El FMI marca el paso al BCE: bajar al 2% y plantarse en ese nivel
Pocas veces el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido tan claro en sus recomendaciones como lo ha sido ahora con el Banco Central Europeo (BCE). Bajen al 2% y planten bandera, vino a decir Alfred Kammer, director del departamento europeo del FMI, en un gesto que podría interpretarse como una sugerencia… o una advertencia.
No es habitual que un organismo como el FMI se inmiscuya con tanta precisión en la política monetaria de una institución independiente como el BCE. Sin embargo, en tiempos de incertidumbre económica global y con una inflación que se acerca por fin a los objetivos deseados, el margen de error es escaso. El BCE ya ha llevado a cabo siete recortes consecutivos desde junio del año pasado, lo que deja el tipo oficial en el 2,25%. La posibilidad de una nueva rebaja en junio flota en el aire, pero el mensaje del organismo internacional es claro: mejor frenar antes de caer en el precipicio.
El trasfondo no es alentador. La previsión de crecimiento de la eurozona ha vuelto a ajustarse a la baja: del 1,0% al 0,8%. Solo el impulso de medidas extraordinarias, como el paquete de infraestructuras alemán o el aumento del gasto en defensa, evita que la revisión sea aún más pesimista. Y aunque esos estímulos podrían tener un efecto positivo entre 2025 y 2026, los riesgos siguen siendo mayores por el lado negativo: guerras comerciales, tensiones geopolíticas, inflación incierta y un crecimiento demasiado frágil.
Un escenario que aconseja prudencia
Aquí es donde la recomendación del FMI adquiere sentido. No se trata solo de bajar tipos por inercia, sino de hacerlo con criterio y luego mantener la estabilidad. La inflación ya no es el monstruo desbocado de hace unos meses. De hecho, la propia Christine Lagarde ha reconocido que, en el contexto europeo, el impacto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China puede terminar siendo más desinflacionario que inflacionario. Un escenario así aconseja prudencia, no audacia.
Y hay más: el FMI también insta a los países europeos a reconstruir sus colchones fiscales, a impulsar reformas estructurales y a apostar por una integración más ambiciosa. Pide que no se frene el cambio estructural inevitable que viene con los nuevos patrones comerciales y que se aproveche la coyuntura para modernizar los mercados laborales, mejorar la movilidad y fomentar la innovación.
En este contexto, el BCE tiene que moverse con bisturí, no con martillo. Una política monetaria demasiado expansiva podría debilitar aún más el euro, calentar innecesariamente algunos mercados y provocar nuevas distorsiones. De ahí que el consejo del FMI, por una vez, deba tomarse muy en serio.
El mensaje final es sencillo: ahora que lo más duro de la inflación parece haber pasado, el verdadero reto es no pasarse de frenada. El 2% puede ser más que una cifra: puede ser el punto de equilibrio que Europa necesita. @mundiario