.

No obstante, el grupo se defiende asegurando que sí ha avanzado y logrado grandes cosas en otros ámbitos, como por ejemplo la lucha contra individuos y empresas deshonestas, especialmente aquellas que se aprovechan de las leyes fiscales de ciertos países. Los integrantes trabajan en un proyecto que les haría compartir información fiscal mutuamente y que sería lanzado para 2018. El próximo año se volverán a reunir en Alemania y contarán con una lista hecha por la OCDE en el que se detallarán los países que no estén dispuestos a colaborar con el grupo. Quienes estén en esa lista, se deberán atener a las consecuencias. @hmorales_gt

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