España parece que sienta las bases de una lenta y larga recuperación

El ministro Luis de Guindos, junto a la vicepresidenta.
El ministro Luis de Guindos.

En España se han asentado los cimientos de la recuperación económica, una recuperación que será lenta y difícil, y que no será palpable por la ciudadanía hasta el año 2015.

España parece que sienta las bases de una lenta y larga recuperación

Si usted ha seguido de cerca en las últimas semanas la actualidad del país se habrá dado cuenta de que en las cabeceras económicas de los principales medios de comunicación españoles se ha desatado una ola de optimismo acerca del futuro de nuestra economía. Este optimismo reinante es entendible, porque más allá de las declaraciones de los políticos que buscan agarrarse a un clavo ardiendo, sí es cierto que estamos viendo como la tendencia de las macromagnitudes clave de nuestra economía están moviéndose en niveles que indican un cambio de tendencia. Hemos visto cómo se ha reducido de forma notable el coste de financiación de la deuda pública (aunque no gracias al gobierno, sino a la amenza de Mario Draghi de intervenir en el mercado); Cómo la reestructuración del sistema bancario español ha mejorado la solvencia de las entidades financieras; hemos asistido a un proceso ejemplar de desapalancamiento en el sector privado (hogares y empresas) cuyo nivel de endeudamiento se sitúa en niveles de 2006  aunque debe continuar su reducción; También hemos visto como las exportaciones alcanzaban records históricos y como la inversión extranjera vuelve a España.

Ahora bien, todos estos datos que sin duda son positivos no nos deben hacer ver una realidad virtual (broteverdismo) en la que se dé por zanjada la crisis en nuestro país. España ha dejado atrás una enrome recesión y está asentando las bases de su recuperación económica, pero son unas bases todavía muy frágiles que pueden irse al traste si nuestros políticos se acomodan ante las perspectivas de crecimiento en los próximos meses. Que nadie se lleve a engaño, a España le queda una recuperación lenta y dura.

Botín, Bill Gates y la economía real

En este contexto de optimismo económico hemos visto hace unos días al presidente del Banco Santander hablar del enorme éxito que supone la llegada  enormes cantidades de dinero que están llegando a nuestro país, además de asistir a la compra por parte del fundador y ex presidente de Microsoft, Bill Gates, de un importante paquete de acciones de la constructora FCC. Sin duda la creciente llegada de capital procedente del extranjero es un síntoma de que las cosas se están encauzando, pero el ciudadano de a pie ve que estas buenas noticias que los medios de comunicación reproducen a todas horas no se ven reflejadas en su día a día: Muchos continúan sin empleo, ven como sus salarios de reducen y ven como muchos alimentos básicos disparan su precio en sólo unos meses. Al fin y al cabo, de nada vale que las grandes cifras mejoren si esta mejoría no se traslada a la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, la gente tiene que saber que para que la situación de mejoría se traslade a la calle primero tiene que ocurrir esto, primero tienen que ponerse en orden las grandes cifras económicas, que será lo que garantice que la recuperación, el crecimiento de nuestra economía y la consecuente  creación de empleo neto, sea sólida y sostenible. Sin embargo el enorme lastre que supone para la economía española el enorme déficit público y la evolución de nuestra deuda hace que no se esperen tasas de crecimiento de nuestra economía capaces de generar ese empleo neto en al menos dos años.

Es aquí donde el papel que juegue el gobierno de España será determinante. Si el gobierno se duerme y se deja embaucar por las previsiones de crecimiento de los próximos años y piense que todo está hecho, la economía volverá a entran en recesión y todo el trabajo previo no habrá servido para nada. Es el momento de continuar con la reducción del déficit público, pues de nada nos servirá que los costes de financiación se hayan reducido si tenemos que financiar un déficit mayor. España no puede permitirse aumentar su volumen de deuda, que ya está rozando el 100% del PIB. Urge eliminar todo el gasto improductivo que lastra la solvencia de nuestras cuentas públicas, y ese ahorro debe servir de colchón para financiar una fuerte bajada de impuestos que permita a los hogares aumentar su renta disponible.

La creación de empleo debe ser otra de las prioridades de nuestro gobierno, y para ello se debe trabajar tanto en la facilitación de la creación de nuevas empresas como en la flexibilización del mercado laboral. En este sentido, la cerrazón del gobierno a la hora de negarse a instaurar en el mercado laboral español el denominado contrato único es un error mayúsculo. La introducción de este modelo de contrato laboral acabaría de raíz con uno de los principales problemas de nuestro mercado de trabajo, la nefasta dualidad que blinda de sobre manera a los empleados fijos, genera un ejército de empleados temporales (en su mayoría jóvenes que se ven durante años trabajando bajo este tipo de modalidad) y fomenta una alta rotación laboral ( es más fácil despedir a una persona contratada a tiempo parcial y contratar a otra en esa misma modalidad que hacer fijo al temporal). El contrato único incentiva la contratación fija y hace que la indemnización por despido aumente a medida que aumenta la experiencia laboral del trabajador.

Por último, otra de los aspectos a resolver es la de la financiación de nuevos proyectos empresariales en el actual contexto de restricción del crédito bancario. Como hemos comentado en un artículo anterior la recuperación del crédito no va a ser posible en el corto plazo, lo que hace urgente la búsqueda de fuentes alternativas de financiación. En este sentido es clave darle un nuevo impulso al Mercado Alternativo Bursátil (MAB) y desarrollar el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF), dos mercados financieros en desarrollo enfocados a las pymes, y seguir captando capital privado (fondos de capital riesgo) que aporten la liquidez a proyectos de inversión y empresas que no son capaces de obtener los recursos necesarios para capitalizarse.

En España hemos asentado los cimientos de la recuperación económica, una recuperación que será lenta y difícil, y que no será palpable por la ciudadanía hasta el año 2015. Reducir el déficit público y la deuda, reducir impuestos para incrementar la capacidad de compra de las personas, mejorar nuestro mercado laboral y potenciar fuentes de financiación alternativas al crédito, son hechos imprescindibles que se deben acometer con rapidez si no queremos convertirnos en el Japón de Europa.

 

España parece que sienta las bases de una lenta y larga recuperación
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