España baja del 10% de paro y supera los 22 millones de ocupados

España baja del 10% de paro y supera los 22 millones de ocupados. / Mundiario.
El mercado laboral español ha cruzado una frontera simbólica que llevaba casi dos décadas sin superarse: la tasa de paro cae por debajo del 10% y la ocupación alcanza su máximo histórico.

España ha entrado en una nueva fase de su mercado laboral. Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2025 confirman un hito histórico: la tasa de paro se sitúa en el 9,93%, rompiendo la barrera del 10% por primera vez en 17 años. No se trata de un ajuste estadístico menor, sino de un cambio de ciclo que refleja una transformación profunda del empleo en el país tras años de recuperación progresiva desde la crisis financiera y el impacto posterior de la pandemia.

El avance viene acompañado de un récord absoluto de ocupación. España cerró el año con 22,46 millones de personas trabajando, la cifra más alta de su historia, tras la creación de 605.000 nuevos puestos de trabajo en 2025. El crecimiento del empleo no solo se mantiene, sino que se acelera respecto a 2024, consolidando a España como uno de los motores laborales de la Unión Europea.

Este dinamismo se produce en un contexto económico favorable: el crecimiento del PIB, la fortaleza del consumo y el impulso de sectores estratégicos han creado un entorno propicio para la contratación. España no solo lidera la creación de empleo en términos absolutos dentro de la UE, sino que lo hace con una intensidad muy superior a la de otras grandes economías europeas, mientras países como Alemania e Italia siguen mostrando debilidades en su mercado laboral.

El cambio no es homogéneo, pero sí estructural. La expansión del empleo se apoya en varios pilares: la industria manufacturera, la construcción, el comercio, las actividades administrativas y los servicios profesionales han sido los grandes generadores de puestos de trabajo. Al mismo tiempo, se consolida una transformación del modelo productivo, con mayor peso de sectores vinculados a la sanidad, la ciencia, la técnica y los servicios avanzados, en detrimento de actividades más precarias o de menor valor añadido.

Un elemento clave del crecimiento del empleo es el papel de la población extranjera, que ya representa más de una quinta parte del mercado laboral. Su aportación ha sido determinante en la creación de nuevos puestos de trabajo, reflejando una realidad estructural: buena parte del crecimiento económico español depende ya de una fuerza laboral diversa y de origen internacional, integrada en sectores estratégicos de la economía.

La evolución por género también muestra una transformación relevante. El empleo femenino sigue creciendo a mayor ritmo, reduciendo de forma progresiva la brecha histórica entre hombres y mujeres en el mercado laboral. España se acerca así, lentamente, a un modelo más equilibrado de participación laboral, con cifras récord de mujeres ocupadas.

Sin embargo, el descenso del paro, aunque histórico, comienza a mostrar una desaceleración en su ritmo de mejora. El desempleo baja, pero lo hace más lentamente que en años anteriores, lo que indica que el mercado laboral entra en una fase de maduración: ya no se trata solo de crear empleo, sino de mejorar su calidad, estabilidad y productividad. España sigue teniendo una de las tasas de paro más altas de la Unión Europea, muy por encima de la media comunitaria, lo que revela que el reto estructural no está resuelto.

A escala territorial, las diferencias siguen siendo profundas. Comunidades como Andalucía, Extremadura o Canarias mantienen niveles de desempleo elevados, mientras que regiones como Madrid, País Vasco o Cantabria se sitúan en tasas propias de economías avanzadas. Esta brecha territorial confirma que el problema del paro en España no es solo nacional, sino también regional y estructural.

Más allá de las cifras, el mensaje de fondo es claro: el mercado laboral español ha cambiado de escala. Hay más empleo, más ocupación estable, más población activa y mayor capacidad de absorción de trabajadores. Pero el nuevo escenario también plantea nuevos desafíos: salarios, productividad, calidad del empleo, estabilidad contractual y cohesión territorial.

España ha dejado atrás la fase de recuperación y ha entrado en una etapa de consolidación. El reto ya no es solo crear puestos de trabajo, sino construir un modelo laboral más sólido, más estable y más justo. El dato del 9,9% de paro no es solo un símbolo estadístico: es una señal de que el país ha cambiado de ciclo, aunque todavía no de modelo. @mundiario