España tiene un problema serio con los desequilibrios de sus cuentas públicas

Ministerio de Hacienda. / RRSS
Ministerio de Hacienda. / RR SS

Parece claro que una reforma tributaria a fondo, combinada con un cambio de paradigma en la evaluación de la rentabilidad social del gasto, permitiría mejorar la eficiencia, equidad y estabilidad de las cuentas públicas españolas, indica Santiago Lago.

España tiene un problema serio con los desequilibrios de sus cuentas públicas

España tiene un problema con su déficit público, advierte Santiago Lago Peñas, catedrático de Hacienda. Padece un desequilibrio estructural que frena la necesaria metabolización de la ratio deuda pública/PIB. Una ratio elevada que la hace vulnerable a escenarios de reducción del crecimiento económico, subida de tipos de interés y tormentas financieras. Además, un déficit estructural por encima del 2% del PIB limita la capacidad de respuesta ante un choque macroeconómico, subraya este autor.

Pero a su juicio la sociedad española tiene todavía pendiente asumir que tiene un serio problema con el desequilibrio de sus cuentas públicas. La comparación con otros países del entorno revela que el origen del déficit público español se encuentra más en una insuficiencia de ingresos que en un gasto elevado.

"Parece claro, por tanto, que una reforma tributaria a fondo, combinada con un cambio de paradigma en la evaluación de la rentabilidad social del gasto, permitiría mejorar la eficiencia, equidad y estabilidad de las cuentas públicas españolas", indica Santiago Lago

El 29 de marzo de 2019, el Ministerio de Hacienda informó de que el déficit público español, expresado como porcentaje del producto interior bruto (PIB), había cerrado el ejercicio 2018 en -2,63%. Menos de un mes después, el 23 de abril, Eurostat ha confirmado una cifra ligeramente mejor: -2,48%. El habitual proceso de consultas e intercambio de información entre unos y otros favoreció en este caso a España, que además abandona el procedimiento de déficit excesivo. Puesto que el déficit de 2017 fue del -3,08%, la reducción habría alcanzado las seis décimas del PIB.

Además, la cifra final se queda por debajo de la mayoría de las proyecciones independientes y oficiales que se manejaban a principios de año y que apostaban, con un notable consenso, por el -2,7%. "La explicación a esta sorpresa positiva se encuentra, sobre todo, en el lado de los ingresos: la recaudación tributaria se ha comportado mejor de lo esperado en los últimos meses del año", explica este profesor de la Universidade de Vigo.

No obstante, la rebaja del déficit ha sido insuficiente para cumplir con el objetivo inicial para 2018 (-2,2%) y para reducir significativamente la ratio de deuda pública sobre PIB. Según Eurostat (2019), se situó a finales de 2018 en el 97,09% del PIB, apenas un punto menos que en 2017 (98,12%). Y ello, a pesar de que el crecimiento de la economía española se mantiene a tasas elevadas, aumentando el denominador de la ratio. A juicio de Santiago Lago, el efecto de los estabilizadores automáticos llevaría rápidamente el déficit muy por encima del -3%, imposibilitando la apuesta por impulsos fiscales de tipo discrecional.

Ante este panorama sociológico sorprende poco –comenta Lago Peñas– que el debate político no haga del control del déficit público uno de los ejes centrales de la política económica o que la coherencia programática o presupuestaria entre gastos e ingresos públicos sea una exigencia insoslayable. En definitiva, la sociedad española tiene todavía pendiente el reto de asumir que tiene un problema serio con los desequilibrios de sus cuentas públicas. @mundiario

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