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Desequilibrios externos: España, Cataluña y Galicia

Este análisis transcribe la segunda parte del capítulo del Anuario 2019 del Foro Económico de Galicia titulado Evolución de los desequilíbrios externos.
Desequilibrios externos: España, Cataluña y Galicia
Sede central de Inditex en Arteixo (A Coruña). / Mundiario
Sede central de Inditex en Arteixo (A Coruña). / Mundiario

Albino Prada

Profesor de economía.

Si, como veíamos en una entrega anterior, España o Alemania son dos economías mucho más abiertas al exterior que la de Estados Unidos y, a día de hoy, en vez de anotar un importante déficit externo en su balanza por cuenta corriente tienen un valioso superávit, podemos adelantar ya que, afortunadamente, Galicia comparte también esas dos diferencias aunque con matices que son de suma relevancia.

Sobre todo tratándose de una pequeña economía, comparada con la de Estados Unidos o Alemania, economías que o bien se pueden permitir déficits y endeudamientos permanentes en un caso, o bien disfrutan de una competitividad empresarial y tecnológica a escala global que parece estar lejos de nuestro alcance. Claro que hablamos en general, no de sub actividades particulares.

Empecemos por las diferencias que compartimos para, a continuación, ocuparnos de los matices.

Como acabamos de ver la economía española habría reducido de forma sustancial su déficit comercial (exportaciones menos importaciones de mercancías) en la última década: de ocho puntos negativos del PIB en 2008 a tres puntos negativos en 2018. Pero aun así este desequilibrio sitúa los niveles que tiene el déficit comercial español en cifras negativas parejas a las de la economía norteamericana.

Sin embargo Galicia en ese mismo período ha transitado desde un práctico equilibrio comercial en 2008 a un superávit comercial fuera de España de seis puntos de su PIB según los datos homogéneos del  Ministerio de Industria y Comercio. Nuestro superávit comercial asemeja Galicia más a la economía alemana que a la norteamericana. Cierto que tal éxito depende en buena medida de dos sectores: automoción y confección.

Saldo comercial fuera de España respecto al PIB.

Fuente: Elaboración propia con datos de Datacomex e INE.

Galicia y el Brexit

Hagamos en este punto un breve paréntesis en relación a nuestra exposición al Brexit. Aunque nuestras exportaciones al Reino Unido suponen una pequeña parte del total (apenas un 7% de lo exportado), no es menos cierto que con ese país anotamos un saldo comercial muy favorable. Para Galicia supone uno de cada tres euros de superávit: en 2018 unos mil trescientos millones sobre un total de tres mil ochocientos millones. En buena medida por ventas de automoción y confección.

Cuando manejamos los datos de la balanza por cuenta corriente, en vez de limitarnos solo a la balanza comercial gallega fuera de España, las cosas cambian de forma sustantiva. Fundamentalmente porque entonces añadimos al saldo de mercancías fuera de España dos cosas: los saldos por servicios (turísticos por ejemplo) y el de mercancías compradas o vendidas al resto de España.

Para Galicia estos datos globales reducen casi a la mitad, en relación al PIB, el superávit que tenemos de mercancías fuera de España (de un + 6% a un + 3,5% en 2018 según la Contabilidad Regional del Instituto Galego de Estatística). Un deterioro que contrasta con la mejora que anota el tránsito del saldo comercial al saldo de la balanza por cuenta corriente en el conjunto de España (del -2,8% al + 1,9% en 2018 según la Contabilidad Nacional del Instituto Nacional de Estadística).

Asimetrías: Galicia, España y Cataluña

Este deterioro para Galicia, y mejora para el conjunto de España, obedece en primer lugar al poderoso poder compensatorio que tiene en el conjunto de España la sub balanza turística dentro de los servicios. Que es capaz de absorber y neutralizar todo el saldo comercial negativo español.

Para el caso de Galicia nuestro menor nivel de actividad turístico (singularmente en lo relativo a los flujos de origen extranjero) no mejora nuestro positivo saldo comercial fuera de España. Pero una cosa es no mejorarlo y otra cosa, bien distinta, es que aquél empeore como lo hace (repetimos: cae del 6% al 3,5%).

Para identificar la causa específica de tal deterioro resulta útil comparar la situación de Galicia en este asunto con la que se observa en Cataluña. Porque según los datos homogéneos de comercio exterior fuera de España (Ministerio de Industria y Comercio) la balanza comercial catalana en 2017 era negativa por – 8 % puntos de su PIB. Sin embargo según su Contabilidad Regional (últimos datos de IDESCAT) el saldo total externo era de nada menos que positivo por un + 12,2% de su PIB.

Una metamorfosis catalana espectacular que sin duda debe imputarse por un lado a su muy positiva balanza de servicios (turísticos desde luego, pero no solo) pero que sin duda alguna también se debe a la muy positiva sub balanza comercial y turística de Cataluña con el resto de España. Pues de sus veintiocho mil millones de saldo positivo en 2017, el IDESCAT concreta que trece mil millones de saldo externo positivo catalán dependen de sus intercambios con el resto de España). Lo que, por cierto, explicaría el trasfondo de no pocos traslados de sedes corporativas de empresas catalanas al resto de España.

La Contabilidad Regional de Galicia no nos ofrece dicho desglose (fuera de España y resto de España) pero a la vista de los datos, de los intercambios comerciales fuera de España y de nuestra balanza total por cuenta corriente, es inevitable concluir que Galicia anota un déficit comercial y en servicios con el resto de España de varios puntos de nuestro PIB.

Y sucede esto aun contando con partidas exportadoras hacia el resto de España como las energéticas, del aluminio o la pasta de papel que nos permiten que ese saldo negativo no sea aún mayor. Aunque es muy probable que debiéramos considerar que no son indicativo de un desempeño estratégico y ambiental afortunado.

Lo que quiere decir que han de ser numerosas las importaciones (en buena medida desde Madrid y Barcelona que actúan de interface comercial con el exterior de España; y ahora revitalizadas con los Amazon, Alibaba, etc.) de productos que no somos capaces de abastecer desde nuestro tejido empresarial interno.

Esto es algo que no debiera preocuparnos si nuestra apertura al exterior fuese reducida. Pero no es el caso. Pues mientras para Galicia el monto de nuestras importaciones sobre el PIB alcanza el 49% (IGE), en España se sitúa en un ya considerable 32% (INE), mientras en los Estados Unidos lo hacen en un 15% (Banco Mundial). De manera que nos convendría diversificar nuestro potencial exportador fuera de España (sin depender tanto de automoción y confección) para de esa forma ver si somos capaces, en esas nuevas actividades entonces competitivas fuera de España, de reducir nuestra apertura y nuestras importaciones del resto de España.

Se trata de evitar la erosión de nuestro buen desempeño exportador fuera de España. Sin duda reduciendo nuestra dependencia energética de hidrocarburos y diversificando nuestras exportaciones fuera de España pero, sobre todo, transformando la naturaleza y signo de nuestro comercio con el resto de España. Evitando el intentar hacerlo con exportaciones en actividades intensivo energéticas o de recursos sin transformar, pero también reduciendo no pocas importaciones de productos de consumo y de equipo elaborados.

Recuperando para entornos de proximidad –como razono en mi reciente ensayo “Crítica del hipercapitalismo digital” (Los libros de la Catarata, 2019)– abastecimientos que hoy solventamos desde lejanos mercados exteriores. Porque entre nuestro 49 % al 15 % de los Estados Unidos (rateo de importaciones respecto al PIB) creo existe un muy amplio margen de recorrido para no ser ni paganos de la globalización, ni calificados de autárquicos trumpistas. @mundiario