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Las bolsas llevan tiempo dando señales de alarma en Europa y, especialmente, en España

No se trata tanto de la caída de las últimas fechas como de la falta de acompañamiento del cambio de ciclo económico. Caso aparte merece España, que vive unos años especialmente grises no ya por sus problemas políticos sino por su incapacidad para articular un modelo económico de progreso.

Las bolsas llevan tiempo dando señales de alarma en Europa y, especialmente, en España
Palacio de la Bolsa de Madrid.
Palacio de la Bolsa de Madrid.

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Marcelino L. Fernández Mallo

Marcelino L. Fernández Mallo

El autor, MARCELINO L. FERNÁNDEZ MALLO, es economista con larga trayectoria en el sector financiero. Fue coordinador del área de Economía de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista. También colabora en otros medios de comunicación y es autor de novelas como A trenza, Klásicos o Pallarega, en lengua gallega, y El Danubio no pasa por Buenos Aires, en lengua castellana. @mundiario

El pasado 12 de Octubre, mientras la cabra de la Legión recorría el Paseo de la Castellana, la Bolsa de Madrid caía por debajo de los 9.000 puntos acumulando una pérdida del 4% en tres días. De repente, analistas y economistas, los mismos que habían callado durante los meses anteriores, incluso los que pronosticaban ganancias anuales por encima del 10% desde el cierre a 10.044 de 2017, descubrieron que algo iba mal y que una nueva crisis podía acontecer; podía del verbo “poder”, o sea, tal vez, quizás, nunca se debería descartar.

La del “economista” es una raza muy falsa. Ante la carencia de mecanismos fiables de previsión, se ha dedicado a desarrollar métodos de correlación de variables que tienen tanta fiabilidad como la puntería de un chimpancé (y esto no es solo una frase). Igual que jamás han sido capaces de vislumbrar la llegada de ninguna recesión, tampoco han sabido articular mecanismos válidos para revertir la secuencia de los ciclos económicos. Ya sé que hablo en tercera persona, y esto porque “ellos, los economistas como colectivo”, nunca admitirán esta realidad, por cuestión básica de supervivencia.

La raíz de esta incapacidad secular quizás se encuentre en un excesivo afán de protagonismo que lleva al colectivo a emitir periódicos informes de coyuntura y presentar sesudas estimaciones a corto plazo con el objetivo de captar la atención de los medios. Volvemos a la cuestión de la supervivencia. El caso es que en contadas ocasiones se plantean análisis de perspectiva.

El 11 de Noviembre de 2007, el Ibex35 marcaba su máximo histórico: 15.945 puntos. En esos meses eufóricos de 2007, el Eurostoxx 50 (índice sintético de los mercados bursátiles europeos) alcanzaba la referencia top de los 4.446 puntos mientras el Dow Jones (índice de Wall Street) lograba encaramarse a los 14.164 puntos. Pero tras 2007 llegó 2008 y ahí vivimos el estallido de la burbuja de los activos tóxicos en Estados Unidos, la quiebra de entidades de seguros y, sobre todo, la liquidación de Lehman Brothers, todo lo cual dio paso a una crisis financiera brutal que se contagió a las principales economías del planeta.

Han pasado más de diez años de aquel colapso, el cual puso en entredicho no solo la regulación financiera mundial sino también algunos equilibrios que se entendían consolidados tal como el forjado en torno a la divisa europea. Se cuestionó la supervivencia del euro circunstancia alentada por las políticas restrictivas aplicadas en la Unión Europea y por los programas de intervención multilateral en las economías en posición más delicada. El culmen de este proceso de cuestionamiento se alcanza en junio de 2016 cuando los británicos votan a favor de abandonar la Unión.

¿Qué ocurrió en las bolsas estos últimos once años? Pues Wall Street pronto recuperó la senda del crecimiento hasta el punto de batir marcas históricas con enorme facilidad una y otra vez. Con datos del 11 de octubre pasado, el Dow Jones (precio de cierre 25.052) observaba un incremento respecto a aquel máximo de octubre de 2007 del 77%. Una comparación equivalente para Europa y España arroja los siguientes resultados: el Eurostoxx50 pierde el 29% (3.172 último precio de cierre) y el Ibex35 se deja un 44% (8.902 del 12 de octubre de 2018). Cabe preguntarse si esta inusitada diferencia respecto a Estados Unidos tiene explicación por el comportamiento de las variables económicas; y cabe contestarse que, claramente, no.

La justificación se encuentra en lo que podríamos llamar "el sentimiento” de los mercados. Los inversores, la gente que se juega la pasta, se mueve por sus expectativas en torno a la relación beneficio - riesgo. Y lo que deben percibir es que la economía USA, a pesar de su deuda, y de su déficit comercial, y del pasmo que pueda provocar el inquilino de turno de la Casa Blanca, tiene un modelo que funciona. Sin embargo, no parece confiar en el futuro de Europa, y no le faltan motivos a la vista de los sustos interminables que acontecen en este cansado continente que, a pesar de sus años de historia, no parece haber entendido nada.

Caso aparte merece España, que vive unos años especialmente grises no ya por sus problemas de naturaleza política sino por su incapacidad para articular un modelo económico de progreso y, también, porque parece haber perdido la oportunidad que la Historia le brindó en sus años de vino y rosas. Que los tuvo… @mundiario