España hizo un mal negocio con su integración en la política pesquera de la UE

Barcos de pesca. / Pixabay.
Barcos de pesca. / Pixabay

La UE no aplica a España una política de pesca, sino que quiere hacer valer su política de intereses en favor de aquellos Estados miembros que, para la pesca, solo tienen ojos si se trata de contar los euros que se invierten en el sector.

España hizo un mal negocio con su integración en la política pesquera de la UE

Hace años que la Comisión Europea juega al gato y al ratón con la flota pesquera comunitaria. Especialmente con aquella que, caso de la española, más significativamente incide en en la cuenta de gastos de la UE porque, no me cabe la menor duda, al ser España el Estado miembro que dispone de mayor flota y, además, el que precisa de mayores cantidades de pescado para consumo en fresco y elaborado en las fábricas de conserva, es también el que recibe mayores ayudas económicas para el sostenimiento de su status (los demás países integrantes de la Unión Europea pueden prescindir sin problemas del pescado porque su dieta no se basa en éste, o bien reducir notablemente su consumo).

Por tal motivo, parece una quimera que el sector, a través de la Fundación Rendemento Económico Mínimo Sostible e Social (FREMSS), espere una respuesta favorable a su pretensión de que Bruselas flexibilice la política de descartes y desembarque de capturas y la revisión de la asignación de cuotas y tallas mínimas de referencia, o la no aplicación de la denostada política de descartes a todas las flotas por igual.

Para la sociedad en la que España está integrada –en mala hora para la pesca– desde el año 1986,  la entrada en la misma  fue un mal negocio. Por esto los aún no compañeros de viaje pusieron todas las trabas posibles en el reconocimiento en paridad de España con los demás Estados Miembros de nuestros derechos. En materia pesquera nunca, nunca, hemos sido iguales a los franceses, británicos, italianos, alemanes, holandeses, etc. A España se le negó la mayor y ha habido cotos cerrados para nuestros barcos, al tiempo que persecuciones por parte de las patrulleras de Francia, Irlanda o el Reino Unido a los barcos de pesca españoles, especialmente los gallegos, el enemigo a batir a pesar de estar integrados todos –ellos y nosotros– en el mismo club.

Ahora se intenta poner el pestillo a las puertas que impiden la igualdad aplicando –y saben por qué y cómo–  medidas que el sector pesquero español está muy lejos de poder asumir, por no decir que sería su condena hacerlo o, lo que es peor, un suicidio: la eliminación de los descartes. Sería, de llevarse a cabo a partir del próximo año, la eliminación también de barcos de pesca, de marineros, de capital vinculado a la pesca y, en definitiva, abrir las puertas al pescado procedente de terceros países cuya importación resulta a todas luces mucho más barata que acumular millones de euros para un fondo como el de la pesca del que se beneficia mayoritariamente un país cuyos habitantes duermen la siesta, celebran fiestas continuamente y no rinden lo suficiente en su trabajo, como más de una vez han apuntado eurodiputados y periodistas de esos mismos países socios de España en la jaula bruselense de lobbies dedicados a presionar sin la más mínima transparencia en su quehacer.

Tenemos que convencernos de una puñetera vez: la UE no aplica a España una política de pesca, sino que quiere hacer valer su política de intereses en favor de aquellos Estados miembros que, para la pesca, solo tienen ojos si se trata de contar los euros que se invierten en el sector. Son los mismos ojos que se cierran cuando se detienen camiones con frutos españoles que se distribuyen en Europa, o los que no quieren ver lo que hacen los barcos pelágicos en aguas españolas (comunitarias) para la captura de bonito. Entre otras lindezas.

Lo suyo, "lo" de la UE es hundir la flota. Un juego barato y ciertamente de distracción. @mundiario

España hizo un mal negocio con su integración en la política pesquera de la UE
Comentarios