Los bancos: un mal necesario

Banco Santander. / RR SS
Banco Santander. / RR SS.

Si queremos seguir viviendo en una sociedad como la actual, hay males necesarios que aceptamos resignadamente y los bancos son uno de ellos.

Los bancos: un mal necesario

Hay males necesarios que aceptamos resignadamente y los bancos son uno de ellos, lo que provoca la imposición de una determinada forma de prestar el servicio. Veamos algunos casos.

Ahora se lleva la oficina “boutique”: oficina de diseño, máquinas versátiles –ojo, no podrá ingresar ni retirar monedas- que sustituyen al funcionario de ventanilla que facilitaba el cambio diario al comercio y te felicitaba por las ventas del día anterior, por ejemplo.

Te ponen un gestor, al que acabas de conocer, los cambian con inusitada frecuencia para que no se adocenen, y tienes que volver a contarle tu vida. ¡Ah!, como está siempre muy ocupado, o te relacionas con él por correo electrónico o tienes que pedir cita previa  para hablar en la intimidad de un despacho. En espera de tu turno, una azafata muy aparente te acomoda en torno a una de las mesas de espera, que se asemejan mucho a las de un club de jubilados o cafetería moderna, eso sí, sin café.

¡Pero no te quejes!, porque hay entidades en las que tu intimidad les importa un pepino, y mientras le cuentas tus cuitas al funcionario, los que están esperando se enteran de tu vida. Hay otra cosa que nunca he entendido: si suena el teléfono, éste es más importante que el cliente citado previamente.

Oficinas con mucho color corporativo, cada vez en número menor y con menos personal. Se me olvidaban los horarios, poco europeos, en general.

Los traslados de personal, si no te has querido “marchar” de forma voluntaria, se atienen a la norma de  invitarte a que te vayas: si eres de Sevilla te mandan a Oviedo y si de Cuenca, te buscan hueco en Huelva. Esta política de escoba se acompaña de la publicidad de un espectacular  aumento del beneficio. ¿Cómo se cohonestan despidos, calidad de servicio y más beneficio? A mí me parece obscena esta combinación.

Hay quien se queja de las llamadas comisiones de mantenimiento, pero aún hay algo peor: las tarifas de servicios, porque algunos cobran  por hacer ingresos o pedir el extracto de  cuenta.

A final de año llega el mercadillo de los planes de pensiones, con sus “regalos” envenenados si lo trasladas de otra entidad -ojo con las condiciones, que son draconianas-; pero para el cliente fiel no hay bonificación, porque ya está pillado.

Hay algo de lo que se habla poco, en relación con los préstamos hipotecarios. Es frecuente que las gestorías tramitadoras de compraventas e hipotecas, sean impuestas por la entidad financiadora, dada la vinculación entre ambas, cuyas tarifas superan, en muchos casos, los honorarios notariales. Naturalmente el “pagano” es el cliente. Algo similar ocurre con el seguro sobre la propiedad hipotecada. No he visto en los medios de comunicación comentario alguno sobre este particular.

La vinculación de las compañías de tasación de inmuebles con los bancos, tiene repercusiones de las que nunca se ha hablado durante la crisis, pese a las consecuencias de  sus valoraciones, básicas para la ejecución hipotecaria.

Seguro que ustedes añadirán otras peculiaridades, pero no merece la pena perder el tiempo, porque no tiene solución, si queremos seguir viviendo en una sociedad como ésta. @mundiario

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