Defender la herencia de la clase trabajadora; construir el futuro

La lucha de los trabajadores se hace intensa en España. / RR SS.
La lucha de los trabajadores se hace intensa en España. / RR SS.

Mirada y puesta en perspectiva del desmantelamiento de las protecciones de los trabajadores en Francia (en un contexto global) y en Venezuela, en particular para los trabajadores de la salud.

Defender la herencia de la clase trabajadora; construir el futuro

Si nuestros abuelos lograron luchar y a veces triunfar, hoy, la situación nuestra parece más complicada. Estamos mucho más divididos en un mercado laboral profundamente transformado, fragmentado, subdividido (subcontratación), no sólo por razones económicas sino también por razones políticas. En el flujo de estas transformaciones, no siempre logramos tener contacto con el curso de las cosas. Resistir, luchar colectivamente parece más difícil.

La explotación ha tomado una nueva forma con el desarrollo de la precariedad, y la conciencia de clase se ha visto afectada, por varias razones, y en particular por la precariedad y la flexibilidad que tiende a convertirse en la norma en el mercado del trabajo. Las regresiones sociales van acompañadas de regresiones de conciencia... Perdemos derechos y nuestro sentimiento de pertenecer a un grupo. Los trabajadores nunca han sido tan numerosos como hoy, sin embargo, la clase trabajadora parece ausente. Ya no tenemos mucho la impresión de pertenecer a esta clase social. El desapego de la conciencia de clase está vinculado a un proceso cultural enraizado en transformaciones históricas y económicas dónde la subcontratación y la reubicación de empresas dónde hay menos costo se suma a la precariedad de los nuevos contratos laborales. Esta “no pertenencia” entonces no es un accidente de recorrido. Las clases dominantes han trabajado para dividir a las clases trabajadoras unidas y soldadas a sus máquinas. Margaret Thatcher ha dicho que la sociedad no existía. Hay algo de radical en esa frase y desde entonces con el desarrollo del neoliberalismo todo fue realizado con el objetivo de romper los grupos, las comunidades, para que de verdad la sociedad no existiera. La oración es casi performativa. Que la sociedad no fuera más que una agregación de individuos esperando en cola su entrada a la fábrica, para las oficinas o para el cuarto de las máquinas, cada quién por su parte, ese era el objetivo. Es esta intención que ha generado las transformaciones económicas y culturales que se aceleraron con la globalización.

Hoy, en Francia, hay un contexto de desindustrialización. Muchos medios de producción se han ido, la precariedad aumenta en un contexto de desempleo de masa que ejerce presión sobre el mercado laboral y mantiene a los trabajadores sumisos y con salarios bajos. Cada vez, son elecciones que son tomadas. Es la elección del desempleo, del aislamiento, de la desindustrialización. El neoliberalismo no es solo una receta económica, es un paradigma y una estrategia política que apunta a recuperar la soberanía del capital, aniquilando todas las regulaciones. Cambiar la cooperación a la competición fue una estrategia para debilitar al Estado de Bienestar y a las organizaciones del movimiento obrero. La cooperación atacada por el neoliberalismo es aquella que se encarna en leyes o convenios.

Las convenciones colectivas por ejemplo forman el patrón de nuestra profesión: es un texto común que da las reglas que son distintas en función de las ramas profesionales. El código laboral engloba estas convenciones. Son estas estructuras las que han sido atacadas para que no haya protección para los trabajadores y que cada quién se arregle solo. Ya no hay tantas obligaciones legales. La relación está entre el patrón y el asalariado, con mucho menos intermediarios. Sin preocuparse de lo que dice el convenio, la clase patronal puede imponer cambios desventajosos para los trabajadores. En España primero y en Francia luego se dio un impulso violento en esta dirección, para romper la sociedad. Se ha iniciado el desmantelamiento del código laboral para que el individuo realmente sienta este abandono, porque ese es el objetivo: dividir grupos, romper la resistencia y dejar que el patrón imponga su ley.

No más piso debajo de nuestros pies. No más mallas jurídicas, sólo el vacío. Destruirlo todo, suena como una revolución... lo que ha sido diseñado para proporcionar orientación y arbitraje ya no tiene por qué serlo. Los patrones deben marcar el ritmo y obtener un acuerdo de empresa para esconder sus exigencias en acuerdo. Frente a eso, los Ministerios de Trabajo se han convertido en una habitación vacía. El empresario tiene las manos libres porque rechazamos toda una herencia social. Así, en muchos países la ley de la República permanece pero solo en la ficción porque en la sociedad, con estos cambios recientes, es la ley del más fuerte la que impera. Una sociedad de individuos como se quería. Cada quién se arregla por su cuenta. Observamos el resultado concreto del decreto sobre el Código Laboral en Francia. Impacta a millones de personas.

Antes de 2008, en Francia, los empleados despedidos tenían 30 años para rechazar su despido ante el tribunal laboral. Después de 2008, el tiempo se redujo a 2 años. Con el decreto sobre el Código Laboral se reduce a un año, y si se reconoce el despido improcedente, la indemnización será solo de 1 mes de salario en lugar de los 6 anteriores. Poca compensación. Además el decreto toca muchos otros aspectos. 

Antes, despedir a un empleado por su género, su actividad sindical o su religión, condenaba a los patrones a pagar 12 meses de salario. La pena se reduce a 6 ahora. 

Después de la explotación del empleado, el jefe puede despedir sin dar razones de su decisión. La carta de despido se sustituye por un formulario en el que el empleador puede modificar y especificar el motivo del despido sólo después, hasta frente al juez. Esto reduce las posibilidades de que el trabajador prepare su defensa. 

Además de eso, se permite la modificación del contrato de trabajo en el camino... nada es estable por lo tanto, nada está garantizado para el trabajador. Si rechaza la modificación puede ser despedido.

El desmantelamiento del Código Laboral por decreto da, como vemos, menos derechos, menos salarios, y es la puerta abierta para aumentar los empleos precarios y los despidos sin ningún problema. Los grandes textos ya no existen y el empleador puede fácilmente oponerse a una ley social si así lo desea. Condiciones de trabajo, tiempo de trabajo, salario... cada vez son más los empresarios los que deciden. ¡Un retroceso de dos siglos!

Este extremismo de cada uno por sí mismo es un golpe de Estado contra el mundo del trabajo y el pueblo, y nos garantiza el infierno para todos.

Venezuela

Venezuela no es una excepción a la regla. Aquí también una herencia fue destruida. Durante 20 años, según el Observatorio Venezolano de la Libertad Sindical, ha habido un proceso de destrucción de convenios colectivos que se ha acelerado drásticamente desde 2013. Las luchas de los trabajadores de la salud han logrado establecer su derecho a la negociación colectiva a mediados del siglo pasado. Además, con la aprobación de la Ley Orgánica del Trabajo en 1990 se institucionalizó la negociación colectiva en todo el sector y se firmaron convenios colectivos para los trabajadores y todos los profesionales de la salud. Estos contratos brindan beneficios para el trabajador y su grupo familiar, como cláusulas sobre derechos de becas, planes de vacaciones, seguro médico privado, etc. El retroceso se produjo con el paralelismo sindical  que permite excluir a los sindicatos autónomos y tratar únicamente con sindicatos oficialistas mucho más inclinados a defender al Estado que a los trabajadores.

La primera fase empieza con el acuerdo marco del 1 de diciembre de 2000: fue el último convenio celebrado con la CTV (Central de Trabajadores de Venezuela) y sus organizaciones afiliadas del sector público. Este acuerdo es el primer paso para adaptar un convenio colectivo y sus lineamientos a la demanda de los empresarios privados durante la década de los noventa: la incorporación del criterio de productividad en la determinación de los salarios. Así, por primera vez aparece una cláusula sobre productividad y eficiencia, sujeta a evaluación unilateral por parte del empleador, que favorece el desempeño individual y no el colectivo. En este acuerdo han desaparecido las cláusulas que preveían comisiones mixtas para la gestión del día a día del personal y la asignación de beneficios sociales. Luego, con la ley estatutaria de la función pública de 2002, el sistema de remuneración se fija mediante decretos presidenciales, y se permite la reducción unilateral de la fuerza laboral así como la posibilidad de contratar personal fuera del ámbito de la carrera administrativa. En esos años, también, fue el comienzo del desconocimiento de toda una estructura sindical autónoma como Sunep-Sas y Fetrasalud. Después de 2013, es imposible que los sindicatos autónomos obtengan una reunión con el Ministerio de Salud. Ya no existe ninguna negociación colectiva libre y voluntaria para hablar de salarios y de condiciones laborales. Lo que es un eje fundamental para la Organización Internacional del Trabajo ya no existe en Venezuela. En las negociaciones de 2013, la organización sindical perdió uno de los logros más importantes e incluso su razón de ser, el convenio colectivo, que priva a los trabajadores de la obtención de beneficios y aumentos salariales. Después 2013 la pérdida de los derechos se hace más fuerte:

“El año 2018 pasará a la historia como el año en que desapareció la contratación colectiva; una vieja aspiración patronal hecha realidad. El principal tema de una convención colectiva, el aumento salarial, se cede al empleador para que este lo fije unilateralmente. Este hecho ya había ocurrido en el convenio colectivo 2013-2015, vigente por ultra actividad hasta 2017, pero el que comenzó a regir el 1 de enero de 2018 lo terminó de consagrar. Ello significó el desmantelamiento del convenio colectivo: sin aumento salarial y sin beneficios para la familia. Casi dos décadas tardó el gobierno en vaciar la negociación colectiva del sector salud. En síntesis, la actual regulación convencional del sector salud se aleja considerablemente de lo que siempre se consideró un buen contrato colectivo. En 2018 los trabajadores de la salud lo perdieron y quedaron con la puerta abierta a las negociaciones colectivas sin presencia sindical autónoma.”

Finalmente se destruyó el tejido organizativo de los trabajadores del sector de la salud, lo que muestra el carácter autoritario del régimen que se sustituye a las organizaciones de trabajadores independientes para imponer sus propios criterios sobre las relaciones salariales, la gestión de las condiciones laborales y sobre cuestiones importantes de sueldos y de beneficios sociales. Así, la regresión social se produce mezclada con el clientelismo bajo la égida del Estado.

Construir el futuro

El futuro se construye en las calles, en las luchas, pero no siempre es fácil porque si la regresión social se convierte en la norma en varios países del mundo, la represión continúa la acompaña para que nadie se rebele, y que aceptemos esta nueva situación. De la misma manera que a veces son empresas privadas que destrozan carpas y golpean a los migrantes que ocupan plazas como pasó en Francia, en Venezuela, por su parte, la represión es a veces más responsabilidad de grupos militares armados (los colectivos) que del propio Estado que quiere mantener su imagen “democrática”. El resultado es que los grupos armados, y en ocasiones con el apoyo del aparato represivo del Estado, amenazan y atacan sistemáticamente a los trabajadores que se organizan para defender sus derechos, como sucedió en 2018.

Estas regresiones sociales son diferentes según el país, pero existe una dinámica global y una fuerte presión capitalista para dejar a los trabajadores aislados y vulnerables mientras la población se ve privada de servicios públicos gratuitos y de calidad.² Un estudio de la OCDE destaca la disminución de la cobertura para los trabajadores con convenios colectivos. Entre los países de la OCDE liderados por el mexicano José Ángel Gurría, unos 160 millones de empleados están cubiertos por negociación colectiva, ya sea por convenios estatales, autonómicos, regionales, sectoriales o de empresa. Representa alrededor de un tercio de los empleados (32% en 2017), mientras que en 1985, el promedio de los países de la OCDE era del 46%. “En general, la mayor reducción en el número de trabajadores subcontratados se ha registrado en Europa Central y del Este, así como en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido y, más recientemente, Grecia”, concluye el informe.

Hay que poner palabras sobre las cosas: lo que está pasando es una contrarrevolución. Pasando de un país a otro, la reducción de las protecciones de los trabajadores se está generalizando. Esto se llama nivelación hacia abajo. Estamos entrando rápidamente en el futuro desde un punto de vista tecnológico, pero volvemos a la Edad Media desde un punto de vista social porque los contratos a la tarea tienden a multiplicarse mientras que las protecciones disminuyen una por una. Si somos conscientes de esta dinámica mortal que disgrega grupos y destruye legados sociales, debemos hacer lo imposible, apartarnos del presente perpetuo para pensar nuestras condiciones y proyectarnos hacia el futuro. Nuestra energía se aprovecha para la explotación cotidiana y luego se pierde en la depresión cuando el desempleo se apodera de nosotros, o nos entretenemos con la industria del entretenimiento, - y del cretinismo - que mantiene el control sobre nuestras vidas. Debemos liberarnos de la explotación, del desempleo, y revitalizar nuestros pensamientos neutralizados por la sociedad espectacular y mercantil para poder defender una herencia social y construir el mundo de los Comunes; un mundo desmercantilizado, compartido, que combina protección y bienestar social y ambiental, tanto para nosotros como para las generaciones venideras. @mundiario

Defender la herencia de la clase trabajadora; construir el futuro
Comentarios