Avatel confirma la fragilidad del sector y anuncia un nuevo ERE
Avatel Telecom ha vuelto a encender todas las alarmas laborales en el sector de las telecomunicaciones. Apenas un año y medio después de ejecutar un severo expediente de regulación de empleo (ERE) que supuso la salida de 674 trabajadores, el quinto operador de telecomunicaciones en España ha comunicado a la representación legal de la plantilla su intención de iniciar un nuevo procedimiento de despido colectivo. El anuncio, seco y sin cifras concretas, reabre una herida aún reciente y refuerza la sensación de que la crisis de la compañía es más estructural que coyuntural.
La empresa justifica la decisión en la “delicada situación económica” que atraviesa, en un mercado que define como “especialmente complejo y altamente competitivo”. Es una formulación ya conocida en el sector, pero que en el caso de Avatel adquiere un peso distinto: el ajuste llega tras una profunda reordenación interna, un cambio accionarial relevante, una fuerte inyección de capital y la venta de activos estratégicos. Nada de eso ha sido suficiente para estabilizar definitivamente la nave.
La incertidumbre se extiende entre los cerca de 1.800 trabajadores del grupo. Aunque la compañía no ha detallado aún el alcance del nuevo ERE, los sindicatos advierten de que los centros potencialmente afectados suman 1.195 empleados. El periodo de consultas arrancará en las próximas semanas con el objetivo declarado de pactar las condiciones de salida y “garantizar la viabilidad del proyecto empresarial”, una expresión que, para muchos en la plantilla, suena ya a eco lejano.
Un déjà vu laboral que mina la confianza
El recuerdo del proceso vivido en 2024 sigue muy presente. Entonces, Avatel planteó inicialmente un ERE para 849 personas —casi la mitad de la plantilla— que, tras duras negociaciones con UGT, Fetico y CC OO, se redujo a 674 salidas. Aquel acuerdo incluyó indemnizaciones de 33 días por año trabajado, primas por antigüedad y planes de recolocación externa. Fue presentado como un sacrificio necesario para construir una empresa “más delgada y eficiente”.
Que apenas dieciocho meses después se anuncie un nuevo ajuste pone en cuestión aquella promesa. Entre los trabajadores se extiende una mezcla de cansancio, desconfianza y temor: la sensación de que los recortes no son una excepción, sino una fase recurrente de un modelo que no termina de cuadrar.
Crecer demasiado rápido, adelgazar demasiado tarde
La raíz del problema se remonta a la propia historia reciente de Avatel. Su crecimiento se apoyó en una estrategia extremadamente agresiva de adquisiciones: más de 150 operadores locales comprados en pocos años. Esa expansión acelerada permitió ganar cuota y presencia territorial, pero dejó como herencia una estructura sobredimensionada, con duplicidades de puestos, sistemas y marcas.
El ajuste de plantilla era, en ese contexto, casi inevitable. Lo que ahora se cuestiona es si llegó tarde y si fue suficiente. La guerra de precios en las telecomunicaciones, con márgenes cada vez más estrechos, castiga con especial dureza a los operadores que arrastran costes elevados y una deuda significativa.
Nuevo accionariado, mismos fantasmas
El nuevo ERE se produce además en un momento clave de la compañía. A mediados de 2025, Avatel vivió un vuelco en su accionariado: uno de sus fundadores, Víctor Rodríguez, retomó el control a través de Vaiia Kapital, con el 60% del capital, junto al fondo Inveready, que posee el 40% restante. La salida de los otros socios fundadores vino acompañada de una inyección de casi 100 millones de euros y de un ambicioso plan de saneamiento.
Ese plan incluía la venta de activos estratégicos —torres y redes de fibra— por unos 165 millones de euros. Sobre el papel, era la oportunidad para resetear la compañía. En la práctica, los resultados no han sido suficientes para absorber el impacto de años de expansión desordenada.
Parlem y la reordenación territorial
A esta reconfiguración se sumó, en diciembre de 2025, el acuerdo por el que Avatel tomó el 50,01% de Parlem. La operación supuso ceder el negocio en Cataluña, Baleares y parte de la Comunidad Valenciana —incluidas marcas como Fibracat— a cambio de convertirse en el accionista mayoritario de la operadora catalana. Una jugada estratégica para concentrar esfuerzos, pero que también evidencia hasta qué punto Avatel ha tenido que desprenderse de piezas para ganar oxígeno.
El caso de Avatel no es una excepción aislada. Coincide en el tiempo con el ERE voluntario de Telefónica, que prevé la salida de al menos 4.525 empleados y podría alcanzar los 5.500. El sector vive una transformación profunda, marcada por la consolidación, la presión competitiva y la erosión constante de los ingresos. @mundiario