La democracia digital europea no depende solo de la nube

Nubecitas. / Paula Cascallar.
Nubecitas. / Paula Cascallar.
Europa busca su independencia digital en los servicios de datos en la nube, a través del proyecto europeo GAIA-X para contrarrestar como en otros ámbitos el liderazgo norteamericano y chino
La democracia digital europea no depende solo de la nube

Tras más de 10 años de retraso, Europa vuelve a despertar de la siesta y darse cuenta de la importancia de no depender digitalmente de otras potencias en el tratamiento de datos en la nube. EE UU, China y Rusia en menor medida hace tiempo que dominan el mercado de los servicios digitales en la nube. De la misma manera que reaccionamos a la competencia con la creación de  consorcios como Airbus,  ESA, Galileo (satélites) o el Euro digital entre otros,  ahora se está impulsando el proyecto europeo GAIA-X para dejar de depender de servidores en la nube de otros continentes, negocio dominado principalmente por empresas tecnológicas bajo el acrónimo de GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) y Microsoft.

Se calcula que a fecha de hoy  a la alianza GAIA-X, que nació por un impulso franco-alemán de crear una “red federada de datos”, se han adherido alrededor de 212 entidades, de las cuales el 92% proceden de corporaciones de todos los ramos y sectores (entre ellas algunas empresas punteras de la RFA y Francia), asociaciones, start-ups y centros de investigación puramente europeos. El resto lo conforman competidores chinos y americanos que operan en suelo europeo.

Sin embargo, analistas en economía digital confiesan que debido a la diversidad de legislación en materia de protección de datos entre Europa y EEUU, el proyecto GAIA-X nace sin suficiente ambición y con un tara genética: no parece que pueda aspirar a ser un “Global Player” y su operatividad se limitaría a empresas europeas. La UE  parece obviar que estamos inmersos en una revolución eco-digital planetaria, y pretender con GAIA-X  restringir por razones legales los servicios de la nube al espacio europeo a sus empresas aunque  comercialicen sus bienes y servicios en  los cinco continentes, podría ser poco visionario. Además aspirar a competir contra la iniciativa privada americana después de haber invertido miles de millones de dólares por una tecnología revolucionaria como el cloud computing, podría ser hasta iluso con unos cuantos millones de fondos europeos.

Tanta burocracia europea nos ahoga, incluso en cielos despejados, restándonos competividad. A esto se añade la propuesta legislativa  de algunos países como España y Francia de introducir un impuesto a las tecnológicas (más conocida como “tasa Google”), para recaudar y hacer frente a sus problemas estructurales en las cuentas nacionales por la crisis y caída de ingresos. 

Europa no parece muy audaz

Como escribía no hace mucho el diario británico FT:  “Europa debe ser audaz y defender la soberanía digital”.  Sin embargo, la soberanía ha trascendido hoy la geopolítica y la economía para adquirir una dimensión digital. Pese a su importancia, algunas encuestas en foros de internet señalan que el  48% de los europeos ven con buenos ojos el proyecto de GAIA-X, mientras que un abultado 44% ve con escepticismo que al final sirva para algo esta nueva iniciativa tan osada en clonar proyectos con años o décadas de retraso.

Lo que la UE necesita es otra política que favorezca valles tecnológicos  como Sillicon Valley o Shenzhen, atraiga talento, inversiones privadas y desarrolle modelos disruptivos sin tener que clonar modelos de éxito de otros continentes competidores.

Por una soberanía digital europea en la nube

La cifra de negocios el pasado año de las principales empresas tecnológicas norteamericanas GAFA crecieron un promedio del 20%, de manera similar a las chinas, lo que representa una cifra mayor al valor bursátil de todas las bolsas europeas juntas. Europa quiere pero no puede o no sabe buscar el liderato en algunos frentes de batalla, como viene demostrando  desde hace décadas a rastras de otras americanas, chinas o rusas. Somos excelentes legislando, pero con la impresión de hacerlo ajeno a los mercados y a las necesidades de ganar la batalla a socios americanos y emergidos asiáticos. El campo digital tampoco es ajeno. A diferencia de los proveedores de servicios en la nube de las grandes tecnológicas, GAIA-X se cubriría al parecer -según los críticos-  las espaldas con un servicio básico y de forma local, es decir por medio de máquinas virtuales donde se puedan ejecutar un limitado número de aplicaciones de servidor.

Ciertos analistas se preguntan con razón qué hará Europa cuando otros proyectos norteamericanos en la incubadora vean la luz de la mano de GAFA, como: Foghorn (combustible a partir del agua de mar); Loon (internet en globo); Wing (drones sin CO2), Malta (almacenamiento de energía renovable); Makani (cometas para la generación energía), Verily (medicina) o incluso con Hyperloop (el tren del futuro en tubos al vacío).

Parece mentira que los inventores de la imprenta, la máquina de vapor, la penicilina, la energía nuclear, el automóvil, el telefax y los agroquímicos, no seamos capaces de proseguir la estela disruptiva en el campo de la tecnología digital. Todo lo que puede digitalizarse se va a digitalizar. Frank Thelen, famoso emprendedor digital alemán y bestseller, afirma en su última obra “10 x DNA” que: “En los próximos 10 años el mundo se va transformar como nunca antes lo hizo en los últimos cien”. Pese a tanto énfasis, Europa a diferencia del siglo pasado parece perder continuamente el tren.  El proyecto GAIA-X es encomiable aunque en parte tardío.

A la dependencia digital hoy por hoy en materia de servidores o cloud computing (se calcula que casi un tercio de las empresas del IBEX español usan servicios en la nube de operadores norteamericanos), se le une una retahíla de propuestas reguladoras como Agenda Digital 2030, La Ley de Mercado Digital o la Ley de Protección de Datos Europea que no parece que favorezcan el emprendimiento innovador europeos.

Como describen analistas internacionales, Europa adolece nuevamente de la falta de una estrategia clara y operativa en diversos frentes, entre ellos en materia de economía digital. Carece igualmente, de forma similar a varios países como España, de una política industrial bien definida que marque un horizonte por encima de intereses partidistas o en el caso español por encima de pugnas políticas permanentes para salir de la crisis y apostar por el futuro eco-digital con medidas concretas. Publicar en el BOE determinadas leyes o reales decretos que nacen con fecha de caducidad por falta de consenso general, no es legislar. En todo caso, parchear una etapa por holgazanería política con el fin de salvaguardar cierto periodo legislativo en la permanente zozobra.  En este sentido, la batalla por los Big Data, la IA, el Internet de las Cosas, la Robótica y el lento despegue de las ciudades inteligentes (smart-cities) no ha hecho más que empezar y la soberanía digital  de Europa no se consigue “colocando en los despachos terminales de telefax” como decía hace unos años un antiguo directivo de empresa en España.

Si Europa quiere ganar la batalla digital y el tratamiento de datos en la nube frente a EEUU y China, lo último que necesita es entrar en eternas disputas en los tribunales y entablar guerras comerciales como actualmente ocurre entre Washington y Pekín, entre otros frentes por ver quién lidera la tecnología 5G o la fabricación de microchips, en lo que se conoce como la nueva “guerra fría”.

España y otros muchos países de Europa se llenan la boca de empoderamiento, gobernanza y resiliencia y sin embargo recortamos algunos derechos democráticos ante la aparición de ciertas crisis. La revolución eco-digital avanza muy lentamente y sin ambición en buena parte de Europa a tenor de los hechos. De forma similar a la emergencia climática, hasta el punto que ciertos  horizontes marcados tienen que ser revisados por un Tribunal Constitucional instando a un gobierno (como el de Berlín) a endurecer sus propuestas en la materia antes del plazo marcado en el 2030. 

La estrategia (digital) adoptada por  España no nos debe sorprender: esperar a que las propuestas vengan impuestas por Europa para evitar el desgaste político y la disputa con la sociedad civil como se viene observando en muchos frentes relacionados con la lucha contra el cambio climático, la economía digital o las reformas siempre pendientes. 

Escasa presencia española en GAIA-X

Pese a ser un proyecto vital para el desarrollo del futuro de Europa y sus empresas, llama la atención la escasa participación e interés mostrado por entidades españolas en el proyecto GAIA-X que pretende dar un impulso al proceso de digitalización. Por Comunidades Autónomas, destacan varias entidades procedentes del País Vasco afines al campo del cloud computing y un centro sanitario como es Hospital Clínico de Barcelona. Por lo demás,  hoy por hoy figuran en el panel de socios en GAIA-X  entidades tipo: Aire Networks del Mediterráneo, Innovalia, Gigas Hosting, ITI o Tecnalia, según indica su web.

Para Luis Miguel Peña Cabañas, doctor en informática y consultor español independiente en Luxemburgo: “El proyecto GAIA-X es una iniciativa europea, organizada desde instituciones europeas y dirigida por funcionarios, en lugar de ser una iniciativa privada procedente de compañías que entiendan bien el mercado y la necesidad de desarrollos rápido, que sepan  (a diferencia del impulso franco-alemán) que cualquier  retraso puede ser muy costoso o incluso fatal para el éxito de un producto”. @mundiario

 

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