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MUNDIARIO

El coronavirus y su problemático efecto en el binomio consumo-ahorro

En este contexto incumbe no solo la caída directa del volumen de transacciones sino también el comportamiento del binomio consumo-ahorro en un escenario ciertamente inédito en el que se toman "posiciones defensivas".
El coronavirus y su problemático efecto en el binomio consumo-ahorro
Días de reflexión. / RR SS
Días de reflexión. / RR SS

Matías Membiela-Pollán

Profesor de economía.

El hecho de que la economía no es una ciencia aislada y autocontenida queda de manifiesto en una coyuntura como la actual. Se nutre de los recursos naturales (capital natural), de la industria y la maquinaria (capital físico), de los recursos monetarios (capital financiero), de la educación y la experiencia (capital humano), y también del estado de la dimensión social (capital social). Tal y como se palpa en este reciente día a día, el COVID-19 está afectando a la maniobrabilidad y la flexibilidad de todos estos tipos de capital. No solo produce perturbaciones desde el lado de la demanda sino también desde el lado de la oferta, pues altera la dinámica normal de funcionamiento de la mayor parte de los sectores y de sus recursos asociados.

Mas en lo que concierne a este texto, nos interesa dirigir la mirada al motivo de la confianza, un atributo de "lo social", que en su expresión más genérica se refiere a la "esperanza firme que se tiene de alguien o algo". Existen distintos tipos de confianza: particular, social, institucional o económica, y todos ellos son decisivos en el funcionamiento de la economía. En este sentido y como resulta lógico, el fenómeno del coronavirus ha impreso un shock súbito en lo que respecta a la incertidumbre y como consecuencia ha desarrollado ipso facto un notable efecto en la caída de la confianza.

Esta pandemia suscita problemas a partir de la minoración del dinamismo económico, o más bien "socioeconómico" porque la progresiva paralización de la sociedad lastra el plano más monetario y sobre todo en una economía que confiere gran peso al sector servicios, causando por demás efectos en los costes de los factores, el empleo, la renta disponible y la capacidad de recaudación del Estado. Pero en paralelo supone la asunción de posiciones “defensivas” por parte de los agentes ya sean estos personas físicas o jurídicas.

Lejos de quien esto escribe el otorgar una importancia "cuasi-única" al consumo como motor de la economía. Pues si bien este aserto es cierto en una medida elevada, interesa que el consumo sea "armónico" y que el crecimiento se sustente sobre bases reales y no especulativas; esto es, no a través del sobreendeudamiento privado que a menudo supone efectos muy perversos en el ámbito económico y social.

Sin embargo, cuando se produce un shock como el sobrevenido, la incertidumbre mina la confianza y en consecuencia detrae tanto el consumo como la inversión; si bien y más en este escenario se mantiene la demanda de productos primarios, asociados a la cubrición de las necesidades básicas, esto es al primer escalón de la Pirámide de Maslow; y a la seguridad (a modo de ejemplo, mascarillas y medicamentos), segundo escalón de dicha Pirámide.

La teoría económica se refiere con frecuencia al binomio consumo-ahorro, y tiende a vincularlo con las fases del ciclo económico. Está estudiado cómo en épocas de expansión y crecimiento se eleva el consumo, mientras que en periodos de recesión y notable caída de la actividad se elevan por prudencia e incertidumbre las tasas de ahorro, y se reducen el consumo y la inversión (que ocupan el primer y segundo lugar en prominencia en la Demanda Agregada).

A modo de ejemplo, si nos remontamos a la crisis de 2008, la tasa de ahorro se elevó del 10% de la renta disponible en ese año, al 18% en 2010; cuestión similar a lo que ya había sucedido en la grave recesión económica de 1993 en España. En ambos casos ello supuso un desplome de la inversión, tanto interna como externa, debido a la menor capacidad financiera y también y en gran medida a que el parámetro Inversión es muy dependiente del lo que acaezca en las expectativas de consumo, que ya expresamos es una locomotora que en el caso español se aproxima al 60% del PIB.

En resumen, el efecto global del COVID-19 en la economía parece difícil de precisar —la variedad de escenarios sugieren un impacto global de entre el 0,1% y el 0,4% del PIB— pues si bien es capaz de inferir una recesión aguda, puede asimismo tener un efecto limitado en el tiempo dado que su avance depende de una variable exógena llamada "tiempo que se tarde en frenar la enfermedad".

En cualquier caso, en este contexto, como señalamos, incumbe no solo la caída directa del volumen de transacciones sino también el indicado comportamiento del binomio consumo-ahorro en un escenario ciertamente inédito, porque la bajada del consumo por causa de la incertidumbre puede elevar el efecto global que esta pandemia tenga finalmente en nuestro sistema. @mundiario