El conflicto de la estiba lleva años larvándose, con controversias y regulaciones sucesivas

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Europa no tolera monopolios en los puertos.

Un repaso a la organización de la estiba permite descubrir usos y costumbres sorprendentes, desde el gremialismo profesional o el hecho de que los hijos de los estibadores, en buena parte de los casos heredaran el trabajo de sus padres, a escalas cerradas casi jerárquicas, según la actividad de los estibadores.

El conflicto de la estiba lleva años larvándose, con controversias y regulaciones sucesivas

Ha sido un asunto que habría de estallar antes o después, y que estos días emerge con toda su crudeza. En los puertos españoles ha habido de todo: desde un gremialismo sindical y corporativo, casi medieval, a toda suerte de usos, considerados abusivos por los armadores y consignararios e incluso el robo organizado o el pago de impuestos en especie para evitarse problemas por parte de los armadores, sobre todo en mercancía, en las descargas pesqueras y otras, siempre según aquéllos. El puerto donde más se ha robado ha sido tradicionalmente el de Barcelona, hasta que todo el mundo sabía dónde se pueden comprar toda suerte de objetos procedentes de estas acciones, soportadas casi como inevitables. Y todo ello favorecido por un sistema no compartible con los usos y normas que rigen en el resto de Europa. Al pretender la inevitable homologación, el conflicto estaba cantado. Las sucesivas regulaciones de los diversos gobiernos nunca resolvieron la cuestión de fondo.

El Consejo de Ministros estaba abocado a la aprobación del Decreto Ley de reforma de la estiba, tras un aplazamiento para ver si por la vía del diálogo entre la patronal y los sindicatos se llegaba a un acuerdo que evitara la huelga.  La nueva normativa deberá aplicarse para cumplir una sentencia condenatoria del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de diciembre de 2014. El objetivo de la reforma es poner fin al monopolio de la estiba. Por ejemplo, si un pesquero arriba a Vigo, que sus propios tripulantes puedan descargar la pesca, sin tener que llamar a una mano de estibadores. Los sindicatos de estibadores han anunciado un preaviso de huelga que comenzará el 6 de marzo y durará tres semanas, con paros alternos de tres días por semana (lunes, miércoles y viernes).

Una larga sucesión de regulaciones

Actualmente, el sector está organizado a través de las Sociedades Anónimas de Gestión de Estibadores Portuarios (SAGEP), que engloba la ocupación de 6.150 trabajadores en los 28 puertos de actividad general. La norma vigente en España contravenía artículo 49 Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Europa dice que cada armador pueda contratar al personal que desee o emplear sus propios medios para operar en un barco sin tener que recurrir a la SAGEP de modo obligatorio. Pero requiere un proceso de adaptación de tres años y se contempla la creación de los centros portuarios de empleo (CPE) cuyo objeto será precisamente el empleo regular de los trabajadores portuarios en el servicio portuario de manipulación de mercancías.

Los portavoces de la CETM (Confederación Española de Transporte de Mercancías) han señalado diversos efectos negativos de todos los órdenes, tanto económicos, como de condiciones laborales para los afectados. Primero, que las empresas podrán reducir de modo crecientemente escalonado por tercios sus plantilla, precariedad laboral (o un ERE por etapas) y reducción de los salarios.

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La mecanización ha reducido drásticamente el número de estibadores.

 

Es evidente que una huelga en la estiba de los principales de los 28 puertos generales de España tendrá enormes repercusiones en el conjunto de la actividad económica, dado que el trasiego comercial de España depende esencialmente del mar. La paralización de la actividad portuaria supondría la del mercado en España, ya que la mayoría de las mercancías que entran en España lo hacen por el mar y son muchas las empresas que dependen del mercado exterior. Los operadores portuarios han cifrado el coste de parar los puertos en torno a los 50 millones de euros. La solución no parece nada fácil.

Una historia completa

Un repaso histórico a la organización de la estiba en los puertos españoles permite descubrir usos y costumbres sorprendentes, desde el gremialismo profesional, casi medieval, o el hecho de que los hijos de los estibadores, en buena parte de los casos, heredaran el trabajo de sus padres, a escalas cerradas casi jerárquicas, según la actividad de los estibadores, o a todo tipo de abusos como el cobro suplementario en especie (especialmente en los puertos pesqueros) en la descarga de la flota, cuando no, como repetidamente se ha denunciado, cuestiones más graves como le robo sistematizado en el puerto de Barcelona, en algunos casos con la insólita colaboración de guardias civiles corruptos.

En el puerto pesquero de Vigo era frecuente, y tolerado o ignorado para evitar males mayores, que en la descarga de los grandes congeladores, quedaran una cajas de pescado en las bodegas para ser repartidas entre los estibadores, y que fuera de dominio público que si no se entraba por el aro se produjeran accidentes costosos, como la caída accidental de uno o varios palés con carga.

Con respecto a la estructura tradicional de la estiba en los puertos españoles, su trayectoria histórica es muy peculiar. Una institución oficial, llamada la Organización de Trabajos Portuarios organizaba la actividad de la estiba. Existían varias listas: La más elevada era la llamada de “Carga blanca”; es decir los estibadores que operaban todas las mercancías del tráfico comercial, menos graneles y carbones (trabajos más penosos). Venía luego la “lista general”; es decir, los estibadores que estaban disponibles para todo tipo de cargas, incluidas las más penosas, y por fin la llamada “lista nominativa”. Era todo tipo de personas, de la más diversa condición que, sin preparación especial eran llamadas cuando la intensidad del tráfico no podía atenderse con los trabajadores fijos y se recurría a ellas. Pero siendo habitual el trabajo, en los puertos persistió esa doble situación: los estibadores fijos, con dos categorías; y los “nominativos”; es decir, cualquiera que estaba en la lista, sin los mismos derechos, condición ni retribuciones. Ingresar en la plantilla de los fijos era imposible, a no ser que uno fuera hijo de un estibador que le cediera su plaza. Y así funcionó el sistema durante decenios.

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Los puertos tienen leyes y usos propios.

 

Cada vez menos estibadores

La Organización de Trabajos Portuarios (OTP) era organismo autónomo del Ministerio de Trabajo, cuya sede central se encontraba en Madrid, en la conocida como Casa Negra, desde donde se controlaba la actividad portuaria. Cada vez ha habido menos estibadores, debido a la mecanización progresiva. En 1980 había en España 13.000 estibadores frente a los casi 18.000 que trabajaban en los puertos en 1964. Por Ley 33/2010, de 5 de agosto, de modificación de la Ley 48/2003, de 26 de noviembre, de régimen económico y de prestación de servicios en los puertos de interés general se crearon las SAGEP. Fue una de las sucesivas reformas del régimen jurídico de los estibadores portuarios, sustituyendo a las Agrupaciones Portuarias de interés Económico y a las Sociedades Estatales de Estiba y Desestiba. Pero ahora España se enfrenta a un problema de difícil solución.

Lo cierto es que el puerto, los puertos, es un mundo muy peculiar no siempre fácil de entender por el profano. Pero de los privilegios y situaciones que se han venido dando, puede ser expresivo ejemplo esta repetida anécdota. En Vigo, en las collas o grupos de carga y descarga obligados en una operación de transporte de granito (a lo mejor quince o veinte grandes bloques) era obligatorio además de otros estibadores y el “gruista”, contratar a un “listero”; es decir, un estibador con un block que dibujaba un palote por cada bloque cargado. Daba igual que fuera uno que cien. Y aquí se regía esa tradición de que el padre dejara su puesto al hijo.

Curiosamente, los que más van a agradecer que se supriman los monopolios de la estiba van a ser los propios pescadores, que ya podrán ser ellos mismos quienes puedan descargar el fruto de su trabajo al regreso de una campaña en la mar sin problemas, cobrando un suplemento por este trabajo. O eso esperan.

El conflicto de la estiba lleva años larvándose, con controversias y regulaciones sucesivas
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