Las eléctricas admiten que las nucleares no están preparadas para evitar otro apagón
El espejismo de la infalibilidad nuclear se resquebraja. Las grandes eléctricas han admitido al Gobierno algo que hasta ahora se había insinuado con eufemismos técnicos: las centrales nucleares españolas no están preparadas para realizar un control dinámico de tensión, una función clave para estabilizar el sistema eléctrico y evitar apagones como el que dejó a la península Ibérica a oscuras el pasado 28 de abril.
En una carta enviada el 24 de octubre al Ministerio para la Transición Ecológica, y la que ha tenido acceso EL PAÍS, la patronal Aelec —que agrupa a Iberdrola, Endesa y EDP— reconoció abiertamente que las plantas atómicas “no pueden ser habilitadas para consignas dinámicas de tensión por razones de diseño y seguridad”. Una frase que, más allá de su tono técnico, tiene una carga política y energética considerable: las centrales nucleares, pese a su reputación de estabilidad, no pueden responder ante variaciones bruscas en la red.
La confesión llega en un momento delicado. El Gobierno, presionado por Red Eléctrica (REE) para reforzar los mecanismos de control del sistema tras el apagón de abril, buscaba en las nucleares una pieza clave de seguridad. Pero las eléctricas, que en paralelo han pedido prorrogar la vida útil de la central de Almaraz hasta 2030, admiten que esa expectativa es técnicamente inviable. No solo no pueden contribuir al control dinámico de tensión, sino que forzarlas a hacerlo —como pretendía REE— podría incluso generar inestabilidad en el sistema, según advirtieron en su carta.
El mensaje es doble: las empresas se defienden de las acusaciones por el apagón y, al mismo tiempo, trasladan la responsabilidad a la propia arquitectura del sistema eléctrico español. Lo hacen además después de haber conseguido que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) frenara las nuevas exigencias de Red Eléctrica, que incluían sanciones económicas por incumplimiento del control de tensión.
Las limitaciones técnicas de la energía “segura”
Aelec sostiene que las centrales nucleares llevan más de dos décadas informando al regulador de sus limitaciones en materia de control de tensión, de acuerdo con el Consejo de Seguridad Nuclear. En la práctica, esto significa que su papel en la red se limita a mantener estable el voltaje en el punto donde están conectadas, sin capacidad de respuesta ante fluctuaciones rápidas o crisis de frecuencia.
A diferencia de las centrales de gas o las hidráulicas, las nucleares carecen de estabilizadores de potencia (PSS), un sistema que permite amortiguar oscilaciones eléctricas. Adaptarlas, además, no es viable, como ya advertía el propio plan de Red Eléctrica 2021-2026. Su estructura rígida y su prioridad en la seguridad nuclear hacen que estas plantas no puedan “moverse” con la agilidad que requiere un sistema cada vez más dependiente de energías intermitentes como la eólica o la solar.
El contraste con Portugal resulta revelador. Allí, según el informe europeo sobre el apagón, la participación de renovables en el control dinámico de tensión permitió responder mejor a las oscilaciones del sistema. España, en cambio, sigue confiando buena parte de su estabilidad en la generación síncrona —nuclear, hidráulica y de gas—, una estrategia que las propias eléctricas reconocen ahora como insuficiente.
Una confesión con consecuencias
La admisión de Aelec llega en un contexto de debate sobre el futuro del parque nuclear español y su papel en la transición energética. Las compañías defienden que las nucleares aportan firmeza y garantía de suministro, pero este episodio revela una grieta en el relato de la “seguridad” atómica. Si no pueden evitar apagones, ¿sigue teniendo sentido prolongar su vida útil?
El propio Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, insistió este mismo martes que “las nucleares son seguras y necesarias”. Pero la carta de Aelec dibuja una realidad menos optimista: la tecnología que durante décadas simbolizó la estabilidad energética no puede adaptarse al nuevo pulso de la red.
La paradoja es evidente. Mientras las eléctricas reclaman ampliar la vida de las plantas para blindar el suministro, admiten que esas mismas centrales no son capaces de sostener el sistema frente a una inestabilidad de tensión. El apagón de abril fue una advertencia. Y lo que ahora confiesan las eléctricas podría ser el preludio de una transformación inevitable: la del fin del mito de la nuclear como garante absoluto de la luz. @mundiario