La falta de consenso, un síndrome que pasa factura a la economía española

El coronavirus, protagonista de otra crisis económica histórica.
El coronavirus, protagonista de otra crisis económica histórica.
El guerracivilismo dialéctico ha de dejar paso a un patriotismo que vele por los intereses generales y la prosperidad, en especial tras la crisis de la Covid-19.
La falta de consenso, un síndrome que pasa factura a la economía española

No sé si estarán de acuerdo, pero la falta de consenso en España es un mal endémico, que arrastramos desde el final del reinado de los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II. Con la expulsión de los judíos y de los moriscos, los cristianos de la Península Ibérica no han sabido cultivar otra cosa que lo que seguimos haciendo con excelencia: la guerra, como bien apuntaba Miguel Delibes en su obra “La tierra herida”. Antes eran con lanzas y espadas, después a base de cañonazos y bombardeos, para luego pasar al tiro en la nuca y, de vuelta en Democracia, con la gresca dialéctica eterna. Si Don Quijote levantara hoy la cabeza, desgraciadamente constataría que las dos España siguen en pie de guerra. Y estas dos Españas es la que nos ha atrasado en el tiempo y en el presente.

Algún político como Jordi Sevilla se preguntaba en redes sociales estos días qué habíamos hecho para padecer el mal crónico del paro. Tras la crisis del Covid19, todos los pronósticos apuntan a que se volverá a disparar la tasa del desempleo en España hasta el record del 20 o 30%, nuevamente la más alta de toda la UE.

Lamentablemente desde la llegada de la Democracia, y salvo paréntesis escuetos, siempre hemos tenido que bregar con altas tasas de desempleo. Obviamente este hecho constata que en política económica no hemos hecho bien nuestros deberes. Poner parches no es buscar remedios a largo plazo. Y en respuesta al  exministro socialista Sevilla, aunque hemos mejorado mucho, salido del atraso social a partir de 1978 y progresado con la entrada en el Mercado Común gracias a los Fondos comunitarios (especialmente para  grandes infraestructuras), siempre quedaban pendientes de acometer otras reformas estructurales y no coyunturales de mayor calado (constitucional, reforma laboral, judicial, educativa, fiscal, industrial, digital, climática, territorial, etc).

Que no se han llevado hasta su fin último, por la cobardía de  los distintos gobiernos alternados en La Moncloa del PSOE y PP. Y hasta incluso por holgazanería, impropios de gobiernos patriotas, por miedo a perder en las urnas la reelección. Pese a gozar en diversas etapas de mayorías absolutas, dichas reformas estructurales se han ido aplazando hasta mejor ocasión por falta de consenso con las fuerzas sociales.

Esta constante nos ha pillado con la crisis financiera del 2008, de la que parecía que estábamos saliendo, y más recientemente con la del Covid19. Ahora en medio de la crisis  más grave desde el final de la II Guerra Mundial a consecuencia de la pandemia del corona virus, en España con un gobierno débil a base de socio-comunistas, nacionalistas, republicanos y  batasunos, repetimos el síndrome para no abordar con suficiente consenso lo que de verdad necesita el país para afrontar el futuro y luchar contra otra grave consecuencia de la galopante recesión: nuestro paro masivo.

A la debilidad del ejecutivo, se le suma con o sin razón la hostilidad sistemática  del partido o partidos en la oposición, cuya única estrategia como en tantas ocasiones en el pasado es derrocar al gobierno de turno, nuevas elecciones y vuelta a empezar.

Tanta ingravidez política, ya nos hizo perder mucho tiempo en lo que parecía ser la salida de la crisis del 2008 pese a la llegada de una desaceleración que hasta los gurús de Pedro Sánchez, como en tiempos de Zapatero, volvían a negar. El disparo del desempleo a consecuencia del  confinamiento (lockdown y shutdown) hasta nuevas cotas históricas en Europa según ciertas predicciones, pone en evidencia las vergüenzas de la economía española.

Dinámica indicadores de calidad.

Presumir de ser la quinta potencia de la UE (¿ recuerdan cuando superamos a Italia y apunto estuvimos de superar al Reino Unido y Francia en tiempos de ZP?) con unos cimientos productivos propios del siglo pasado en la era aC (antes del covid) basado en la desindustrialización, el ladrillo y el turismo, nos ha conducido a no comprender que en la recién iniciada era dC (después del Covid) se han de afrontar nuevos paradigmas como desde este medio hemos apuntado en otras ocasiones, y apostar por nuevos modelos productivos. Estos y sin esperar a que vengan impuestos por la UE, pasan entre otros por: la economía verde (la lucha acelerada contra el cambio climático y la descarbonización del aparato productivo), la apuesta firme por la economía digital, junto a la capacitación de mano de obra cualificada, las infraestructuras y la denominada “industria del español” , esta última como ventaja competitiva.

Aunque los más avanzados socios europeos ya se han decantado por una reconstrucción basada en la revolución ecodigital, en España seguimos anclados en la disputa permanente, en la falta de consenso y en actuaciones que enfrentan al Gobierno de la nación con los reinos de taifas en las CCAA, los grupos parlamentarios y los colectivos de los grupos de interés. Tanta incompetencia pone a salvo el desgaste en las urnas cuando afrontemos los deberes.

Si hubiese  estadísticas imparciales, tal vez seríamos capaces de medir con honestidad y sin tufo partidista unos marcadores sobre los costes económicos por la falta de consenso en España y su impacto en la economía. A falta de ellos, existe al menos un estudio del BBVA del 2018 que justifica un incremento del 20% del PIB si fuéramos capaces de mejorar la calidad institucional en España, ya que sentaría las bases para una mayor inversión, productividad y empleo.

En cualquier caso, hacer descansar el PIB como en el siglo pasado en el ladrillo y el turismo simplemente por incompetencia política, es no haber entendido hacia dónde camina el mundo, en especial tras el covid19. Buena parte del aparato productivo ha de reconvertirse y adaptarse  a la revolución ecodigital.

El desgaste que ocasionaría poner a punto nuestra sociedad y al aparato económico en su totalidad sería de tal magnitud, que no parece que haya ningún partido hoy por hoy, solo o en coalición, suficientemente “patriota” dispuesto a asumir el “coste” y a idear una política industrial acorde con la era dC.

Desgraciadamente por eso la pandemia del paro seguirá azotándonos, cuestionando junto con la bajísima fertilidad, el sostenimiento del Estado de bienestar.

Hasta que no superemos el síndrome de la falta de consenso, nos pongamos el mono de trabajo y dejemos de  construir castillos de arena, apostando por reformas de amplia aprobación social y estabilidad institucional, hasta entonces, seguiremos restando competitividad, enteros a la balanza de pagos, hipotecando el pago de la deuda y dañando nuestra  calificación crediticia internacional. Pensar que Europa siempre nos ha de salvar, es iluso. La nueva normalidad pasa posiblemente por una nueva legión de políticos, ya que padecer tantos parados por tanto antipatriota no nos merecemos. @mundiario

 

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