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Barcelona no es, ni será, Venecia: ¿congestionan la ciudad los cruceristas?

Desde la llegada al poder de la “nueva política” se habla más sobre la preocupante situación turística de Barcelona, que “podría acabar como Venecia” y se cita a los cruceristas como culpables.

Barcelona no es, ni será, Venecia: ¿congestionan la ciudad los cruceristas?
Un crucero en Barcelona. / Mundiario
Un crucero en Barcelona. / Mundiario

Desde la llegada al poder de la “nueva política” se habla más sobre la preocupante situación turística de Barcelona, que “podría acabar como Venecia” y se cita a los cruceristas como culpables.

 

Recuerdo mi primera visita a Barcelona. Fue el viaje de fin de curso de 8º de EGB, así que calculo que sería sobre 1989, y el presupuesto nos dio para contratar el vuelo Vigo-Barcelona, un hotelito 3* en Calella y algunas excursiones en autobús desde Calella a Barcelona, Rosas y otros lugares turísticos de Cataluña. Hoy en día con aquel presupuesto habríamos podido volar a la otra punta de Europa en una aerolínea low cost subvencionada.

Recuerdo muy vagamente visitar la Sagrada Familia y la decepción al comprobar que aquello estaba a medio hacer y que ni siquiera podíamos subir a una torre, pero lo que más recuerdo sin ninguna duda es la Rambla de Santa Mónica repleta de prostitutas, y asistir atónitos desde la terraza de la cafetería Cosmos al espectáculo de ver salir en bragas a una prostituta de un portal para comprar preservativos en la farmacia de la esquina. Sin duda, algo muy impresionante para una pandilla de pre-adolescentes de “provincias”. 

Era La Rambla un espacio complicado, que las olimpiadas se encargaron de comenzar a barrer y sacar brillo hasta alcanzar un notable esplendor con la llegada del nuevo milenio. Pero de éxito también se muere. Y hace ya años que la degradación de La Rambla resulta alarmante, tanto para el turista, como para el ciudadano local.

Ha vuelto la prostitución callejera, las drogas, y se han instalado nuevos personajes: carteristas, lateros, perrifllauticos y playiflauticos (esos personajes que circulan por la ciudad con zapatillas playeras, bañador y camisetas sin asas), trileros, y paquistanies al cargo de colmados 24h.

Mi dedicación al mundo de los cruceros me ha llevado a visitar la ciudad con frecuencia, y en alguna ocasión he dormido, perdón, he intentado dormir en un hotel con ventana hacia La Rambla. A la fauna ya mencionada, de noche se le unen hordas de jóvenes venidos de toda Europa en aviones low cost, atraídos por las cálidas temperaturas y el “modo de vida mediterráneo”, que permite y promueve largas noches de marcha y alcohol, y convierten La Rambla en el escenario de sus desmanes y gritos que jamás harían en su civilizado país de origen. En la Barceloneta la situación no es mucho mejor, más bien peor, porque el descontrol se produce incluso de día.

 

En el año 2000 Barcelona recibía menos de la mitad de los turistas que tiene ahora

 

Barcelona recibió 7,8 millones de turistas en 2014 que pernoctaron en hotel, siguiendo una progresión ascendente que cada año suma unos 200.000 turistas más. Si tuviésemos cifras de los pisos turísticos ilegales, habría que añadir unos cientos de miles de turistas más a esta cifra a buen seguro. En el año 2000 Barcelona recibía 3,1 millones de turistas así que el ascenso ha sido bastante rápido.

El pasado año, embarcaron en Barcelona 615.000 cruceristas y desembarcaron 607.000. Cuando haces un crucero, embarcas a media mañana o mediodía lo más tardar, así que si has volado esa mañana no te da tiempo a pasearte por La Rambla ni por otro lugar de Barcelona que no sea la Ronda Litoral en taxi de camino al puerto (39€ por cierto). Si has ido un día o dos antes para ver la ciudad, ya estas contabilizado en las estadísticas de turistas que pernoctan en hoteles. Cuando desembarcas, si tu vuelo de vuelta sale tarde, tendrás unas horas para darte un paseo en el mejor de los casos si sabes dónde dejar tus maletas. Así que la mayoría de cruceristas que se pueden ver por La Rambla o por Barcelona en general son los 1,14 millones que están en escala, es decir, su barco llega temprano por la mañana y se va a las 4 o 5 de la tarde.

Entre unos y otros podemos llegar a una cifra de 1,74 millones de cruceristas que realmente pasean su físico por la ciudad.

Desde la llegada al poder de la “nueva política” no paro de leer artículos sobre la preocupante situación turística de Barcelona, que “podría acabar como Venecia” y se cita a los cruceristas como principales culpables, como si fuesen una riada que todo lo inunda y destroza.

Las cifras de cruceristas en Barcelona no han sufrido grandes variaciones desde que en el 2008 se superasen los 2 millones de pasajeros sumando embarques, desembarques y tránsitos, sin embargo la pernoctación hotelera ha pasado de 6,6 millones en 2008 a 7,8 en 2014. Los cruceristas no consumen prostitución (se suele viajar en pareja), no deambulan borrachos por La Rambla de noche (su barco se va a media tarde), ni se alojan en pisos patera ilegales.

 

Barcelona no es Venecia
En efecto, Barcelona no es Venecia. La Venecia turística se concentra en 4 Km2, en realidad en mucho menos, pues todos los cruceristas pasean por el triángulo que forma la plaza de San Marcos con Rialto y el Puente de la Academia. Conociendo la estrechez de las calles de Venecia, normal que muchas estén abarrotadas.
Barcelona tiene amplias avenidas, y su Ciutat Vella ocupa 4,37 Km2, pero su atractivo Paseo de Gracia está fuera de ese distrito, y la Sagrada Familia también, y el Parque Güell y La Pedrera, y el Tibidabo. En fin, que hay mucha más área para explorar en Barcelona que en Venecia, y si tenemos en cuenta que un importante porcentaje de cruceristas contratan una excursión organizada, la dispersión está más que asegurada.
Claro que, al crucerista es más fácil identificarlo, va vestido de corto y en ocasiones en grupo detrás de un guía con el logotipo de la compañía de cruceros. La parejita o grupo de amigos que ha llegado en avión low cost viste de calle y pasa desapercibida, bien podrían ser locales.
Lo que me da miedo es que al crucerista se le identifique con otra cosa, se le califique con los tópicos de antaño, de que los cruceros “son cosa de ricos”, y que se tomen erróneas decisiones políticas en base a prejuicios ideológicos.
Barcelona no tiene un problema de espacio para los cruceristas como Venecia, ni los cruceristas representan una mayoría del turismo en la ciudad, ni son los causantes de las peores molestias del turismo masivo en la ciudad. Espero que alguien se dé cuenta, antes de que el daño esté hecho.