El blindaje a las pymes catalanas, la clave que desbloqueó la opa del BBVA sobre el Sabadell
Once meses, cinco propuestas de compromisos y un apagón histórico después, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) dijo sí. La opa del BBVA sobre el Banco Sabadell ha superado el filtro del regulador, pero no sin pagar un peaje: blindar el crédito a las pequeñas y medianas empresas catalanas. No se trata solo de un detalle técnico; es una concesión política con todas las letras, el precio para lograr el consenso y evitar una fractura aún más profunda entre el centro y la periferia.
La operación tenía todos los ingredientes para ser polémica: una opa hostil, tensiones entre el Gobierno central y la Generalitat, y un Sabadell convertido en símbolo financiero de la Cataluña que aún no olvida el desmantelamiento bancario post-procés. Desde el inicio, el empresariado catalán —y con él, una parte sustancial del tejido político autonómico— vio en esta operación una amenaza para la ya precaria pluralidad bancaria en la región.
La clave del desacuerdo fue el tratamiento del crédito a las pymes. El BBVA, en su última oferta, limitaba las garantías a aquellas empresas cuya deuda estuviera íntegramente —100%— en sus libros o en los del Sabadell. Una fórmula que, como bien señalaron desde Cataluña, dejaba fuera a la mayoría de compañías, acostumbradas a trabajar con varias entidades. El consejero Pere Soler, vinculado a Junts, se plantó. Defendió lo que parecía innegociable: una protección más amplia, como pedían las asociaciones empresariales catalanas. A punto estuvo de romper el consenso, incluso con amenaza de voto particular.
Pero la CNMC quería un acuerdo unánime. No podía permitirse una resolución dividida en un asunto tan sensible. La solución llegó con una jugada quirúrgica: una cláusula especial para Cataluña y Baleares. Allí, donde la concentración bancaria sería especialmente intensa tras la opa, se rebajó del 85% al 50% el requisito de exposición de deuda para acceder al blindaje. Fue un gesto hacia el empresariado catalán, que logró ver reflejadas sus demandas, al menos parcialmente, en la letra pequeña del acuerdo.
Las asimetrías del poder
Es verdad que el Sabadell aspiraba a más. Su posición inicial pedía una desinversión parcial del negocio conjunto, algo que el BBVA no estaba dispuesto a conceder bajo ningún concepto. Aun así, lo conseguido no es menor. En una partida marcada por las asimetrías de poder, Cataluña logró introducir una cláusula de excepcionalidad que revaloriza el papel de las comunidades autónomas en decisiones estratégicas nacionales.
Este desenlace también revela el creciente papel político de los órganos reguladores. Lo que parecía una decisión técnica ha sido, en realidad, un juego de equilibrios entre los intereses financieros, la presión política y la necesidad de mantener una imagen de cohesión institucional. La CNMC no solo analizó datos: gestionó sensibilidades y evitó una nueva grieta.
Ahora la pelota pasa al tejado del Gobierno, que tiene la oportunidad —y tal vez la tentación— de endurecer aún más las condiciones o incluso entorpecer la opa desde el Consejo de Ministros. Porque lo que está en juego no es solo una fusión bancaria. Es la percepción de que el poder económico se decide en Madrid pero no puede ignorar lo que pasa en Cataluña. Y esta vez, Cataluña ha hablado claro: sus pymes no son moneda de cambio. @mundiario