El empleo resiste en España y consolida un nuevo ciclo laboral
España cerró 2025 con un dato que, hace apenas una década, habría parecido casi ciencia ficción. Más de medio millón de nuevos empleos por cuarto año consecutivo, casi 21,9 millones de personas afiliadas a la Seguridad Social y un paro registrado que baja hasta los 2,4 millones tras más de cuatro años de descensos continuados. No es un fogonazo puntual, sino una tendencia que se mantiene y que obliga a mirar el mercado laboral con menos prejuicios y más análisis.
Durante años, el empleo en España se comportó como una montaña rusa, muy dependiente de las crisis y de sectores frágiles. Hoy el paisaje es distinto, aunque no idílico. El crecimiento del trabajo va de la mano de una economía que avanza cerca del 3 por ciento anual y que se apoya más en el consumo y la inversión que en el endeudamiento fácil. La metáfora sería la de un edificio que ya no se levanta solo con andamios provisionales, sino con una estructura algo más sólida.
Un crecimiento que se sostiene en varios pilares
Uno de los rasgos más relevantes de 2025 es que el empleo no ha crecido solo en un sector concreto. Sanidad, educación, transporte, construcción y actividades tecnológicas han tirado del carro. Esto importa porque diversificar el empleo reduce el riesgo de desplomes bruscos, como ocurrió con la burbuja inmobiliaria. Además, la aportación de trabajadores extranjeros ha sido clave, no como excepción sino como parte estructural del mercado laboral, algo que conviene explicar sin alarmismos y con datos.
También destaca el aumento del empleo autónomo en actividades de mayor valor añadido. No se trata solo de más trabajadores por cuenta propia, sino de perfiles más cualificados. Esto sugiere un cambio lento pero real hacia una economía menos basada en la precariedad pura.
La calidad del empleo sigue siendo la gran pregunta
Aquí es donde el debate se vuelve más incómodo. Han aumentado los contratos indefinidos y hoy casi cuatro de cada diez nuevos contratos lo son, muy lejos del modelo anterior dominado por la temporalidad. Sin embargo, muchos de esos contratos indefinidos son a tiempo parcial o de corta duración. Dicho de forma clara, tener un contrato fijo ya no garantiza estabilidad real.
La falta de datos sobre la duración media de esos contratos alimenta las dudas legítimas. Si se usan fórmulas indefinidas para cubrir necesidades temporales, el problema no desaparece, solo cambia de nombre. Resolver esta cuestión es clave para que el avance no sea solo estadístico, sino vital.
Diciembre enfría el ritmo pero no la tendencia
El cierre del año fue más flojo que en ejercicios anteriores. Menos afiliaciones en diciembre y una ligera desaceleración en algunos sectores tradicionales. Conviene no dramatizar, porque el balance anual sigue siendo sólido, pero sí tomar nota. La economía no crece en línea recta y anticipar los cambios es parte de una gestión responsable.
El reto ahora es claro. Consolidar el empleo creado, mejorar su calidad y reducir de una vez el paro estructural que mantiene a España a la cabeza del desempleo europeo. No basta con contar puestos de trabajo, hay que preguntarse qué tipo de vida permiten. Ahí se jugará el verdadero éxito de este ciclo laboral. @mundiario