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MUNDIARIO

¿Qué es lo que no debe hacer un ayuntamiento?

Se aproximan las elecciones locales y, con ello, los debates de qué y cómo debe hacer un gobierno municipal para favorecer la economía de su territorio…

¿Qué es lo que no debe hacer un ayuntamiento?
Una casa consistorial.
Una casa consistorial.

Santiago Lago Peñas

Catedrático de economía.

Aquí mis cinco mandamientos (en negativo) para que los gobiernos municipales colaboren en el crecimiento económico de su región.

Lo primero, no estorbar. Desgraciadamente, lo más habitual es que los papeles y los trámites se demoren meses, incluso años, sin que exista una razón de peso. En muchos casos esos papeles son examinados un par de horas por alguien que puede tenerlos tres meses sobre su mesa, cumpliendo estrictamente lo que dicen los reglamentos. Es perfectamente posible supervisar y controlar la actividad económica en mucho menos tiempo. Falta voluntad política y compromiso. Creo que para ello ayudaría que una iniciativa empresarial que supere determinado umbral tuviese asignado a un técnico municipal con nombre y apellidos, que haría de interlocutor único ante el administrado.

Lo segundo, no hacer lo que no toca. Supongo que lo hacen por buena fe y voluntarismo, pero es muy habitual encontrarse con alcaldes o concejales que quieren hacer cosas que no les corresponden, porque no están en sus competencias o porque la escala municipal no es la apropiada. Hay que concentrarse en lo que le corresponde a cada uno.

Lo tercero, no dejarse gobernar por la inercia. Y por inercia me refiero a repetir programas y actuaciones cuyos efectos no han sido evaluados positivamente. Gastamos dinero en cosas que tengan los resultados esperados. Pero inercia también es la costumbre de romper con todo lo que ha hecho el gobierno anterior, sin pensar antes en la alternativa ni respetar los aspectos positivos del legado recibido.

Lo cuarto, no ir por libre. Hay que tejer proyectos conjuntos con otros niveles de la administración y con el resto de los municipios del área urbana. Un municipio no es un califato; y no puede pretender siempre imponer su punto de vista sobre el de otros niveles de gobierno o en otros gobiernos locales. Toca dialogar y consensuar; convencer con inteligencia.

Quinto y último: no vender humo. Es sorprendente cómo un buen número de municipios pretender promover y publicitar su territorio con eslóganes vacíos, que podrían utilizarse de la misma manera para mil clientes con capacidad de pago. El fracaso está garantizado. Primero hay que construir realidades diferenciadas y valiosas. Y, solo después, dedicarse al marketing. @mundiario