La crisis del naval se acentúa, hasta amenazar la existencia del propio sector

Sede de Navantia en Madrid.

Los armadores Knutsen y Elcano adjudicaron gaseros a empresas de Corea y Japón y los astilleros de Ferrol, Cádiz y Sestao se quedaron sin trabajo para 6.500 personas durante tres años.

La crisis del naval se acentúa, hasta amenazar la existencia del propio sector

Desengañémonos, el sector naval gallego se muere. Dentro de dos semanas los astilleros de Ferrol entregarán el segundo megabuque para Australia y los trabajadores de las auxiliares y de Navantia se quedarán sin trabajo.

Este final es la crónica de una muerte anunciada. Navantia "no es viable, ni competitiva no sostenible", según un documento de la compañía, que cerrará el año con nivel de  ocupación cero, con la contratación más baja de toda su historia -en los últimos años no ha conseguido cerrar encargos, un fracaso de su política comercial- y con las pérdidas más altas. Es una ruina económica por culpa de un desastre en la gestión que causa aquella falta de competitividad y solvencia. 

Esa mala gestión adquiere carácter paradigmático al conocer la "desidia" de los directivos en la oferta que hicieron para optar al contrato de construcción de los cuatro buques gaseros para Repsol y Gas Natural, que cuenta el presidente de esta empresa en carta dirigida al ministro Soria. "Navantia, dice Salvador Gabarró, ni en la fecha de oferta -17 de junio- ni en fechas posteriores ha logrado presentar una oferta firme y viable de construcción de esos barcos metaneros. La especificación técnica del 1 de octubre llegó fuera de plazo y sin desarrollar, sin el soporte de una oferta seria...". 

Incompetencia gerencial manifiesta con consecuencias conocidas: los armadores Knutsen y Elcano adjudicaron los gaseros a empresas de Corea y Japón y los astilleros de Ferrol, Cádiz y Sestao se quedaron sin trabajo para 6.500 personas durante tres años. Lo grave es que los directivos de Navantia siguen en sus despachos, lo que no es fácil de entender. Manteniéndolos, el ministro responsable premia la desidia y hace buena la gestión del gobierno anterior que tanto criticaba cuando estaba en la oposición.  

Ahora, con las gradas vacías, sin gaseros y el flotel en el aire -un parche que prolongaría la agonía- miles de personas y familias, representadas por los trabajadores que se manifestaron ayer ante el Parlamento, vuelven a estar al borde del abismo. 

Con este panorama, el Gobierno gallego, además de asumir su parte de responsabilidad  en la desfeita, debería promover para la castigada comarca ferrolana algún plan industrial alternativo al monocultivo del naval, que se acaba. Y decir -con hechos- al gobierno amigo de Madrid que ¡ya está bien! Va siendo hora de que, de una vez, tome en serio a Ferrol y a Galicia.

La crisis del naval se acentúa, hasta amenazar la existencia del propio sector
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