España no acaba de encajar su viabilidad financiera en las cuentas del Estado

Mariano Rajoy, en el Congreso.
Mariano Rajoy, en el Congreso.
A pesar de los recortes presupuestarios y de las sucesivas subidas de impuestos, al Gobierno de Mariano Rajoy le resulta difícil cumplir los objetivos de déficit público en España.
España no acaba de encajar su viabilidad financiera en las cuentas del Estado

Como la crisis se eterniza, llevamos ya años hablando de la devaluación interna de la economía española -en síntesis, subida de impuestos y reducción de salarios-, y no salimos de ahí. Al contrario, en ausencia de políticas expansivas, Bruselas y Madrid perseveran en esa receta. Por eso la Comisión Europea y el Banco de España dicen lo que dicen, a veces con alguna que otra exageración de por medio, tal vez con el propósito de que el resultado final no ‘duela’ tanto. Pero lo importante es que de ahí, de ese creciente círculo vicioso, no se sale. No hay new deal a la vista.

España debe mucho, le cobran muchos intereses y para poder pagar se aprieta el cinturón y recauda más, con lo cual la mayoría de la gente vive cada vez peor. Es un modelo hecho a medida de los que prestan el dinero, hasta ahora poco o nada negociado. Europa –léase Alemania- tampoco ayuda y el Banco Central Europeo aplica calmantes de vez en cuando. Y así seguimos, tirando a duras penas.

En el episodio más reciente de la agenda alemana para España, la Unión Europea acaba de decir que hay margen para la revisión impositiva sobre la base de que la ratio ingresos tributarios/PIB es más baja en España que en otros países europeos. Obviamente, como dice la profesora de la USC María Bastida, una subida del IVA mejora esta ratio por el numerador, al menos en teoría, pero si se sube la recaudación por IRPF (porque se cobra más, no porque se suben los tipos); la del Impuesto de Sociedades (porque las empresas tienen más beneficios), y la del IVA (porque se vende más, sin variar los tipos actuales) se mejoraría igualmente la ratio, con la particularidad de que progresaría también el denominador y habría un efecto multiplicador en la economía. Pero un modelo así exige políticas expansivas y de crecimiento, que es justo lo que no hay ni se ve en el horizonte más inmediato.

De vuelta a la realidad, lo que seguimos viendo es que, a pesar de los ajustes presupuestarios y de las subidas de impuestos, resulta difícil cumplir los objetivos de déficit, lo que explica que Bruselas y Madrid solo piensen en nuevos recortes en pensiones, educación, sanidad y desempleo.

Otra alternativa a nuevas subidas de impuestos sería perseguir el fraude y la evasión de capitales, ya que si se evitaran ambos fenómenos, la recaudación fiscal prácticamente se duplicaría, pero tampoco en este frente se observan resultados.

Para ingresar más, el Gobierno también podría elevar la fiscalidad a los ricos, subir los impuestos a las grandes compañías, gravar las transacciones financieras y, sobre todo, combatir la economía sumergida con determinación, hasta dejarla más o menos en la mitad de su actual dimensión, que es el doble de la media europea y afecta a un 25 % del PIB. GESTHA, asociación compuesta por técnicos del Ministerio de Hacienda, sostiene que es posible ingresar más de 63.300 millones adicionales cada año.

Parece evidente que España precisa una reforma fiscal en profundidad, lejos de seguir aplicando parches. Al menos si quiere mantener el Estado del bienestar con unos mínimos de calidad. Si definiera bien qué tipo de Estado eficiente es preciso, quedaría cuantificar su coste y repartirlo de la manera más equitativa posible, con visión de conjunto y transparencia, sin más apaños. Y en eso debería consistir un gran pacto político, económico y social en España. @J_L_Gomez

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