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La ‘euroeconomía’ está en peligro y Lagarde admite que podría hundirse un 15% en 2020

Este pronunciamiento viene dado en un contexto en el que se hace imperativo para la UE terminar de afinar los detalles del mecanismo de distribución del fondo de 1,6 billones de euros.
La ‘euroeconomía’ está en peligro y Lagarde admite que podría hundirse un 15% en 2020
La presidenta del Banco Central Europeo / Christine Lagarde / elconfidencial.com
La presidenta del Banco Central Europeo / Christine Lagarde / elconfidencial.com

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Ricardo Serrano

Ricardo Serrano

El autor, RICARDO SERRANO, colaborador de MUNDIARIO, es un periodista venezolano especializado en política y economía con experiencia en diversos periódicos de Venezuela y un portal web de Argentina. @mundiario

La eurozona es ahora una zona roja. Los pocos capitales que llegan de otros mercados se estacionan en la confianza que pudiera brindarle el Banco Central Europeo (BCE) a través de los servicios e instrumentos de endeudamiento, sus inversores los colocan en las Bolsas de Londres, Madrid, París, Berlín y Milán, pero apenas notan una señal de debilidad o el mercado se sacude por la volatilidad transmitida desde Wall Street o el precio del petróleo (que determina las dinámicas operativas de muchas empresas que cotizan en los índices accionarios europeos), se van de UE y trasladan sus capitales hacia los bonos del Tesoro de Estados Unidos, el patrón dólar o el patrón oro como refugio.

Es por ello que, ante el incremento en el riesgo de invertir y colocar dinero en Europa, lo que ha hecho explotar las primas de riesgo de las economías referenciales del Viejo Continente, como España, Alemania y Italia, el BCE busca calmar las aguas y demostrar que el tiempo de actuar es ahora. Incluso después del error que cometió su más alta funcionaria al afirmar en marzo que la máxima autoridad monetaria europea no tiene la misión de bajar el riesgo financiero de los países del Sur y los capitales de los inversores, hoy ha querido mostrar una imagen más realista y endeble.

Y es que a la presidenta del BCE, Christine Lagarde, le toca volver a tratar de llevar a la reflexión máxima a los líderes de la UE. Otra cumbre más, otra exhortación más, otro llamado más a la acción en lugar de la retórica y la política.

La presidenta del ente encargado de emitir y controlar el monopolio del euro urgió este jueves en la reunión por videoconferencia de jefes de Estado y de Gobierno a actuar con contundencia ante las dimensiones de la recesión. Este pronunciamiento viene dado en un contexto en el que se hace imperativo para la UE terminar de afinar los detalles del mecanismo de distribución del fondo de 1,6 billones de euros que la Comisión y el Consejo Europeo tienen bosquejados en documentos aprobados por el consenso de los líderes de las potencias del bloque y los países de la periferia del eje dominado por Alemania, Francia, España e Italia.

Según fuentes comunitarias, reseñado por El País, Lagarde afirmó que su institución prevé que la economía de la zona euro caiga un 9%, aunque el desplome podría llegar al 15%. Ante esa posibilidad, Lagarde pidió a los Veintisiete un plan “rápido, firme y flexible”. Esta caída implica una pérdida de 1,6 billones de euros, si es el 9%, o 2,7 billones de euros, si es el 15% pronosticado por la jefa del BCE. Por lo tanto, el fondo de reconstrucción denominado en un probable monto de 1,6 billones (1.600.000.000.000) sería el tramo de reposición de ese importante espacio financiero en la economía europea solo si la recesión llega al 9% por encima del -7,5% pronosticado por el FMI, todo esto en un escenario optimista que deseche el mal augurio de la economista francesa Lagarde.

La banquera central llega de nuevo a la cumbre tras haber actuado para evitar males mayores. Su intención es evitar que Europa caiga en una fragmentación del euro y por eso se vio motivada a anunciar la compra de activos y a inyectar liquidez por 750.000 millones en un esfuerzo por respaldar las reservas del Banco Central comunitario si la recesión llega a colapsar la demanda monetaria de euros y extrapola la tendencia instintiva de supervivencia de las empresas al aparentemente infranqueable dólar estadounidense.

El miércoles, el BCE había anunciado que aceptaría los bonos basura como garantía en las operaciones de liquidez a la banca ante la subida de las primas de riesgo de España e Italia. Esto implica que la autoridad monetaria europea asumiría el financiamiento de las deudas con altos índices de riesgo y baja solvencia en esos dos países con primas muy altas por la volatilidad de sus mercados y la poca rentabilidad de sus economías debido al shock de la pandemia. Lagarde tomó esa decisión a sabiendas del riesgo inmenso que corre con una posible crisis de deuda que llegase a detonar luego de que toda la economía de la región se sature de liquidez y financiamiento público con enormes cargas fiscales ante la escasez de financiamiento privado.

Esos dos países —y también Francia, Portugal o Grecia— pelean en la reunión por lanzar un plan de estímulos sin entrar en el peligroso terreno de otra crisis de deuda soberana, tomando en cuenta que, por ejemplo, el déficit de España alcanzará el nivel del 115% de su PIB, es decir, el país ibérico tendrá un diferencial mayor de gastos por encima del doble del valor de su economía en ingresos generados desde 2019 y en los pocos días de estabilidad que tuvo 2020 antes del inicio de esta nueva crisis económica mundial.

A comienzos de marzo, Lagarde se dirigió a los Veintisiete para advertirles de una crisis similar a la de 2008. Hoy ya hay la certidumbre de que esa recesión será peor que la de entonces. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una caída del PIB del 7,5%. El BCE va más lejos. Según las fuentes consultadas, el BCE ya baraja en su escenario central que la bajada sea del 9%, pero no descarta que pueda llegar incluso al 15%. Este escenario deja entrever que el flujo de capitales que se generan en los mercados emergentes y en los mercados desarrollados de Occidente, en especial de EE UU, que invierten en el Viejo Continente, se reducirán en una décima parte o más como proporción del stock de capitales que reposa en Europa con cada inversión, préstamo, acción comprada, deuda contraída o exportación pagada desde América o Asia a alguna empresa europea dentro del espacio de las potencias industriales y económicas de Occidente; Alemania, Francia y España, sin contar al competidor transatlántico norteamericano.

La magnitud de esa recesión dependerá de multitud de factores aún desconocidos, como la velocidad que se imprima a la desescalada o la posibilidad de una segunda ola de retracción en la velocidad de los circuitos financieros, que se quedan progresivamente con menos capitales para operar e inyectar liquidez a los mercados de capital, a los bancos y al mercado de trabajo, que es el nivel mayoritario y social de la economía que a los europeos les interesa. Pero también de la potencia del paquete de medidas que adopten los Veintisiete.

Por ello, Lagarde les reclamó un plan de recuperación que sea aplicado de forma rápida y enérgica. El tiempo sigue estando a favor de la Unión Europea. La clave de salir ilesos de esta crisis dependerá de que la efectividad de las acciones económicas y políticas en pro del Estado del bienestar europeo sea mucho más penetrante que las consecuencias sociales, sanitarias y humanitarias de la pandemia de coronavirus. @mundiario