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¿Está dando los últimos coletazos el sector pesquero español?

Por si no lo saben en Madrid: se está incumpliendo sistemáticamente la norma dictada de no permitir la venta por debajo del coste de producción de todo aquello que se logra en el sector primario.
¿Está dando los últimos coletazos el sector pesquero español?
Pintura de un marinero en su barco de pesca. / Pixabay
Pintura de un marinero en su barco de pesca. / Pixabay

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Antón Luaces

Antón Luaces

El autor, ANTÓN LUACES, es columnista de MUNDIARIO. Está especializado en información marítima. @mundiario

La pandemia de coronavirus que afecta a España, al igual que a muchos potros países del mundo, está situando al sector pesquero, especialmente el de bajura, a las puertas de una recesión ya indisimulada que se manifiesta en estos momentos con el amarre de la flota en, por ejemplo, el Mediterráneo y Andalucía y que, muy probablemente, se extenderá en poco tiempo a las flotas que faenan en el caladero nacional Cantábrico Noroeste que, en este momento, agotan el cupo de caballa (xarda) otorgado con más pena que gloria por la Secretaría General de Pesca tras el reparto de cuotas realizado por la Comisión Europea y que, como es sabido, en el norte y noroeste de la península ibérica premia de modo absurdo unos denominados derechos históricos de los barcos de bajura de Euskadi y Cantabria que solo dejan a los asturianos y gallegos las ansias de pescar los restos de un reparto que nadie explica cómo y por qué se realiza al margen de los directamente implicados en la pesca que son los armadores y tripulantes.

El coronavirus afecta a las bases del sector pesquero. Pero este viene arrastrando males a los que nadie ha puesto remedio. Unos males que evidencia el escaso, por no decir nulo, interés que para el Estado tiene el sector pesquero, poniendo asimismo en tela de juicio el por qué existen consejerías en las comunidades autónomas con litoral marítimo cuando ni siquiera tienen otro sentido que el ostentar el marchamo de Pesca para sostener un departamento que para nada cumple con lo que sería su cometido. Más allá están las cofradías de pescadores, subsumidas en la práctica en la estructura de las organizaciones de armadores, que no saben vivir si no es de las limosnas de las respectivas consejerías de ¿pesca? en las que todo dios pesca menos aquellos que secularmente han vivido de lo que del mar extraen y que son los pescadores.

El coronavirus, como antes lo fueron los repartos de cuotas, las campañas experimentales de pesca, los precios del combustible, la persecución protagonizada por todo tipo de inspectores pesqueros, la competencia desleal, la pesca ilegal, etc., está liquidando el sector pesquero y el Gobierno de Madrid y los de las comunidades autónomas de una irredenta España pesquera sentados a la vera del río a ver si en este hay truchas o tienen que entregarse, todavía más, a la piscicultura.

Por si no lo saben en Madrid: se está incumpliendo sistemáticamente la norma dictada de no permitir la venta por debajo del coste de producción de todo aquello que se logra en el sector primario. En este, la pesca tiene un lugar preeminente. Sin embargo, nadie mueve un dedo para hacer que se mantenga a flote, quién lo iba a decir?. Por ejemplo: en algunas lonjas gallegas se vende el jurel a 0,15 euros el kilo. Ese mismo jurel se pone a disposición del público en las grandes superficies comerciales a 4,50 euros. El precio en una lonja como es la de Cedeira, osciló en las últimas horas entre los 2 y los 2,50 euros el kilo, con un precio inicial en venta muy inferior.

Todo esto conduce a los armadores a optar por arrojar al mar las capturas y poner el grito en el cielo para que el Gobierno rectifique y considere como propio un sector al que no se hace ni puñetero caso, pero que se ahoga como cualquier afectado por la covid-19. Otros prefieren vender las capturas para, al menos, conseguir con el importe de la venta enjuagar las pérdidas ocasionadas por los precios del gasoil. Al mismo tiempo, surgen propuestas en el sentido de abrirse a la venta directa a los consumidores para evitar que estos caigan en las redes de los congeladores, sector claramente beneficiado por la tendencia a congelar tras episodios como el anisakis o, ahora, el miedo al coronavirus y su contagio.

¿Estamos viviendo los últimos coletazos del sector pesquero español? El Gobierno calla. Las consejerías de Pesca otorgan. El consumidor no dice nada y se mantiene en un mutismo que solo le puede perjudicar en su confinamiento. Pero a Galicia se le hunde uno de sus más fuertes pilares económicos, con riesgo de colapso en muchos pueblos y villas en los que se vivía –no sé si se vive aún– de lo que la pesca otorga.Si para la lírica los malos tiempos siempre están vivos, para la pesca el mal tiempo es una constante en su hundimiento. @mundiario