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MUNDIARIO

España sigue enfrascada en estériles debates, lejos de abordar los problemas económicos

Problemas como el Brexit o la guerra comercial entre China y EE UU, que parecían lejanos, están empezando a condicionar todo tipo de actividades, con repercusión en la vida de la gente. Vienen curvas.
España sigue enfrascada en estériles debates, lejos de abordar los problemas económicos
El Brexit en Facebook. / RR SS
El Brexit en Facebook. / RR SS

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José Luis Gómez

José Luis Gómez

El autor, JOSÉ LUIS GÓMEZ, periodista, es el fundador de MUNDIARIO. También es comentarista de la TVG, Radio Galega y Radio Coruña (SER), así como analista económico de La Región y coeditor del Anuario del Foro Económico de Galicia. Dirigió Capital, Xornal y La Voz de Galicia y fue director editorial de Grupo Zeta. Es autor, entre otros, del libro Cómo salir de esta. @J_L_Gomez

Son tantas las amenazas que planean sobre la economía que cuesta jerarquizarlas. Pero el vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, lo ha hecho: el principal factor de la desaceleración económica en Europa es el Brexit. Desde el BCE también se observa incertidumbre ante eventuales tensiones de liquidez en algunos fondos de inversión y, si bien se considera la banca más sólida que hace diez años, ahí sigue su escasa rentabilidad y baja cotización.

El Brexit acarreará problemas en todos los sectores y en la vida de la gente; más, probablemente, en el Reino Unido, pero eso no es un consuelo para España, que ya sufre la baja de turistas y un descenso en la inversión de viviendas por parte de ciudadanos británicos. En varios sectores son previsibles las caídas de las ventas.

La ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, pide mantener la calma pero ya admite posibilidad de rebajar su previsión de crecimiento del 2,2% del PIB, siguiendo la estela del Banco de España y de servicios de estudios privados.

En realidad no solo es el Brexit el causante de los problemas que se avecinan. Las tensiones comerciales entre China y EE UU repercuten en Europa, cada vez más inmersa en ese conflicto de gigantes, con muchos aranceles encima de la mesa. De entrada, Alemania, la locomotora europea, abandera que la UE también le imponga aranceles a EE UU en respuesta a sus amenazas, todavía susceptibles de ser negociadas para no dañar los intercambios comerciales. Si no fuese así, los grandes titulares de la guerra comercial bajarían a la arena doméstica en sectores como el vino, ya que EE UU es su cuarto mayor destino de exportación.

Alemania no quiere reaccionar en cambio ante la falta de cohesión en la UE, un gigante comercial a la altura de China y EE UU pero sin un respaldo político. Angela Merkel ni siquiera tiene previsto actuar en la eurozona, donde las posiciones –y los problemas– de Grecia, Italia, España y Portugal siguen sin tenerse en cuenta, frente al bloque del norte.

La política monetaria del Banco Central Europea parece agotada pero Alemania no quiere profundizar en la política fiscal, y menos aún en los eurobonos. Esta parálisis europea, en plena guerra comercial –global–, coloca a los alemanes en riesgo de recesión pero no es menos cierto que en su caso tienen margen fiscal para actuar. No así sus socios, entre ellos España, cuyos niveles de deuda son disparatados.

Lejos de abordarse con detalle todos estos frentes, la política española sigue enfrascada en estériles debates camino de otras elecciones el 10 de noviembre. Pero el mundo, que funciona en claves distintas, no se detiene por ello. La situación de provisionalidad impide adoptar medidas presupuestarias y afrontar reformas estructurales que siguen aplazadas.

Ni siquiera se abordan –en serio– problemas que surgen al hilo de la transición ecológica, con sectores en riesgo de reconversión, como el energético y el del automóvil. Nada de lo que está pasando con el cierre de las térmicas –dos de ellas en Galicia– ni la reducción de las ventas de coches es casual. España ha llegado a esta crisis de la automoción siendo el segundo país productor de Europa, por detrás de Alemania pero por delante de Francia, y está por verse que sea capaz de mantener su posición estratégica en un sector generador de mucho empleo y de calidad. De los pocos que quedan, por cierto. @J_L_Gomez

¿Habrá algún revés turístico antes de alcanzar los 100 millones?

Suele darse por hecho que el turismo es el gran sostén de la economía española, donde también es importante el sector del automóvil, al ser España el segundo fabricante de Europa. Pero ante la crisis global que se avecina, ni siquiera el turismo quedará a salvo. Si bien a largo plazo hay expectativas de alcanzar los 100 millones de turistas, a corto puede haber dificultades y retrocesos con el turismo procedente de Gran Bretaña, debido al Brexit, y de Alemania, si entra en recesión. Entre tanto, el consumo interno y las exportaciones, que impulsaron la recuperación, van a menos, pero hay algo que sigue yendo a más: la deuda pública. Este verano, alcanzó otro récord, al protagonizar su mayor subida en tres años. Para situarnos, la deuda andaba hace diez años por los 400.000 millones y hace cinco por el billón. Hoy está en 1,21 billones de euros. Las administraciones públicas deben una cifra equivalente al 98,4% del PIB, lejos del objetivo del Gobierno para finales de año del 95,8%. @mundiario

–––––––– PROTAGONISTAS ––––––––

> Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.- El Ejecutivo, que ya admite la ralentización de la economía y el empleo, no descarta revisar a la baja sus previsiones de crecimiento. El optimismo del presidente en campaña electoral no parece tener mucho fundamento. Falta un mensaje más realista. 

> Nadia Calviño, ministra de Economía.- Se bandea como puede. “Más allá de que el crecimiento sea una décima más alto o una décima más bajo, lo más importante es constatar que estamos en una fase expansiva”, argumenta la titular de Economía, sin ocultar que “el ritmo es más lento”.

> Luis de Guindos, vicepresidente del BCE.- Dice que de la economía española solo se puede hablar bien porque ha conseguido crecer durante cinco o seis años seguidos por encima de la media europea y con superávit comercial, algo que puede seguir haciendo a pesar de la desaceleración.

> Pablo Casado, líder de la Oposición.- Convencido de que los malos datos económicos juegan a favor del PP, quiere la economía en el centro de su campaña, con independencia de que hable de Cataluña, a raíz de la sentencia sobre el 1-O. Se ofrecerá como el presidente para afrontar la crisis.