Controversia ante la actividad minera en el Banco de Galicia

Mapa donde se localiza el Banco de Galicia. / Ecoloxía Azul
Mapa donde se localiza el Banco de Galicia. / Ecoloxía Azul
Se trataría de prospecciones a unos 150 kilómetros de la costa occidental de la comunidad autónoma gallega, donde existen importantes depósitos de cobalto y litio.
Controversia ante la actividad minera en el Banco de Galicia

​El llamado Banco de Galicia, un monte submarino situado a unos 200 kilómetros de la costa oeste de la comunidad gallega, alberga en sus sedimentos seculares un ecosistema en el que habitan 86 especies de peces y el coral Lophelia pertusa.  Se trata de una amplia zona que dispone de sistemas de protección reconocidos internacionalmente, pese a lo cual y según un informe de la organización Ecologistas en Acción, podría ser abierta para la realización en la misma de calicatas destinadas a la extracción de minerales submarinos.

El Banco de Galicia fue dado a conocer por las protestas ecologistas y de organizaciones políticas gallegas que, en 1981, a bordo del palangrero gallego de 24 metros de eslora y base en el puerto de Riveira, plantaron cara a los vertidos nucleares en el océano Atlántico realizados por buques mercantes holandeses a los que escoltaba un buque de la Armada de ese país. La denominada Fosa Atlántica, situada fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de España, se halla en aguas internacionales, motivo por el que España -al margen de su interés, o no, en evitar tales vertidos- nada podía ni puede hacer contra los mismos. 

Aquellas protestas de hace casi 40 años sirvieron, además de para paralizar los vertidos –finalmente prohibidos por la UE– para que el mundo entero conociera de la existencia de ese Banco de Galicia en el que faenaban numerosos barcos pesqueros con base en la Comunidad gallega y en cuyas proximidades unidades de las Armadas de distintos países comunitarios -entre estos los de la propia España- realizaban vertidos sistemáticos de municiones de guerra en mal estado, con el consiguiente daño para la fauna, cadena trófica y flora marinas de este área.

Ahora se ha conocido el interés de varias empresas mineras por realizar investigaciones submarinas que determinen el interés por extraer del fondo marino recursos de gran demanda como son el cobalto y el litio, allí existentes el parecer en gran cantidad. Esta zona nunca ha sido explorada, pero a pesar de ser de indudable valor ecológico, los países interesados podrían contar con el suficiente apoyo en el seno de la Autoridad Internacional para los Fondos Marinos, entidad que este mismo año va a hacer público el código que regulará la extracción de minerales en alta mar. España está representada en este organismo por expertos en minería que, al parecer, son proclives a la explotación minerológica de esos fondos hasta ahora respetados y que, al parecer, no se sabe hasta cuándo puede mantener el actual status por el que se rige.

En concreto, se habla del Banco de Galicia para esas prospecciones. Estas se iniciarían a unos 150 kilómetros de la costa occidental de la comunidad autónoma gallega, donde existen importantes depósitos de, como ya se ha dicho, cobalto y litio, minerales a los que se hace referencia en el mapa paneuropeo submarino de elementos críticos para la energía. Se trata de un espacio que por ser de gran riqueza natural, disfruta de medidas de protección como las denominaciones ZEC y LIC (Lugares de Importancia Comunitaria) por lo que la actividad minera podría resultar catastrófica para la biodiversidad, en la cadena trófica  y de la productividad pesquera.

En el informe de Ecologistas en Acción "Ojos que no ven... la minería submarina en España", alerta del daño que puede producir la autorización a una actividad tan difícil de controlar y de impredecibles consecuencias para los fondos marinos. Por este informe se conoce que las nubes submarinas de sedimentos con metales pesados pueden desplazarse –recoge el diario Nós– a grandes distancias y afectan a zonas lejanas, con lo que los fondos oceánicos pueden recibir impactos globales por la alteración de la capacidad de fijar carbono que realiza el fitoplancton. @mundiario

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