Correos vuelve a subir las tarifas y reabre el debate sobre el coste del servicio postal

Una oficina de Correos. / RR SS.
A partir de enero de 2026, enviar cartas y paquetes será más caro. Correos aplicará subidas de hasta el 7,9% con el aval de la CNMC, pese a una inflación menor. El ajuste reabre el debate sobre cómo sostener un servicio postal universal en plena transformación.

A partir del 1 de enero de 2026, enviar una carta o un paquete será un poco más caro en España. Correos aplicará una subida del 7,9% en los sellos nacionales y del 5,5% en los paquetes de menos de un kilo, una decisión avalada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. El dato clave es que el incremento está muy por encima de la inflación, situada en torno al 3%, lo que obliga a mirar más allá del titular y preguntarse por qué ocurre y a quién afecta realmente.

Un servicio público en transformación constante

El servicio postal ya no vive de las cartas como antes. La digitalización ha reducido de forma drástica el volumen de correspondencia tradicional, mientras que la paquetería vinculada al comercio electrónico ha crecido de manera desigual y muy competitiva. Correos se mueve en ese terreno resbaladizo, obligado a mantener un servicio universal que llega a todos los rincones del país, incluidos los menos rentables.

Desde 2015, el precio del sello ordinario ha pasado de 0,42 a 0,96 euros. La cifra impresiona, pero no puede analizarse sin contexto. Mantener oficinas, rutas y personal para garantizar que una carta llegue a un pueblo remoto cuesta prácticamente lo mismo que hacerlo en una gran ciudad. El problema es que cada vez hay menos cartas que repartan esos costes. El resultado es una subida progresiva que intenta tapar una grieta estructural más profunda.

Inflación, Europa y el argumento comparativo

La CNMC sostiene que, pese a estas subidas, España sigue teniendo tarifas postales competitivas en comparación con otros países europeos. Es cierto si se observa el dato frío de la media europea ajustada por poder adquisitivo. Sin embargo, la comparación no siempre consuela al usuario que ve cómo un gesto cotidiano, como enviar una carta certificada, supera ya los cinco euros.

Aquí surge una duda razonable. Si los precios son bajos en términos europeos, por qué suben tan rápido. La respuesta está en una combinación de costes laborales, caída de la demanda y necesidad de modernización. Correos compite con operadores privados en paquetería, pero no puede elegir dónde presta servicio. Es como un autobús público que sigue haciendo el trayecto aunque viajen pocos pasajeros.

Quién paga más y quién debe vigilar

El impacto no es igual para todos. Particulares, pequeños comercios y autónomos sienten más estas subidas que las grandes empresas, que negocian tarifas especiales. Por eso es relevante que la CNMC refuerce la vigilancia sobre los descuentos a grandes clientes mediante criterios de costes a largo plazo. Evitar que los pequeños paguen indirectamente los envíos de los grandes no es un detalle técnico, es una cuestión de equidad.

La subida de tarifas puede ser comprensible, pero no debería ser automática ni silenciosa. Hace falta explicar mejor el modelo, reforzar la transparencia y debatir si el servicio postal necesita un apoyo público más claro para no cargar todo el peso sobre el usuario. Un sello más caro no es solo un precio, es el síntoma de cómo una infraestructura esencial busca su lugar en un mundo que escribe menos cartas, pero sigue necesitando que alguien las lleve. @mundiario