Diez años después de la quiebra de Lehman Brothers

Lehman Brothers. / Gestión
Lehman Brothers. / Gestión

A pesar de algunos matices diferenciales, los gobiernos de los Estados de la UE han estado promoviendo políticas de reducción de las prestaciones históricamente asociadas al llamado “Estado del bienestar”.

Diez años después de la quiebra de Lehman Brothers

El 15 de septiembre de 2008, Lehman Brothers, una emblemática empresa financiera creada a mediados del siglo XIX, desaparecía formalmente, hundida por la crisis que había comenzado un año antes en el seno del universo económico de los USA.

Casi 30 años antes, el día 30 de octubre de 1987, había aparecido publicado en el periódico El País un artículo –“La locura de 1929 se repite”– del economista John Kenneth Galbraith para comentar el derrumbe que se había registrado en aquellas semanas en el mercado de Wall Street.

A pesar de la distancia temporal, la lectura de aquel artículo resulta muy reveladora de la lógica con la que opera el sistema económico dominante. Repasemos algunas de las afirmaciones realizadas por el profesor canadiense: ”La historia se repite en asuntos financieros, por una especie de sofisticada estupidez.(...) En octubre de 1987, igual que en Octubre de 1929, descubrimos hasta que punto las gentes creyeron ciegamente en el mito del mercado.(...) La memoria financiera dura unos 10 años.Este es aproximadamente el intervalo entre un episodio de sofisticada estupidez y el siguiente”.

Galbraith no formó parte de la corriente de economistas de tradición marxista e incluso fue considerado, en ocasiones, como un ejemplo de liberal norteamericano (país donde desarrolló la mayor parte de su actividad como pensador y profesor). Sin embargo, el contenido de esas breves reflexiones emitidas en 1987 certificaban dos realidades relevantes: la persistencia de unas prácticas especulativas en el corazón del sistema capitalista y la subordinación o complicidad de los principales poderes políticos del mundo occidental con los grupos financieros que provocaron la crisis surgida en los Estados Unidos. Si Galbraith hubiese estado vivo podría repetir los argumentos básicos de su diagnóstico para describir lo sucedido a partir del otoño de 2007.

Cuando se trata de explicar lo que pasó en estos últimos años existe una amplia coincidencia entre la mayoría de los economistas a la hora de señalar los principales vectores del proceso vivido:

a) Política de préstamos demasiado permisiva por parte de ciertas entidades financieras y presencia de productos financieros cada vez mas complejos y descontrolados.

b) Insuficiente e inadecuada regulación de las actividades del sector financiero y deficiente actuación de las autoridades políticas encargadas de ejercer el control de las mismas.

c) Falta de información fiable sobre los activos y las transacciones de las instituciones financieras.

d) Ruptura de la confianza entre los bancos y aparición de una grave crisis de liquidez:los propios bancos no obtuvieron recursos en los mercados financieros y solicitaron ayudas a los gobiernos para no desaparecer.

e) Traslación de la crisis al conjunto de la economía:los bancos redujeron y/o encarecieron los préstamos a las empresas y a los consumidores con la consiguiente merma de la actividad económica y el crecimiento del desempleo.

Los impactos concretos de la crisis en los distintos territorios tuvieron, lógicamente, una relación directa con las propias características de cada economía. En el caso del Estado español, el peso excesivo del sector de la construcción y la importante dimensión del turismo provocaron efectos muy negativos en el conjunto de la dinámica económica. El fuerte endeudamiento de las familias y de las empresas acumulado durante los años de la expansión –y más importante, en términos relativos, que el contraído por las Administraciones Públicas- constituyó una debilidad estructural que penalizó seriamente cualquier proceso de salida de la crisis a corto plazo.

Las coincidencias en la descripción de lo sucedido desaparecieron en el momento de formular criterios y propuestas para salir de la crisis. Hubo dos grandes ámbitos en los que se concentró la divergencia. En primer lugar el relativo a las relaciones que deben existir entre los llamados mercados financieros y los gobiernos surgidos de la voluntad popular expresada mediante sufragio universal. Para los grandes partidos actuantes en Europa y para aquellas personas que crean la opinión hegemónica en los medios de comunicación de masas, los “mercados” son las nuevas divinidades laicas que deben establecer las reglas del juego y los gobiernos deben adaptar sus medidas a las decisiones previas de esos poderes económicos. ”La reacción de los mercados”: he aquí la frase mas repetida en los últimos años y la prueba del nueve de esa grave adulteración de las lógicas democráticas. Gobiernan la economía –y, por tanto, las condiciones de vida de millones de personas- grupos que no se presentan a las elecciones pero que cuentan con la inhibición y/o complicidad de aquellas fuerzas políticas que reciben los apoyos mayoritarios de los cuerpos electorales.

Otro campo para el desacuerdo se localizó en la distribución de los elevados costes provocados por la crisis financiera de hace una década. Reapareció, en este caso, el viejo enfrentamiento entre quienes reclamaban una asunción de las cargas por parte de aquellos sectores económicos causantes del destrozo y poseedores de una elevada riqueza acumulada y los que postulaban que la factura fuera asumida por las mayorías sociales mediante una reducción substantiva de su nivel de vida.

A pesar de algunos matices diferenciales, los gobiernos de los Estados de la UE – primordialmente, los que integran el núcleo de mayor poder relativo en esta arquitectura institucional– han estado promoviendo políticas de reducción de las prestaciones históricamente asociadas al llamado “Estado del bienestar”. Por lo que estamos viendo, la derecha europea sigue ganando, por ahora, la batalla ideológica y práctica respecto a la respuesta que se debe dar a la crisis económica que padecemos.  @mundiario

Diez años después de la quiebra de Lehman Brothers