Política energética vs crecimiento económico
Como comentábamos en anteriores artículos, la toma en consideración de aspectos medioambientales ha hecho que en el debate económico no sólo se contemplan las variables “energía” y “crecimiento económico” sino también la variable “emisiones de CO2” puesto que hoy por hoy, debido al aumento de la preocupación por la calidad ambiental resulta imprescindible en cualquier análisis medir también el impacto ambiental.
Para medir esta relación el economista Simon Kuznets desarrolló c. 1950 la teoría denominada Curva Ambiental de Kuznets (CAK) que plantea la existencia de una relación inversa entre el desarrollo económico y el impacto negativo ambiental en forma de U. Según explica el autor esta curva muestra cómo en los inicios del desarrollo económico la degradación ambiental se incrementa como resultado del incremento de la producción industrial y el aumento del consumo de recursos procedentes de la naturaleza. Sin embargo, conforme la economía progresa se alcanza el punto de inflexión que es a partir del cual el crecimiento económico contribuye a mejorar la calidad ambiental.
La CAK tiene importancia debido a su aplicación en el desarrollo de políticas ambientales sin embargo su validez no está exenta de debate.
Entre los estudios que se posicionan a favor de la CAK se encuentran el de Grossman y Krueger (1995) en el que se analizó la relación entre la contaminación ambiental y el nivel de ingresos per cápita y cuyos resultaron mostraron una forma de U invertida por lo que evidencia la existencia de la CAK en lo que a contaminación del aire se refiere, el de Panayotou (1993) el cual encontró también una relación inversa entre las emisiones de SO2 (dióxido de azufre) y la tasa de crecimiento económico de una muestra de diversos países y el de Xepapadeas y de Zeeuw (1999) cuyo estudió plasma una relación con forma de U entre la deforestación y el crecimiento económico. Debemos decir también que muchos autores señalan a los avances tecnológicos y el desarrollo de las políticas ambientales como factores de reducción de la contaminación ambiental, así como la diversificación de la economía, encaminada hacia sectores menos intensivos en lo que a uso de recursos naturales se refiere.
Hay que tener en cuenta otros factores
Por otro lado, algunos autores sugieren otro tipo de factores a tener en cuenta como la contaminación transfronteriza o el efecto rebote (que se produciría cuando las mejoras ambientales se ven opacadas por un aumento del consumo y por tanto de la producción en general debido al desarrollo económico). Otros estudios plantean que sean factores como los institucionales o estructurales los que afecten a la relación entre las variables estudiadas. Por ejemplo, Rickne (2009) muestra lo anterior cuando analiza las relaciones, en países que tienen estados con distintos grados de calidad institucional, entre el crecimiento económico y las emisiones de CO2. O el estudio de Ang (2007) que plantea el mismo dilema con una muestra de países en distinto grado de desarrollo económico.
En definitiva, la CAK plantea una relación inversa con forma de U entre la degradación ambiental y el desarrollo económico. Si bien es cierto que hay numerosos estudios que avalan esta teoría, y su utilidad en la planificación de políticas energéticas (en lo que a cuidado ambiental se refiere) también es cierto que podría dar lugar a interpretaciones tan simples como erróneas como por ejemplo, que el desarrollo económico es la única forma de frenar la degradación ambiental, cuando realmente hay literatura científica que como hemos visto también tiene en consideración otros muchos factores como políticos, jurídicos, ciclos económicos, externalidades ambientales etc.