La economía de EE UU cayó en 2020 a niveles de la Segunda Guerra Mundial

Un manifestante levantando un cartel que dice: "El sueño americano se acabó", frente a la sede de la Bolsa de Wall Street, en Nueva York, EE UU. / NBC
Un manifestante levantando un cartel que dice: "El sueño americano se acabó", frente a la sede de la Bolsa de Wall Street, en Nueva York, EE UU. / NBC
Más de 10 millones de puestos de trabajo perdidos y una tasa de desempleo del 6,7% marcaron el 2020 en Estados Unidos. La recesión por la pandemia no da tregua ni siquiera en las potencias.
La economía de EE UU cayó en 2020 a niveles de la Segunda Guerra Mundial

Tiempos de guerra, economía de guerra. Aunque no estamos en medio de un conflicto bélico mundial, sí vivimos tiempos de turbulencia social, sanitaria, humanitaria y económica debido a la tercera pandemia más devastadora de la historia, que dio origen a la cuarta recesión más grave de los últimos 150 años. La mayor potencia global hoy está en emergencia, y eso implica también un estado de emergencia para el planeta, pues si ese motor de bienes, mercancías, exportaciones, empleos y dólares se ve afectado, la economía mundial se tambalea.

Y es que la primera economía del mundo, la de Estados Unidos, se desplomó en 2020 a niveles nunca antes vistos desde la Segunda Guerra Mundial (1945). Ese es el peor resultado registrado desde 1946 (de manera oficial). Después de ese conflicto armado que dejó más de 1 millón de muertos en todo el mundo, el efecto shock impactaría directamente al principal actor de esa guerra: la potencia norteamericana, que el año pasado sufrió una contracción del 3,5% en su economía por el impacto de la crisis de la covid-19, según una estimación preliminar del Departamento de Comercio, difundida este jueves. 

Esto implica que el valor neto de la producción de bienes y servicios de EE UU cayó de 20,5 billones a 19,7 billones de dólares. Por lo tanto, ese enorme flujo de capitales se perdió debido a la parálisis ocasionada por el miedo al contagio, las restricciones internacionales al comercio, la inestabilidad de los mercados derivada de la incertidumbre sobre las vacunas y su efecto en el consumo. 

Es decir, mientras menos estadounidenses decidieron no salir a trabajar y optar por el trabajo desde casa, minimizando sus gastos, la demanda comenzó a caer y el consumo se hizo más pequeño. Pero el factor detonante fue el desempleo, pues esa misma espiral de caída de la demanda afectó las ventas y la liquidez de muchos negocios pequeños y medianos, lo cual los obligó a cerrar sus puertas o a despedir a decenas de empleados debido a los excesivos costos de mantenimiento en alquiler, impuestos y sueldos con caídas de hasta 40% y 80% en sus ventas, sean del rubro que sean.


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Sin duda, la pandemia se ha convertido en un símbolo de recesión; el PIB es ahora el principal termómetro de una devastación global sin precedentes en tiempos de paz, que va mucho más allá de la política o de las armas, sino que afecta directamente al sistema de vida en todas sus dimensiones.

Más de 10 millones de puestos de trabajo perdidos y una tasa de desempleo del 6,7% marcaron el 2020 en Estados Unidos, demostrando que ni siquiera el principal paradigma del desarrollo mundial es inmune a la devastación de los volátiles e impredecibles golpes de la naturaleza, que la humanidad no puede controlar como controla la economía. 

El Departamento de Comercio destacó en su informe que “la caída del PIB en 2020 refleja contracciones en el gasto de los hogares, las exportaciones, la inversión privada no residencial y una reducción en el gasto de las Administraciones locales y estatales, en parte compensadas por aumentos de las partidas del Gobierno federal”. Esto implica que el consumo no solo cayó por la reducción del gasto de la población, sino también por la reducción de los ingresos fiscales dada la baja en la producción de las empresas, las fábricas de procesamiento de alimentos y materias primas, y otros sectores clave.

“Las exportaciones cayeron el 13% el año pasado y el consumo personal se redujo un 3,9%. Estos datos preliminares serán revisados en una nueva evaluación el 25 de febrero”, precisó el Departamento. Claramente, el ingreso per cápita pudo haber caído de 60.000 a 55.000 dólares, esto como un indicador de que la capacidad adquisitiva de los estadounidenses se redujo y, por ser la primera potencia mundial, la reducción en los ingresos internos afectó la salida de remesas, capitales de inversión y ayudas a otros países de América en medio de la crisis de la pandemia. @mundiario

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