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MUNDIARIO

El coronavirus y tres aprendizajes socioeconómicos

La deuda pública en España ha evolucionado desde el 7% del PIB en 1975 al 98% en la actualidad; con una perspectiva de alcanzar el 115% en estos próximos meses y dada la coyuntura que produce el coronavirus.
El coronavirus y tres aprendizajes socioeconómicos
Una pizarra. / Pixabay
Una pizarra. / Pixabay

Matías Membiela-Pollán

Profesor de economía.

En este tiempo de pandemia e incertidumbre respecto a las consecuencias que derivarán de la covid--19, se han alzado y extendido dos afirmaciones. La primera es que muchas cosas van a cambiar en el plano social y económico. La segunda es que este contexto puede servir para aprender, para mejorar los derroteros de nuestra sociedad.

Este texto plantea "tres aprendizajes" que pueden derivar del escenario que nos está dejando el coronavirus: 1) El turismo no es "una macro solución"; 2) La desestructuración social deteriora un importante "estabilizador automático" de la economía; 3) Frivolizar con la deuda pública y privada pasa factura.

1) El turismo no es una "macro solución".- El turismo viene jugando un progresivo papel en cuanto a su contribución al PIB de muchos países, y también como modo de desarrollo de determinadas regiones, dadas las sinergias que suscita.

Existen diferentes tipos de turismo que los investigadores tipifican según su naturaleza, y que resumiendo se pueden calificar de más o menos saludables, y más o menos deseables.

En lo que a este punto interesa, traemos a colación un reciente documental en el que unos investigadores cuantificaban los transeúntes que habitaban las calles de determinadas ciudades y los separaban entre "población local" y "turistas". Asombroso comprobar algo palpable y es que un porcentaje muy considerable correspondía a la segunda categoría. 

Es así que hermosas ciudades y villas se han convertido en "lugares de postalilla", y han tendido más hacia el artificio que hacia la conservación de lo auténtico. 

Si bien el turismo es un activo económico para estas ciudades y villas, no hace otra cosa que paliar, en muchos casos, un déficit interno. Un déficit interno de población mermada y envejecida por causa de la hecatombe demográfica, que tiene como resultado la caída de la demanda interna y por tanto el sostenimiento micro y macroeconómico.

Pero cuando se dan situaciones como la emergencia del terrorismo o la pandemia que estamos experimentando y cuyos efectos en el tráfico nacional e internacional pervivirán por tiempo, entonces decae la capacidad de esa "macro solución" denominada turismo, que en ocasiones conduce a olvidar cómo estamos funcionando estructuralmente como sociedad.

2) La desestructuración social elimina un estabilizador micro y macroeconómico.- Los estabilizadores automáticos son determinadas partidas de gasto público e impuestos, que ante variaciones en el nivel de renta, reaccionan de una forma automática en un sentido anticíclico. Un conocido estabilizador automático es la prestación por desempleo que capacita para mantener la renta de las familias en momentos de paro.

El capital social que rodea al individuo, principalmente su red de relaciones interpersonales más próxima, la familia y la comunidad, también funciona como "estabilizador automático", puesto que cuando el sujeto pasa dificultades por una situación económica desfavorable puede recurrir en más o en menos a su red buscando soporte, y amortiguando así la caída del consumo tal y como señala el economista italiano Alberto Alesina. De este modo, a nivel micro se ve menos perjudicado el bienestar de una persona y/o un hogar; y a nivel macro se ve menos resentido el funcionamiento global de la economía porque se mantiene el consumo, principal elemento de la demanda agregada de un país.

En un escenario en el que se impone progresivamente el individualismo y la atomización en tantos países occidentales, y mirando al actual contexto de pandemia, esta menor consistencia del capital social individual acarrea una pérdida de funcionalidad de las estructura sociales como estabilizadores automáticos, rebajando así su efecto amortiguador positivo. 

3) Frivolizar con la deuda pública y privada pasa factura.- La deuda, sea pública o privada, es un importante instrumento financiero por el que se recibe un monto monetario que debe ser reembolsado en un tiempo, suponiéndose en ello que puede ser pagado.

La deuda pública en España ha evolucionado desde el 7% del PIB en 1975 al 98% en la actualidad; con una perspectiva de alcanzar el 115% en estos próximos meses y dada la coyuntura que produce el coronavirus. Por su parte, la deuda privada (hogares y empresas) ha crecido también de modo muy notable, pasando de los 300.000 millones de euros en el año 1995 al 1.600.000 millones en diciembre de 2019. 

Esto hace cuestionar el crecimiento económico del que a veces se presume y que parcialmente se asienta en una considerable expansión de ambos tipos de deuda. Hace cuestionar asimismo la tendencia a vivir de modo especulativo, confiando en la perfecta racionalidad y buena intención de los agentes implicados; frente a una mejor inclinación por la economía labrada sobre bases reales. Hace cuestionar el tipo de gasto y consumo ejecutado durante tanto tiempo. 

Sin menospreciar este instrumento financiero, del todo esencial, resultan evidentes los gastos de naturaleza oportunista y carentes del adecuado análisis coste beneficio que por mucho tiempo han sido ejecutados por las administraciones; y también el gasto llamado "defensivo" que no hace otra cosa que paliar las propias deficiencias de la sociedad civil, y que podría ser minimizado si aquella manifestase más fortaleza. También hace cuestionar la acumulación de deuda privada de modo tan generalizado y abundante, y es que hace años, dicen nuestros mayores, no solo debido a los elevados tipos de interés sino a la norma cultural, se abusaba menos del crédito.

El exceso de deuda pública y privada, conduce por tanto, en esta situación que padecemos por causa del coronavirus a una menor maniobrabilidad; pues de modo súbito la realidad se vuelve muy delicada y agresiva. Es entonces cuando de verdad reconocemos que quien no ahorra, quien no es prudente y se excede en consumos y créditos, ya sea un individuo o un Estado, está menos preparado cuando llega el golpe. @mundiario